- Diálogo –
-“Pensamientos” –
-[Notas de la Autora] –

 

"Las Cosas Cambian"

por NeKRo_GiRL

Capítulo XX
 
 
Estaba algo resfriado, se reprendió a sí mismo por haber salido mientras llovía. Veía el cielo y la ciudad desde la ventana de su departamento, sentado en el piso, con una taza de té caliente y una cobija que lo resguardaba; se sentía algo mareado, batallaba un poco para respirar y hablaba gangoso. Se puso de pie para ir a abrir la puerta, seguramente Hiro venía a ver cómo seguía. Parpadeó un poco, no, definitivamente no era Hiro. Eiri estaba recargado en el marco de la puerta, con una cara que no era precisamente de felicidad; sin esperar a ser invitado a pasar, se adentró en el departamento, mientras Shuichi cerraba la puerta y volvía a la cocina por otra taza de té. Volvió pasados unos minutos. La respiración del escritor era algo agitada. Se sentó al lado de él y esperó a que dijera algo, cosa que nunca pasó. Se sorprendió que Shuichi no le preguntara nada después de haberlo visto con Ayaka; volteó a verlo, estaba algo pálido, lo que hacía resaltar un poco sus ruborizadas mejillas y su roja nariz, sin contar que su respiración era algo irregular. Tocó su frente. Tenía algo de fiebre. Lo jaló del brazo, conduciéndolo hasta el dormitorio y lo cobijó bien.
 
 
El pelirrosa no tardó mucho en quedarse profundamente dormido. Yuki se acercó sigilosamente, tratando de no hacer ruido, se sentó en el borde de la cama y observó a su pequeño durmiendo. Apartó unos mechones de cabello que caían sobre su frente, delineó suavemente su nariz, luego sus labios. Se detuvo. Detuvo sus dedos en sus labios, ésos labios que le fascinaban, pero que nunca fue capaz de ovacionar o siquiera apreciar; lo lamentaba, lamentaba tanto el haberse olvidado de todo lo que sentía pensando que Shuichi siempre se quedaría a su lado, apretó el cobertor que quedó atrapado en su otra mano. Se acercó lentamente, quedando su rostro justo encima del de su amado, lo observó una vez más en ésa casi nula cercanía y por fin unió sus labios. Shuichi entreabrió sus ojos, sintió una humedad recorrer sus mejillas, cerró sus ojos y se dejó llevar por las sensaciones que ese beso le dejaba; por desgracia tuvieron que separarse, el rubio resguardó su cabeza en el hombro del pequeño, mientras que éste entrelazaba sus dedos con su cabellera.
 
 
El pelirrosa abrió sus ojos, la claridad que entraba por la ventana le lastimaba mucho, así que se cubrió hasta la cabeza con el cobertor, al momento de hacerlo, sintió un cuerpo intruso en la cama, se giró y se encontró de frente con el semblante de Eiri, quien seguía durmiendo profundamente. Acarició su mejilla con su mano, siendo atrapada por la del escritor. Se asustó, pensó que le reclamaría por interrumpir su descanso, pero a diferencia de lo que pensaba, el rubio dirigió la mano a sus labios y le besó con ternura. Se estremeció. Cuando menos acordó, ya tenía a Yuki encima de él, besándole apasionadamente el cuello, dejando pequeños y suaves mordiscos por dónde su boca pasaba; empezó a colar sus manos por debajo de la playera del pelirrosado, a quien se le entrecortó la respiración por lo frías que tenía las manos. Se detuvo un poco, esperando a que su piel se acostumbrara al toque frío, reinició su exploración, le quitó la prenda que tanto le estorbaba y empezó a desabotonarse su propia camisa, besaba los hombros desnudos de Shuichi, escuchando cada pequeño gemido que éste reprimía.
 
 
Estaba a punto de invadir su pantalón, cuando le detuvo, su mirada se desvió a la ventana y le pidió parar. Frunció un poco el entrecejo, pensó que lo estaba haciendo bien, resopló algo molesto, el pelirrosa se ponía de pie, tapándose con un cobertor, más por frío que por pena, excusándose de que no había razones para que éso pasara. Al escuchar éso, se molestó sobre manera. Se paró, lo alcanzó y lo tomó por los brazos de forma violenta, lo aventó contra la cama y se puso a horcajadas sobre él. La mirada que tenía en ése momento, le daba miedo, así que trató de esquivarla volteando hacia otro lado, pero le agarró por el mentón obligándolo a enfrentarse a esa mirada rencorosa. Todavía le tenía tomado por los hombros, o por lo menos de uno, sabía que lo estaba lastimando, soltó su agarré y asaltó la boca del menor. Al principio, se le dificultó que Shuichi se doblegara, sin embargo, logró que el pelirrosa correspondiera. Apartó el cobertor, que impedía que ambos torsos desnudos tuvieran contacto entre sí.
 
 
De nuevo el pelirrosa se resistía. Desesperado por no obtener lo que quería, Yuki se acostó en el otro extremo de la cama y dejó en paz a Shuichi, suspiró exasperado, se tapó y cerró sus ojos. El pelirrosado lo observó con detenimiento, le costó mucho resistirse a todo éso, pero no estaba muy seguro de que su amado novelista no tuviera nada que ver con Ayaka, así como tampoco le constaba lo contrario. Decidido, soltó la cobija que lo apartaba del frío matinal, ahora era él el que se ponía a horcajadas sobre el escritor, haciéndolo abrir los ojos. Se inclinó un poco, lo suficiente como para que pudieran sentir cada uno el aliento del otro; éso le erizó la piel a Yuki, colocó sus manos en la cadera del menor y las acarició con las yemas de los dedos, notando como la piel de Shuichi se erizaba también.
 
 
Antes de dar el siguiente paso, el pelirrosa se detuvo; ahora era él, el que se resguardaba en el hombro de su acompañante, pudo, apenas, susurrar unas palabras, siendo respondidas por un leve movimiento del rubio. Shuichi suspiró aliviado. Era lo único que necesitaba saber. Besó el cuello de su amado, dejando un pequeño camino húmedo hasta llegar a la parte de sus hombros, en los que dejaba suaves y tiernos besos. Deseoso de tomar a quien estaba arriba de él, Eiri invirtió los papeles, colocando bajo él al pelirrosado, quien se veía realmente apetecible con su cabello desordenado, su respiración agitada y sus mejillas al rojo vivo. Intentó avanzar más hacia abajo, cuando una mano lo detuvo.
 
 
-“No otra vez, por favor.” – Pensó.
 
 
El vocalista de Bad Luck se puso de pie lo más rápido que pudo, corrió hacia el baño y devolvió todo lo que contenía su pequeño estómago. El escritor se dio cuenta de ello y salió de la habitación para ver si podía auxiliar al menor en algo, cuando éste cerró la puerta del baño de golpe, sin duda, algo malo pasaba. Se apresuró a ponerse detrás de la puerta, tocó repetidas veces, esperando que el pelirrosa le abriera, sin embargo, nada de éso pasó, siguió tocando y esperando, pero sólo conseguía agotar su paciencia; tomó la perilla, esperando que Shuichi no le hubiera puesto seguro a la puerta y, afortunadamente, así fue, entró despacio, se sintió algo culpable, no debió forzar al pelirrosa a hacer aquello, después de todo, estaba resfriado y debía de cuidarlo, no provocarlo para ir a la cama, bueno, sí debía de estar en cama, pero no en los términos que Yuki deseaba.
 
 
Se acercó al pelirrosa, que enjuagaba insistentemente su cara. Se veía algo pálido y el rubor de sus mejillas no desaparecía, volvió a tocar su frente, esperando que fuera el esfuerzo de haber devuelto la comida, lo que le diera el color a su amado pelirrosado. Se sorprendió, la temperatura había subido mucho más; desesperado por éso, cargó al pelirrosa y lo puso en la tina, abrió el grifo del agua fría y lo dejó ahí mientras ésta se llenaba; se separó de él para buscar toallas limpias, regresó al poco rato, notando que el pelirrosa titiritaba y temblaba notablemente, se acercó de nuevo para tocar su frente. Cerró el grifo cuando la tina estaba casi llena. Se quedó sentado ahí, a lado de él, se regañaba a sí mismo por haber sido tan descuidado, después de todo, desde que llegó notó que su amado estaba algo resfriado. Suspiró sonoramente. Recargó su brazo en la tina para acomodarse mejor en el suelo, cerró sus ojos, para esperar unos minutos más y volver a revisar la temperatura de Shuichi; se sorprendió al sentir un helada y mojada mano aferrarse a la suya, sin duda, el pelirrosado estaba muriéndose de frío ahí dentro, pero necesitaba que se le bajara un poco esa fiebre para estar tranquilo, además, nunca había visto a Shuichi tan enfermo, no era normal en él. Acomodó mejor su cuerpo.
 
 
-¿Saliste cuando llovió? – Preguntó, sabiendo la posible respuesta.
-S-sí. – Dijo apenas. – Pero no fue por mucho tiempo.
-Éso no importa, como quiera enfermaste. – Volvió a tocar su frente.
-Hace mucho frío. – Se quejaba al momento de doblar sus piernas y presionarlas contra su pecho. – Quiero que me saques de aquí.
-Espera un poco más. – Ambos se quedaron en silencio, sin embargo… - ¿Estás… enojado? – Preguntó dudoso.
-N-no… n-no t-tengo raz-zones para est-tarlo. – El frío aumentaba. - ¡Sácame de aquí, por favor!
-Aún no. – Apretó su mano. - ¿Qué pensaste cuando me viste con Ayaka? – El pelirrosa se volvió a él algo sorprendido y le aventó un poco de agua. - ¡Oye!... ¡Está fría!
-Sí, por éso mismo, te digo que me saques de aquí. – Dijo haciendo puchero.
-Sólo si me contestas. – Retomó su lugar.
-Creo que es más que obvio. – Frunció el ceño.
-Sí, supongo… - Se levantó y tomó unas toallas. – Ponte de pie. – El pelirrosa obedeció.
 
 
Lo ayudó a secarse, lo envolvió en una toalla y lo llevó de regreso a la cama, en donde lo arropó. La fiebre se había ido, ahora esperaba que no se muriera de hipotermia por haberlo dejado en el agua fría por tanto tiempo; ahora sólo le quedaba esperar, se sentó en la cama y se recargó en la cabecera, poniendo la mayor parte de su espalda contra la pared. No sabía si insistir con el asunto, realmente, no deseaba que Shuichi se enojara por estarlo hostigando con un tema que, estaba totalmente seguro, no le agrada ni un poco; acarició la cabellera rosada hasta notar que caía víctima del sueño, se puso de pie y verificó que su amado estuviera bien arropado, después, se marchó.
 
 
Había amanecido de nueva cuenta. Los rayos se colaron por la ventana, pero éso no fue suficiente para despertarlo, todo indicaba que seguiría durmiendo como una roca, hasta que sonó el teléfono. Estiró su mano hasta la mesa de noche, donde, torpemente, logró descolgar el teléfono y contestar; abrió sus ojos de golpe, toda la pereza que sentía se esfumó, haciéndolo olvidar reclamar por interrumpir sus sueños; el teléfono resbaló de su mano, chocando contra el piso. No, no podía ser. Se había olvidado totalmente de él. Tocó a un lado de la cama, esperando que su amado rubio estuviera ahí, sin embargo, el espacio estaba vacío; se tapó hasta la cabeza, esperando que Yuki no hubiera olvidado ponerle candado a la puerta antes de salir. Unos pasos dentro del departamento, confirmaron su temor; se refugió del lado contrario a la puerta, esperando que la cama fuera suficientemente segura y grande para esconder su silueta. Los pasos se acercaron más y más, hasta que tocaron a la puerta preguntando por él.
 
 
-¿Shuichi? – Era Hiro. – Shuichi… ¿Estás aquí? – Recibió un almohadazo.
-¡Tonto! – Decía saliendo de su escondite. – ¡Me asustaste! Sentí que se me salía el corazón por la garganta. – Se acomodó en la cama.
-Lo siento, no era mi intención. Es que llevaba horas tocando y nada. – Se excusaba. – ¿Por qué no salías?
-Estaba dormido. – Aclaró con una sonrisa. - Me despertó el teléfono, pero no quise salir porque pensé que era Sakuma-san…
-Está bien, no te preocupes. – Dijo tratando de reanimar a su amigo. – Me dijeron que estás resfriado.
-Sí, pero ya estoy mejor. – Sonrió de nuevo.
 
 
Fueron a la cocina, prepararon algo ligero, se sentaron a la mesa y empezaron a comer al tiempo que platicaban plácidamente. Empezaba a pasarse el mediodía, tomó sus cosas y salió del departamento del pelirrosa; había quedado de verse con Daisuke y Suguru para arreglar unas canciones que acababan de escribir, le explicó a Shuichi que volvería en la noche para ver cómo estaba, pero su amigo se negó, diciéndole que no se preocupara. Salió de ahí sin mucho problema. Alguien estaba al tanto de lo que hacía el pelirrosa, así que, aprovechando que el moreno salía del ahí, entró al edificio tratando de pasar desapercibido y lográndolo. Tocó a la puerta. El pelirrosado abrió, pensando que se trataba de su amigo que había olvidado algo, pero se paralizó al darse cuenta que se trataba de Ryuichi; trató de cerrar la puerta, sin embargo, el moreno era más fuerte que él, empujándolo al suelo cuando por fin pudo abrir completamente la puerta. Cerró tras de sí. El pelirrosa no tardó en ponerse de pie y tratar de refugiarse en el primer lugar que su mente le ordenara.
 
 
Sakuma alcanzó a agarrarlo de un brazo, lo jaló hacia sí y lo abrazó con fuerza, esperando a que el pequeño se tranquilizara. Shuichi se dejó caer de rodillas al suelo, llevándose consigo al moreno, quien le besaba y mordisqueaba una de sus orejas. Se dio la vuelta y golpeó la mejilla de su acosador. Aprovechando la distracción que había causado, corrió a la puerta, deseando con todas sus fuerzas poder abrirla antes de que su ex-ídolo le atrapara; lo logró, ahora sólo quedaba correr hacia un lugar seguro, no se le ocurrió otro que el departamento de Hiro, olvidando que él no estaría ahí en ésos momentos. Pudo bajar del edificio sano y salvo, se preguntaba cómo lograba estar vivo después de bajar las escaleras corriendo; emprendió la nueva carrera sin fijarse si Ryuichi venía atrás de él.

 


"Las cosas cambian" es propiedad de NeKRo_GiRL presentado por Yersi Fanel

~* Yersi-Nirvana*~