"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI"

por Anië 

Capítulo 15: Un recuerdo que vuelve.

 

     Ya habían pasado dos semanas desde la muerte de Tasha y todos mantenían aún sus rostros tristes, muy de vez en cuando alguna pequeña sonrisa se les dibujaba en sus rostros pero aún así no podían evitar que sus corazones sintieran nostalgia por los momentos vividos con la amiga que se fue.

     Pese a haber recuperado su memoria, y sus recuerdos, había una parte de ellos que Anië no había podido aún recuperar, sabía que Saruman la había capturado, que la torturó hasta el cansancio mientras la mantuvo cautiva y que había logrado escapar en un descuido del ruin mago, pero aunque se esforzaba denodadamente había un hueco en esa parte de la historia que todavía quedaba sin llenar.

     -¿En qué estás pensando?-, preguntó Legolas que la sorprendió caminando por los jardines de la posaba algo cabizbaja y meditabunda.

     -¡Si supieras!, en tantas cosas pienso, que a veces me siento aturdida-, respondió ella.

     -¿Puedo ayudarte?-, preguntó entonces Legolas.

     -No lo sé, hay una parte de la historia que no logro recuperar, es como si esa página del libro de mi vida estuviera en blanco, o lo que es peor aún, sé que está escrita pero es como si algo o alguien la hubiera arrancado-, respondió ella.

     -¿Qué es lo que no puedes recordar?-, preguntó él.

     -El día en que nos perdimos uno al otro-, respondió ella.

     -Ojalá en eso pudiera ayudarte, pero ni yo sé bien qué es lo que sucedió ese día-, dijo e´l con su mirada triste.

     -¿Qué es lo que tú recuerdas de ese día?-, preguntó la elfa.

     -Me siento culpable de alguna forma por tu desaparición, eso es lo primero que quiero que sepas...-, Anië lo interrumpió.

     -¿Culpable dices?, ¿pero por qué?-, preguntó ella.

     -Ese día debíamos partir ambos rumbo a Imladris, hacía unas semanas que estábamos en Lórien pues nos quedamos a pasar unos días ahí luego de la ceremonia de nuestro compromiso, que fue celebrada allí mismo-, explicó él.

     -¿A Imladris?-, preguntó ella.

     -Si, debíamos ir para que se realizara allí la ceremonia de nuestra boda, Anië, tu desapareciste el día en que íbamos a casarnos. Esa mañana desayunamos juntos, fuimos a alistar nuestros caballos y cuando estábamos por partir llegó uno de los elfos del Bosque Negro porque habían detectado una presencia extraña en los alrededores del reino, parecía ser muy urgente y entonces te pedí que me esperaras, pues regresaría casi cerca del medio día y aún así llegaríamos a tiempo a Imladris.

     Me dijiste que no hacía falta y que  igual partirías rumbo a Imladris escoltada por uno de los centinelas del ejército de Haldir, que dejara de preocuparme tanto por ti y que fuera a resolver los problemas de nuestra gente. Algo me decía que las cosas no estaban bien pero, ¿qué podía salir mal?, me hice esa pregunta mil veces, mi corazón dudaba pero después de todo estábamos viviendo tiempos de paz y aunque la noticia sobre la presencia extraña cerca del reino parecía rara, tal vez se trataba de alguno que otro rebelde que había quedado y nada más.

     Entonces, te hice caso y partí tan veloz como pude para regresar a tiempo y ver si podía alcanzarte en el camino, cuando llegué al reino me informaron que finalmente se había tratado de un grupo de orcos que no se sabe de donde habían salido pero que probablemente se habían mantenido ocultos en las montañas cercanas luego del fin de la guerra y que habrían salido en busca de comida, que en el enfrentamiento entre ellos y las fuerzas protectoras del reino habían muerto todos y que no tenía ya de que preocuparme pues la situación ya estaba controlada. Al enterarme de esto salí tan rápido como pude para alcanzarte, hice todo el camino que ustedes se suponía recorrerían pero no los encontré y continué hasta Imladris; al llegar pregunté por ti y me dijeron que no sabían nada, que aún no habían llegado y entonces, salimos a buscarlos con Aragorn, Elrond, Gandalf y Gimli, pero no había rastros de ustedes por ningún lado.

     Buscamos toda la noche de manera incansable y cuando comenzaba a amanecer encontramos a los caballos completamente destrozados y el cuerpo sin vida del centinela tras unos arbustos, seguimos buscando pero jamás te encontramos, nunca imaginamos que Saruman era quién estaba detrás de tu desaparición-.

     Mientras Legolas le contaba todo esto a Anië, ella permanecía en silencio y con los ojos empapados por sus lágrimas, sentía que dentro de su corazón un dolor desgarrador se hacía cada vez más intenso y le entrecortaba la respiración.

     -¿Te encuentras bien?-, le preguntó él a su amada.

     -Si, eso creo. Sólo que no puedo imaginarme el dolor que habrás sentido en ese momento-, dijo ella.

     -La verdad, es que tuve tantos deseos de morir, que durante mucho tiempo permanecí encerrado en mi habitación de la estancia de mi padre en el Bosque Negro, sin ganas de ver a nadie, sólo me dedicaba a estar echado en la cama contemplando cada una de tus pertenencias-, al decir esto los ojos azules del príncipe se humedecieron.

     -¡Cuánto has sufrido por mi causa!, no sé si me lo merezca-, dijo con un nudo en su garganta ella.

     -¿Si te no lo mereces, dices?, por ti daría hasta mi vida, y aunque ahora no podamos estar juntos como lo soñamos, verte junto a mi ahora y saber  que no es un sueño, me reconforta de manera tal que siento que soy capaz de esperate mil vidas más para poder estar contigo-, dijo él.

     En ese momento él la tomo de la mano y ambos se quedaron viéndose fijamente a los ojos, sus corazones comenzaron a latir con más intensidad y les resultaba imposible evitar las ganas de querer besarse. Sus rostros comenzaron a acercarse y justo cuando sus labios estaban por rozarse una voz los alertó-.

     -¡Abi!, ¿dónde estás?, ¿estás por ahí?-, la llamaba Cleo.

     Sus manos se soltaron súbitamente y se apartaron levemente uno del otro.

     -Cleo, ¡aquí estoy!, tras la retama[1] -, dijo la elfa.

     Cleo llegó hasta ellos y les avisó que la cena pronto estaría lista y como había empezado ya a anochecer los tres regresaron a la posada. Cleo volvió a terminar con la cena y Anië y Legolas se fueron a la biblioteca para continuar con la charla que habían comenzado en el jardín.

     -Legolas -dijo ella-, yo no sé qué decirte, la verdad es que me da mucha vergüenza contigo toda esta situación-.

     -¿Qué situación? –interrumpió él-, no entiendo que quieres decirme-.

     -Pues, la última vez que nos vimos estábamos por casarnos y ahora en nuestro reencuentro ni siquiera podemos vivir nuestro amor, siento como si te hubiese traicionado por no haber esperado por ti aunque mis esperanzas de volver a vernos hubieran sido en vano. Ahora, aquí me ves!!!, con un marido e hijos, ¿cómo volver el tiempo atrás?, ¿cómo no sentir que te estoy clavando una daga en el corazón?-, y sin poder decir más rompió en llanto.

     -No, ¡por favor!, no llores amor mío-, dijo el abrazándola tan fuerte como pudo intentando mitigar  el dolor que ella sentía..

     Ambos sintieron que ese abrazo, tan fuerte, tan tierno y cargado de amor los llenaba de paz en medio de tantas tristezas y cosas malas por enfrentar. Él con una suave  caricia secó las lágrimas que ella derramó sobre sus mejillas y se quedó viéndola como tratando de decirle con su mirada que todo estaría bien; ella, aún con su vista nublada por las lágrimas, se quedó mirándolo como tratando de pedirle perdón; entonces, todos los esfuerzos que realizaron por evitarlo fueron en vano, y sus labios se fundieron en un apasionado beso.

     En ese instante el tiempo pareció detenerse para ellos y se besaron tan intensamente como si tantos años de dolor no hubieran existido o ya hubieran quedado atrás para nunca más volver, como si de pronto hubieran despertado de una terrible pesadilla. De pronto, Anië se desvaneció en sus brazos.

     -Anië, ¿qué tienes?, despierta por favor, no me asustes que no es broma-, dijo él.

     Ella recobró el conocimiento de inmediato y lo abrazó tan fuerte como pudo.

     -No sé si podré con él, por favor no me dejes sola porque te necesito más que nunca-, dijo ella dejando entrever un tono de temor en su voz.

     -Pero, ¿que sucede?-, preguntó él.

     -Recordé de lo que Saruman es capaz y aunque todos me digan que llevo en mi la fuerza para vencerlo, la verdad es que algo de temor siento, temo fallar. Si por algo llegara a flaquear sería el fin de todos, es mucha responsabilidad-, dijo ella.

     -¿Recordaste?, pero.....-hizo una pausa y siguió-, ¿recordaste lo que pasó ese día?, ¿qué te ha hecho para que le temas así?-.

     -Saruman es un ser despreciable, no importa lo que me haya hecho, importa que es capaz de cometer cualquier atrocidad y tengo miedo de no poder protegerlos a todos tengo miedo de no poder enfrentarlo como me pasó hace tanto tiempo cuando nos arrebató la felicidad-, dijo Anië.

     -La verdad, es que tu respuesta no me explica mucho, por no decir que más bien no me explica nada. Pero respeto tu silencio si no puedes o no quieres contarme lo que recordaste que ocurrió, después de todo fue hace demasiado tiempo y nada puede hacerse-, enfatizó Legolas.

     -Lo siento, si quiero contarte, voy a contarte lo que ocurrió ese día pues para contigo no puedo ni quiero tener secretos. Ese día, luego de que te fuiste sentí en el pecho un dolor muy fuerte, como si alguien me estuviera arrancando el corazón, y también yo sentí como que algo malo iba a ocurrir, luego me dije a mi misma que no era más que una tonta y que seguro era todo producto de la ansiedad por nuestra boda, fui donde Galadriel y Celeborn para despedirme y ella me dijo: “hija mía, hoy es un día más que importante para todos los elfos, en especial para ti y Legolas, estamos orgullosos de ti y  deseamos que esta boda sea el comienzo de una era de paz y felicidad para todos, después de tantos momentos adversos que nos tocaron vivir, aún así debes ser siempre cauta porque aunque el mal parezca haber sido vencido uno nunca sabe donde puede estar escondido esperando para volver, que Eru te proteja y guíe hasta Imladris, nosotros nos encontraremos más tarde  allí contigo”.

     Luego de decirme eso nos abrazamos fuertemente y salí tan rápido como pude para montar mi caballo y partir hacia Imladris, durante el camino reapareció ese dolor que me apretaba el corazón y una sensación de angustia comenzó a nacer en mi. Los caballos, tanto el del centinela como el mío empezaron a intranquilizarse y creo que ambos nos dimos cuenta de que algo estaba sucediendo o por suceder y que precisamente no era nada bueno. Seguimos, no obstante, nuestro camino pero con más cautela y los dos preparamos nuestros carcaj para tener a mano por si acaso y continuamos nuestro camino en estado de alerta.

     De repente, no sé de donde salió a nuestro encuentro un grupo de cinco o seis huargos con sus respectivos jinetes, nos rodearon de inmediato y comenzaron a atacarnos, como los teníamos tan cerca nuestro era imposible usar los arcos para lanzarles flechas y por lo tanto tomamos nuestras espadas con las que comenzamos a hacerles frente aún montados en los caballos, pero cuanto más intentábamos hallar la manera de alejarnos un poco para poder contraatacarlos mejor peor se ponía la situación. Luego en un abrir y cerrar de ojos uno de los huangos se me echó encima y Dilyan se interpuso para protegerme y resultó herido, entonces yo salté del caballo e intenté ayudarlo, como pude lo levanté mientras los caballos nos hicieron de escudo y tomando los arcos y los carcaj corrimos hacia unos arbustos que estaban al lado del camino.

     El grupo de huargos destrozó a los caballos en segundos y mientras eso sucedía usé un poco de mi magia para intentar curar a Dilyan que había sido herido por una flecha envenenada que el rozó su hombro izquierdo. Amos luchamos con toda nuestra energía pero parecían invencibles y aunque  se me había hecho la recomendación de no usar mis poderes aún para luchar, era desobedecer o nuestras muertes, así que respiré profundo y usé todo mi poder, primero para hacernos una especie de escudo, ya que había logrado que Dilyan se mejorara pero cualquier nueva herida sería fatal para él.

     Luego de tres cuartos de hora de lucha ya habíamos logrado eliminar a cuatro del los seis huargos, pero yo ya no podía aguantar más, estaba muy fatigada y tuve que dejar de usar mi poder en el escudo, y entonces tanto Dilyan como yo nos miramos fijamente y asintiendo con nuestros rostros nos levantamos y comenzamos a correr con el fin de poder hallar un lugar donde parapetarnos y escondernos de ser posible, ya no teníamos fuerzas para un enfrentamiento cuerpo a cuerpo y no teníamos más flechas en los carcaj. Te juro que corrimos tanto como pudimos hasta llegar a una parte del bosque en donde la vegetación era más espesa, habíamos logrado perder a los huargos y nos quedamos quietos y en silencio por si acaso; yo intenté nuevamente usar mi magia para ver si Dilyan podía recuperarse un poco más y justo cuando estaba curándolo salió de la nada una flecha que  surcó el aire tan rápido que no nos dio tiempo a eludirla y se clavó justo en medio del pecho de Dilyan.

     Con las pocas fuerzas que le quedaban me pidió que huyera y lo dejara: “vete señora mía, huye y salva tu vida, ya no tiene sentido que te quedes para intentar salvar la mía, ya es demasiado tarde”, aunque lo intenté ya nada pude hacer por él y entonces me puse de pié e intenté salir corriendo pero algo o alguien me golpeó no sé como en la nuca y caí, gatee hasta unos arbustos con flores blancas que había cerca pero uno de los huargos me cortó el camino y el otro que estaba detrás de mí me golpeó tan fuerte como pudo. Cuando creí que iba a matarme escuché una voz que venía de entre los árboles: “¡imbéciles!, ¿qué les dije?, la quiero viva, ¡muerta no me sirve de nada!, inútiles, quítenles las manos de encima, a partir de ahora yo me encargo”.

     En ese momento no pude verle el rostro, sólo ví un  resplandor plateado que me cegó y luego de eso sentí mi cuerpo paralizado y me desvanecí. No sé cuanto tiempo pasó desde ese instante hasta que desperté; pero cuando lo hice me encontré cautiva en un lugar frío, oscuro, húmedo y repleto de alimañas, en especial arañas, las había por todas partes y si me quedaba dormida se me subían por todas partes, así que trataba de mantenerme despierta lo más que me resultaba posible. No sé cuantos días habrían pasado desde entonces pero ya no tenía fuerzas para nada, hacía varios días que estaba sin ingerir ni comida ni bebida y en permanente estado de  alerta.

     En medio de tanta oscuridad, la puerta se abrió y vi entrar una silueta blanca, pensé que era Gandalf y que me habían venido a rescatar, pero no era Gandalf quien pasó por esa puerta, era Saruman, que por lo que me dijo buscaba vengarse y poder cumplir su objetivo, me torturó hasta el cansancio para que le entregara mis poderes mágicos, o para doblegar mi espíritu y convertirme en un ser oscuro, llegó hasta atarme en el piso de manos y pies para dejarme ahí días enteros con las arañas caminado por todo mi cuerpo, realmente fue un horror. Un día vino acompañado por un uruk-hai a traerme algo de comida como para ver si luego yo mostraba buena voluntad para con él, fingí colaborar con su causa y con las pocas fuerzas que me quedaban los ataqué con un hechizo y corrí tanto como pude para tratar de escaparme, lo único me recuerdo es que tuve que saltar por una ventana para escapar del lugar, una especie de construcción oculta en  las montañas, creo eran las Montañas Nubladas, y corrí, sé que venían tras de mí y de pronto me encontré frente  a un acantilado, resbalé y caí a un curso de agua.

     Luego de eso no recuerdo más, sólo que un día desperté en una cabaña, oculta en algún bosque donde una mujer muy amorosa me estaba cuidando, esa mujer no era otra que Tasha que durante mucho tiempo hizo hasta lo impensable por lograr que yo dijera alguna palabra o hiciera algo más que estar viendo siempre por la ventana, sentada casi sin mover un músculo tal como una planta en una maceta, siempre en el mismo lugar, pero triste y mustia, casi a punto de morir de angustia  cada día. El resto de la historia ya la sabes-, concluyó Anië.

     Legolas se quedó viéndola sin emitir palabra alguna, no podía creer todo lo que su amada había tenido de padecer en manos de Saruman, y en algún punto llegaba a comprender el porqué ella de alguna manera sentía algo de temor de enfrentarse con semejante engendro de maldad. Sólo pudo acariciar su rostro tratando de reconfortarla, besarla en su frente y abrazarla tan fuerte como pudo como para demostrarle que esta vez no tendría que hacerle frente sola.

     Mientras la abrazaba él susurró en sus oídos:

     -Tu sabes cuanto te amo, y que nada ni nadie hará que eso cambie, te amé desde el primer momento en que te vi y te amaré hasta el día de mi muerte y más allá de mi muerte seguiré aún amándote-.

     -También te amo, y te amaré siempre y le agradezco a Eru que te cruzara en mi camino Señor de los Bosques Negros-, dijo ella.

     -Eres tan bella, Anië. Tienes un espíritu tan fuerte y sensible a la vez, la verdad, luego de lo que me has contado, no sé si otro en tu lugar hubiera resistido lo que tú-, dijo él.

     -Lo único que me mantuvo con vida fue el recuerdo de nuestro amor, si no hubieran tenido que borrármelo para protegerme, quizá nuestra realidad sería otra, pero la verdad me cuesta y me duele que aún no podamos ser felices como lo soñamos-, afirmó ella.

     -Si, te entiendo, a mí también me pasa y me gustaría despertar un día y sentir que todo no fue más que un mal sueño, pero no es así y aunque esta realidad me duela por no poder tenerte a mi lado como quisiera, estoy agradecido a Eru porque estás viva y eso alimenta en mi la esperanza de que alguna vez nuestro amor pueda realizarse como lo soñamos tiempo atrás-, dijo él.

     -Albergo la misma esperanza-, dijo Anië, y ambos se quedaron en silencio pero hablándose con sus miradas.

 


 

[1] Arbusto muy grande y frondoso, con bellas flores amarillas que había en el centro del jardín de la posada.

 


"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI" es propiedad de Anië  presentado por Yersi F

~* Yersi-Nirvana*~