"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI"

por Anië 

Capítulo 4: Camino a Rivendel

 

     Luego del almuerzo, Elrond y Galadriel anunciaron a todos que debían partir esa misma tarde hacia Rivendel, lugar en el que se realizaría la ceremonia oficial donde Anië sería presentada ante todos los Elfos como debía ser. Todos muy emocionados fueron a sus cuartos a armar sus equipajes y a prepararse para partir.

     Mientras preparaba todo Anië sintió en su corazón una sensación muy extraña, era como si algo le dijera que no volvería a ver los bosques de Lórien y tuvo la necesidad de terminar con todo muy velozmente para tener tiempo de ir a despedirse del lugar que había sido su hogar por muchos años. Con el equipaje listo, se cambió, se puso ropas de viaje en tonos verdosos, y salió corriendo rumbo al bosque, rumbo hacia el lugar en donde se había encontrado con Legolas por primera vez.

     Al llegar al lugar, enorme fue su sorpresa cuando encontró al príncipe del bosque negro justo allí. Él al escuchar los pasos que se acercaban dirigió su mirada hacia el lugar de donde venían esos pasos y una sonrisa se dibujó en su rostro al ver que era Anië quien se le aproximaba.

     -¿Tú aquí?-, le preguntó ella.

     -Ná[1]-, respondió él.

     -Necesitaba salir a caminar un poco para despejar mis pensamientos y terminé aquí sin darme cuenta, como me sucedió esta mañana  -agregó Légolas-, ¿Tú?-.

     -Bien -hizo una pausa-, estaba terminando de preparar mis cosas cuando tuve la extraña necesidad de venir a despedirme de este lugar, de estos árboles que han sido mi refugio durante tantos años. Es tan extraño!!!, pero en fin aquí me tienes, parece que el destino está empeñado en cruzar nuestros caminos-, dijo ella.

     -Así parece Anië-.

     En ese momento sus miradas se quedaron fijas, cada una posada en los ojos del otro y ambos sintieron en ese instante latir sus corazones con más intensidad, como si quisieran salirse de sus pechos. Légolas se acercó un poco más y Anië sintió que su respiración parecía detenerse y que mil mariposas revoloteaban en su estómago.

     Justo cuando estaban muy cerca uno del otro Anië escuchó el piar de un pajarillo angustiado y corrió en su ayuda, Légolas salió tras ella como escoltándola. Al llegar al lugar notaron que en el suelo, entre unas doradas hojas que yacían junto a las raíces de un bellísimo Mallorn, estaba un pichón que se había caído de su nido.

     Anië volteó su mirada hacia Legolas y le pidió que la ayudara a poner el pichoncito de bellas plumas, plumoncito en realidad, color manteca otra vez en el nido, entonces lo tomó en sus manos y con la cooperación del príncipe subió al árbol hasta alcanzar el nido y depositar en él a tan indefenso animalito. Una vez que el pichón estuvo en su lugar ella comenzó con mucho cuidado a descender del Mallorn ante la mirada cautelosa del elfo, quien estaba atento a que nada malo le sucediera.

     Estaba terminando de bajar del árbol cuando resbaló y cayó, en ese instante la agilidad de Legolas le permitió ser tan rápido y hábil que atrapó a Anië en sus brazos tan fuerte como pudo. Quedaron cara a cara fuertemente abrazados, ella para no caer y él para evitar su caída, tan cerca estaban que cada uno respiraba el aliento del otro y mudos se quedaron perdidos en sus miradas; ambos sentían sus corazones latir cada vez más rápido y que sus respiraciones se agitaban, cada segundo que pasaba acercaba aún más sus rostros de manera inevitable.

     Ella temblaba en sus brazos, él no dejaba de admirarla y ambos sintieron que sus corazones estarían unidos para siempre. Cada vez sus rostros estaban más y más cerca y no podían resistir las ganas de posar cada uno sus labios en los labios del otro, justo en el momento exacto en que iban a besarse muchas voces llamándoles los hicieron alejarse súbitamente con sus rostros enrojecidos.

     -Debemos irnos-, dijo Anië aún temblando y sin poder dejar de perderse en la mirada de Legolas.

     -Si nos deben estar esperando para partir, ya es la hora-, enfatizó él, sin dejar de perderse en esa mirada color almendra que lo había cautivado desde el primer segundo en que se cruzaron.

     Así, juntos volvieron al palacio lo más pronto posible. Al llegar todos los estaban esperando ya listos para partir montados en sus caballos, entonces tan rápido como pudieron  fueron por sus equipajes que ya estaban listos en sus cuartos y volvieron donde el resto para montar sus caballos también.

     El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte y un cielo con hermosas nubes rosadas era testigo de su marcha. Al frente de la caravana iban Gandalf montando a Sombra gris y Elrond, seguían Galadriel y Celeborn, Anië y Legolas y tras ellos Arwen y Aragorn, quien montaba un hermoso caballo blanco; detrás de la caravana principal venían otros elfos, quienes transportaban todas las otras cosas que eran necesarias para realizar la ceremonia en Rivendel y para el camino, como víveres y tiendas de campaña, además de algunas armas como espadas y equipos de arco y flecha que por precaución viajaban escondidas.

     Durante el viaje, Anië y Legolas intercambiaron más de una mirada y una sonrisa, tímidas todas ellas pues querían evitar las miradas de los acompañantes para no tener que dar alguna explicación luego pero pese a sus intentos para que nadie advirtiera que algo estaba pasando entre ellos, la vista de alguien si captó que algo sucedía, es más, se había dado cuenta de que tal vez entre ellos podría estar pasando algo desde que almorzaron en Lórien y observó como se miraban cada tanto en la mesa.

     Cuando ya la luna brillaba bien en lo alto y los alumbraba junto a la luz de las miles de plateadas estrellas que titilaban en el cielo la caravana hizo un alto para descansar un poco y para comer y beber algo en un valle justo a mitad de camino. En ese momento de descanso Arwen se acercó a Aragorn y le susurró algo al oído, entonces él se quedó mirándola y se puso de pie; juntos se apartaron del grupo y se quedaron conversando a un lado de donde se encontraban los caballos pastando.

     -No sé si lo habrás notado pero creo que pasa algo entre Legolas y Anië-, dijo Arwen con una especie de sonrisa en su rostro.

     -¿Tú crees?, no sé-, dijo Aragorn.

     -Sí, lo siento en mi corazón, además los he estado observando desde el almuerzo y se miran de una manera muy especial-, dijo Arwen.

     -¿Legolas y Anië?, tal vez sólo te pareció-, dijo Aragorn.

     -No, estoy muy segura, mi corazón me dice que el destino los ha unido y que sus corazones anhelan estar juntos para siempre-, afirmó ahora Arwen.

     -Pues, le verdad no sé que pensar, trataré de ver eso que tu dices, pero estoy tranquilo porque de ser así, sé que Anië está en buenas manos-, enfatizó Aragorn.

     -Sí, mi padre pensará lo mismo, estoy segura y se podrá muy feliz. Además hacen una bella pareja-, sugirió ella.

     -Si, es cierto. Pero mejor será que volvamos antes de que piensen que estamos ocultando algo-, dijo Aragorn.

     -Está bien-, dijo ella.

     Otra vez junto al grupo, Aragorn trató de observar cautelosamente lo que Arwen  le había comentado y para su satisfacción se dio cuenta que su esposa estaba en lo cierto, Anië y Legolas se miraban con una ternura inusual y le hacían recordar a sus viejos tiempos cuando recién empezaba a vivir su historia de amor junto a la hija de Elrond. Después de haber comido y bebido, teniendo en cuenta que faltaba poco para que amaneciera decidieron que lo mejor era seguir descansando hasta el alba y retomar entonces el camino a Rivendel.

     El alba estaba asomando en el horizonte cuando ya todos habían despertado y se disponían a montar sus caballos para seguir la marcha, la caravana siguió como antes, todos marchando en el mismo orden, solo que ahora Aragorn y Arwen iban muy atentos a lo que pasaba con Anië y Legolas. Se acercaba la hora del desayuno cuando ingresaron a las tierras de Rivendel y en los corazones de todos se instaló una sensación de felicidad y paz,  como hace tiempo no recordaban vivir, después de tanto tiempo de infortunio como lo fue la guerra contra Sauron. Ya lejos habían quedado esos malos recuerdos y todos se disponían a preparar una ceremonia más que especial y que a todos llenaría de regocijo.

 

 

     Bueno, acá después de tanto tiempo he regresado!, en  primer lugar quiero pedir disculpas a todos aquellos que depositaron su confianza en mí y se toman el tiempo de leer este fic, gracias a todos ustedes por los mensajes que me enviaron a mi mail, si durante un tiempo no lo tuve en línea fue porque  con esta historia participé de un concurso y no podía estar en internet mientras daban los resultados, ahora que ya la tormenta pasó, bueno..., acá vamos de nuevo.

     Pido disculpas también porque, para presentarlo en el concurso, le hice lagunas modificaciones, es decir lo re-edité, no intenten matarme por hacerles leer todo de nuevo, les juro que quedó re lindo y si me matan, quien les seguirá escribiendo la historia?, jajajaj!.

     Ninde: Gracias por tu mensaje, no era falta de ánimo, de hecho esta historia está terminada pero la iré publicando de nuevo lo más rápido que pueda, pues se trata de la primera parte, hay una segunda ya en marcha, espero que les guste!. Qué bueno que te guste mi historia!.

     Lainiel: Qué te puedo decir a vos?, sos una de mis fans y lectoras más persistentes y te agradezco que estés siempre, incluso para tirarme de las orejas.

 

    A todos, gracias y nos leemos!.


 

[1] Sí, en Quenya.

 

 


"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI" es propiedad de Anië  presentado por Yersi F

~* Yersi-Nirvana*~