"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI"

por Anië 

Capitulo 6: El Sueño

 

     Con un sudor frío que corría por su frente y con el pulso totalmente acelerado despertó esa mañana, apenas cinco minutos antes de que sonara la alarma de su reloj despertador y con una extraña sensación de angustia por lo que había soñado y que no podía recordar en ese instante.

     Como todas las mañanas, se levantó, fue al baño y tomó una ducha, luego se cambió y como habitualmente lo hace se fue al trabajo. Camino a la escuela donde dictaba clases de literatura recordó parte de lo que había soñado y un extraño dolor en su pecho le cortó por unos segundos la respiración.

     Mientras daba clase a un grupo de adolescentes decidió que lo mejor sería ir a su psicólogo con el fin de ver si podía calmar esa gran ansiedad e inquietud que la habían tomado presa desde que despertó esa mañana sobresaltada. Al salir del colegio llamó a su terapeuta y arregló una sesión para esa misma tarde.

     Llegó a su casa cerca de las tres de la tarde y junto al teléfono encontró una nota que decía:

          “Hija, los niños están conmigo en casa, tenían ganas de ir a la plaza y como nos queda cerca nos iremos para allá. Besos, Mamá”.

     Fue a su cuarto, guardó las cosas del colegio, se cambió y buscó a Cleo, su más fiel amiga y asistente. Cleo y ella se conocían desde pequeñas, y ya siendo adultas decidieron comprar una propiedad lo suficientemente grande como para vivir en ella y poner a funcionar en la misma una especie de posada familiar, donde respirar aire puro, alejada de la gran y alocada ciudad y donde poder encontrar un poco de paz.

     Ambas eran fanáticas de las historias de Tolkien, de las aventuras de Frodo y los Elfos y la posada estaba decorada con una mezcla de estilos hobbits y élficos, aunque predominaban los élficos debido a que la dueña de la posada era ella junto a su marido y Cleo era la encargada de que todo funcionara bien, mientras que ella daba sus clases de literatura. Si bien la posada no dejaba grandes ganancias, apenas alzanzaba para pagar las cuotas del crédito que tuvieron que sacar para comprar la propiedad, por lo menos funcionaba de manera tal que siempre había huéspedes que necesitaran alejarse del ruido y la contaminación.

     Al entrar a la cocina se encontró con Cleo tomando la merienda y la saludó. Se sirvió un café con leche y unas tres galletitas de chocolate, mientras merendaban le explicó que tenía que salir nuevamente para asistir a una sesión con su psicólogo, y que esperaba volver temprano para ir a buscar a sus hijos a la casa de su madre y preparar con tiempo la cena.

     Con el café a medio tomar miró su reloj y exclamó:

     -¡Ya las 16.15!, ¡lo tarde que es!, me voy ya o de otro modo llegaré tarde a la sesión, Cleo, tengo que pedirte un enorme favor, si para las 18 no te llamé te ruego vayas tu a buscar a los niños a la casa de mi mamá-, dijo Abi.

     -Quédate tranquila, va a estar todo bien y si no me llamaste para esa hora los iré a buscar, haz lo que tengas que hacer, pero luego no escaparás a contarme que es lo que te tiene así, ¿ok?-, dijo Cleo.

     -¡Ok!, hasta luego-.

     -Hasta luego-.

     Salió tan veloz como pudo para llegar a tiempo a la sesión y llegó a la sesión cuando apenas había pasado un minuto de las cinco de la tarde, la sesión era a las 5 en punto, tocó el timbre y su terapeuta le abrió.

     -¿Cómo estás?-, le preguntó al tiempo que la miraba con algo de preocupación.

     -La verdad no lo sé, son esos sueños, se repiten una y otra vez. Son tan reales y me dejan una sensación de angustia tan grande-.

     -Tranquila, no te apures, vamos a ir paso por paso. Primero por favor toma asiento, pues creo es más cómodo conversar mientras se está sentado, ¿no es cierto?-, y logró arrancarle una sonrisa de su rostro.

     -Si, totalmente-, asintió ella y tomó asiento en un cómodo sillón de un cuerpo con el que el doctor contaba para que sus pacientes se sintieran confortables y a gusto.

     -En primer lugar quisiera saber qué es lo que tanto te inquieta de estos sueños, digamos que ya sabemos que muchas veces son representaciones de cosas que desearíamos que ocurrieran o que reprimimos concientemente y que nuestro inconsciente nos hace vivir en sueños-, dijo el terapeuta.

     -Lo sé, pero es que son tan reales-, dijo ella.

     -Si, muchas veces tenemos sueños que parecen reales, que los vivimos como tales, pero necesito algún dato más como para poder tratar de ayudarte con la angustian que te ocasionan, me entiendes Abi[1]?-, sugirió el terapeuta.

     -Sucede que hace un par de semanas empecé a tener estos sueños, primero pensé que eran por el mismo hecho de lidiar con el proyecto que tenemos Cleo y yo, usted sabe que dirigimos una posada ambientada al estilo Tolkien y que muchos fanáticos de sus textos visitan a veces, sólo para probar nuestra receta de las Lembas, por ejemplo-, hizo una pausa y se quedó pensativa.

    -Si, ¿y?, continúa por favor-.

     -En fin, me sueño en un bosque, caminando entre sus árboles y vestida con ropas élficas, al menos eso parece, y de pronto aparece en mis sueños un elfo de muy bellos rasgos con el que camino de la mano. Luego, no recuerdo exactamente que pasa pero del bosque es como si saltara la imagen y aparezco en una especie de fiesta de la que me salgo como si me sintiera ahogada por la presencia de los otros que allí se encontraban y me quedo tomando aire en una especie de balcón; en ese instante aparece el mismo elfo con el que caminaba por los bosques y nos quedamos mirándonos fijamente a los ojos, cada uno perdido en la mirada del otro, estamos como hablando pero no logro escuchar o discernir qué es lo que hablamos pues todo es como estar viendo una película muda pero a color, y es en ese momento en que nos estamos mirando fijamente y en el que él me tiene tomada de la mano, en el que pareciera no podemos evitar el deseo de querer besarnos, y nos besamos, ¡tan real es todo!. Es ahí donde me despierto totalmente consternada-, explicó ella.

     -¡Uff!-, exclamó el doctor y continuó, -pueden ser muchas cosas, puede ser que lo vivas de esa manera tal vez por ser tan fanática de los textos de Tolkien y de lo que ellos  representan en sí mismos, lo que hay que  tratar de descifrar aquí es que quiere significarte ese sueño. Quizá te recuerde a algún antiguo novio de tu adolescencia, a tu primer novio o al muchacho que te besó por primera vez, sabes bien que esas son cosas que a muchas mujeres las marcan de por vida y por alguna razón en algún momento esos recuerdos vuelven a su presente-. 

     -No, disculpe pero no creo que sea este el caso, pues ni el chico que me besó por primera vez, ni primer amor tenían semejante especto físico, jamás en toda mi vida había visto a alguien así-.

     -Entonces debe ser alguna representación de tu imaginación relacionada a las tareas que desempeñas en la posada y a tu fanatismo por la obra de Tolkien, quizás tenga relación con esa sensación de identificación en algún punto con la forma de vida y la filosofía de los elfos que tienes y experimentas eso en sueños-.

     -Si, puede ser. Pero no entiendo por qué me inquietan tanto-.

     -Lo mejor sería, en mi opinión, que no trataras de entender esos sueños, tal vez quieres encontrarles un por qué y el no poder hacerlo, pues porque sencillamente no hay un motivo concreto por el cual los tienes, es lo que te genera esa ansiedad e inquietud constante-.

     -Si, probablemente, siempre estoy tratando de encontrarle una razón a las cosas, de entender cada cosa que sucede en este mundo-.

     -Y simplemente hay cosas que nunca tendrán una explicación, pasan o pasaron porque tenían que pasar y simplemente tenemos que adaptarnos a eso, a algunos les cuesta más que a otros pero es parte de vivir-.

     -Si, solo que mi duda con respecto a ese sueño tan real y que se repite una y otra vez reside en el hecho de que usted sabe que soy tarotista, digo en parte como hobby y en parte porque lo heredé de mi abuela materna, y que creo en que podemos vivenciar en sueños experiencias de otras vidas-.     

     -Si, probablemente, pero una cosa es que me digas que lo relacionas con alguna época de

la historia que si conocemos y otra con una historia que es producto de la imaginación-.

     -Puede ser, tal vez lo mejor será no darle más vueltas al asunto-.

     -Exacto, sería lo ideal, cualquier cosa toma una taza de tilo media hora antes de ir a dormir, te ayudará a dormir más relajada y quizá ni siquiera sueñes-.

     -Muchas gracias-.

     -De nada, espero haber podido ayudarte en algo-.

     -Con escucharme suficiente, la verdad es que necesitaba hablar con alguien que no fuera a tratarme como si estuviera perdiendo la razón-.

     -Por favor, cualquier cosa sabes que puedes llamarme a la hora que sea, si?-.

     -Sí, gracias de nuevo. Hasta pronto-.

     Salió del consultorio, ya era tarde, estaba ya anocheciendo y miró su reloj. Eran las 18.19 horas y salió corriendo para ir a hacer la cena pues los niños seguro ya estarían en casa según lo que había arreglado con Cleo.

     Al llegar y  abrir la puerta los niños corrieron donde ella y la abrazaron tan fuerte como pudieron y con mucha alegría, les devolvió un abrazo igual de fuerte y afectuoso y los acompañó hasta la sala en donde quedaron viendo la televisión. Revisó que todo estuviera en orden y encontró que en el libro de huéspedes habían tres personas registradas, luego fue a la cocina para preparar la cena.

     Cleo al verla llegar corrió a su encuentro a contarle las buenas nuevas y se encontró con que Abi ya había recibido la buena noticia de que contaban con tres nuevos huéspedes.

     -¿Qué, ya los viste?-, preguntó Cleo.

     -Aún no, sé que están porque leí el libro de registro de huéspedes-.

     -Son algo extraños-.

     -Dime Cleo, quién de alguno de nuestros huéspedes no fue raro, de hecho nosotras somos algo raras. Después de todo no cualquiera tiene una posada al estilo obra de Tolkien, y hablo en todo el sentido que ello implica-.

     -Si, Abi, eso lo sé, pero estos llegaron los tres con capas con capucha, sólo uno de ellos se la quitó para hablarme y pedirme que los registrara, los otros dos permanecieron detrás, en silencio y con las cabezas inclinadas hacia abajo, apenas si se les veía el mentón. Una vez registrados se encerraron en sus cuartos y no salieron para nada, es como si no estuvieran-.

     -Pues los tendremos vigilados si te deja más tranquila. ¿Llegó Nano?-, preguntó Abi.

     -No, llamó que estaba retrasado buscando los repuestos para el arreglo del cuarto de enceres del fondo, tiene que estar por llegar-.

     -Bien, cuando llegue le diremos que se encargue de mantenerlos vigilados, sin acosarlos por supuesto, pues no creo estén sospechados de algún crimen y no vamos  ocasionarles molestias innecesarias-.

     -Ok, igual me parecen más que extraños-.

     -Esteban, ¿llegó?-, preguntó ahora Abi.

     -Todavía no, pero siempre llega alrededor de las 21.30, recién son las 20.43-.

     -Si tienes razón, no había reparado en la hora que era. ¿Podrías controlar tú la cena mientras voy a acomodar unas cosas en la biblioteca?-, preguntó Abi.

     -Seguro-.

     Agradeciendo a Cleo se quedara cuidando la comida para que no se quemara se fue a la biblioteca a poner en orden unos libros que necesitaba para  preparar su próxima clase de literatura. Mientras estaba subida a una silla buscando unos libros en uno de los estantes más altos de la biblioteca, no advirtió que alguien había entrado y la estaba observando con total discreción, resbaló y cayó.

     En ese instante, unos brazos la atraparon en el aire e impidieron el golpe de la caída;  el corazón le latía con más rapidez producto del susto y quien la había atajado la ayudó a ponerse de pie, levantó su mirada para darle las gracias y se quedó atónita por lo que sus ojos veían. Sintió que su respiración se detenía ante su presencia, era como un dejavú, aunque no comprendía el por qué.

     -¿Se encuentra bien?, ¿no se hizo daño verdad?-, preguntó él.

     -No, digo... sí, quiero decir que me encuentro bien y no me he hecho daño. Muchas gracias-, respondió Abi sintiendo que las piernas aún le temblaban.

     -Cuánto me alegro entonces. Debería tener un poco más de cuidado, no siempre puede haber alguien cerca para auxiliarla-.

     -Lo sé, y gracias de nuevo-, dijo Abi tratando de recordar donde había visto esa mirada, esa profunda mirada de ojos azules.

     -Bien, creo que el libro que busco no está. Buenas noches-, dijo él dirigiéndose a la puerta.

     -Un momento!!!, aún no sé su nombre-.

     -¿Mi nombre? -dudó por un instante y dijo-, me llamo Leo y... ¿usted?-.

     -Abi-.

     -Buenas noches entonces, Abi-.

     -¿Es que no va a cenar Leo?-.

     -No, gracias, estoy algo cansado por el viaje y prefiero irme ya a dormir-.

     -Está bien, buenas noches entonces-.

     Ella se quedó pensativa mientras él se retiró en silencio, y mientras iba hacia la cocina para ir a servir la cena trato de recordar dónde había visto esos ojos. Estaban todos sentados a la mesa para cenar, Cleo, Nano, sus niños, Ailén y Uriel, Esteban, su esposo, y ella, los únicos que faltaban eran los tres nuevos huéspedes, de los cuales a uno ya había tenido el placer de conocer.

     Estaban todos comiendo el postre y ella seguía tratando de hacer memoria, sabía que en algún lugar había visto esa mirada, pero... ¿dónde?; de pronto sus dudas se aclararon y exclamo para ella misma en su mente:

     -¡No puede ser!, ¡es él!-.


 

[1] Abi, diminutivo de Abigail.

 

 


"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI" es propiedad de Anië  presentado por Yersi F

~* Yersi-Nirvana*~