por Anië
Capítulo 19: La Trampa.
Legolas, Gandalf y Nano salieron por Anië y Esteban tan rápido como pudieron, a los tres se les hacía un nudo en la garganta cada vez que pensaban en lo que podría estar sucediendo en esos momentos. Cada uno de ellos sentía en su corazón, sin decírselo a los otros, que algo malo estaba sucediendo o por suceder.
Anië había llegado al lugar elegido por Saruman alrededor de las 15.15 horas, el lugar, un viejo, medio destruido y abandonado edificio que había pertenecido al colegio en el que ella era profesora en la actualidad, se encontraba en una quietud tan grande que era capaz de erizar la piel. Se acercó a la edificación de manera cautelosa tratando de descubrir donde podría tener el malvado mago oculto a Esteban.
De pronto le pareció oír un ruido que venía del interior de uno de los salones del edificio y entró tan pronto como pudo tratando de tener cuidado pues la edificación era tan vieja y estaba en tan mal estado que en cualquier momento podía haber un derrumbe u ocurrir algo similar. Su corazón sentía cada vez más cerca al padre de sus hijos y el peligro inminente de tener que enfrentar a Saruman, entonces dejó que su corazón y su mente la guiaran hasta donde sentía que se encontraba Esteban.
Caminó por el interior del abandonado colegio por algo más de media hora hasta que llegó donde se encontraba la sala vacía de lo que había sido la biblioteca del colegio, entró y en el fondo de la sala, tras unas pilas de cajas y estanterías vacías, sentado y atado a una silla estaba Esteban, algo golpeado y exhausto de estar tantas horas sentado y sin tomar una gota de agua. Anië comenzó a acercarse a él cuando de repente Esteban levantó levemente su cabeza para ver quien se le aproximaba y estando amordazado intentó pedirle que se fuera y avisarle que era una trampa.
Ella continuó y cuando pudo al fin comprender lo que el papá de sus hijos trataba de decirle era demasiado tarde pues el piso por donde iba caminado, cuando estaba casi a punto de llegar a Esteban se derrumbó y Anië calló en una especie de sótano que había bajo la abandonada sala y que en algún momento había servido de depósito de las cosas que estaban en desuso. Esteban sintió que su corazón se rompía en mil pedazos al ver semejante escena y luego un frío que le recorrió el cuerpo cuando Saruman, riendo a carcajadas, se le acercó para quitarle la mordaza.
-No te angusties querido, ese era su destino y debía cumplirlo de una manera u otra, eso si, solo te quitare la mordaza por si quieres pedir algún tipo de ayuda, tal vez alguien si tienes suerte te escuche, ahora no esperes que te desate para que corras en su auxilio porque ese es un gusto que no puedo darte, igualmente ahora bajaré para ver si tuve suerte-, dijo el mago mostrando en su rostro un gesto de total satisfacción.
-¡Abi!, ¡Abi!, por favor amor mío ¡contestame!-, gritaba con desesperación Esteban ni bien Saruman le quitó la mordaza.
Esteban gritaba y gritaba llamando a Abi pero no había caso, era imposible que ella pudiera responderle pues estaba inconsciente y atrapada bajo demasiados escombros, realmente estaba muy malherida. Entre quejas por el dolor que su cuerpo sentía y recobrando el conocimiento muy débilmente Anië logró entreabrir sus ojos pero con mucha dificultad por todo el polvo que tenía sobre su rostro.
Cuando logró abrir los ojos, apenas logró ver una silueta blanca a su lado a la que le dijo:
-¡Gandalf!, tenías razón soy muy terca, puedes ayudarme a salir de aquí-.
-Creo que eso es imposible mi querida-, dijo la silueta blanca entre risas sarcásticas.
-¡Saruman!-, exclamó ella.
-¡Aléjate de mi, miserable!-, dijo ella tratando de salir de entre los escombros que la aprisionaban, pero sus esfuerzos eran en vano.
-Lo siento mi querida, pero como veo que no he logrado darte el final que deseaba, entonces haré como dice el dicho “la ocasión hace al ladrón” y aprovecharé para lograr hacer lo que antes no pude. ¿Sabes que es esto que tengo en mi mano?-.
-No, y no te me acerques, además no me interesa-.
-Pues debería, se trata de una pequeña aguja envenenada, pero con un veneno que no hace que te mueras sino que mata tu parte buena del alma haciendo que pases a una total oscuridad y que te conviertas en un ser oscuro y maligno, ese ser oscuro y maligno que yo necesito a mi lado para que con sus poderes me ayude a devolverle un poco de oscuridad a este mundo-.
Entonces Saruman se acercó hasta donde estaba Anië atrapada entre los escombros y tomando uno de sus brazos fuertemente la pinchó con la aguja.
-¡No!-,grito la elfa sintiendo un dolor que le desgarraba el corazón.
Esteban se desespero al escuchar el grito de dolor de su tan amada Abi e intentó soltarse las amarras pero fue imposible. Saruman riendo le dijo a Anië que ya era demasiado tarde para que alguien pudiera ayudarle y riendo se fue avisándole antes que era cuestión de horas para que la elfa buena dejara de existir.
El dolor que en ese momento comenzó a sentir Anië era tan intenso que se desvaneció, mientras su esposo seguía llamándola a gritos y pidiendo ayuda aunque fuera casi imposible que alguien pudiera escucharle. Cuando pensó que todo estaba perdido para ambos, escuchó los gritos de Nano, Legolas y Gandalf llamándolos.
-Aquí, ¡estamos por aquí!-, gritó tan fuerte como pudo Esteban.
Legolas corrió tan rápido como pudo hasta donde estaba Esteban sintiendo un dolor que le desgarraba el corazón, tras él iban Gandalf y Nano.
-¿Donde está ella?-, preguntó con angustia Legolas a Esteban.
-Allí abajo-, le respondió señalando el hueco que había en el suelo.
-Gandalf, Nano, vengan a desatar a Esteban yo iré por Abi-, gritó Legolas y se fue a buscar a Anië.
Cuando Legolas llegó donde Anië la encontró totalmente desvanecida y trató de despertarla, ella apenas conciente trato de decirle algo pero no podía articular palabra del dolor que sentía.
-No te preocupes mi amor, te sacaré de aquí de inmediato-, le dijo el elfo susurrándole al oído.
Estaba tratando de sacarla cuando ella reflejando dolor en su mirada le pidió que por favor hiciera lo que era correcto pasara lo que pasara, sin importar nada.
-No te entiendo Anië. ¿Qué intentas decirme?-.
-No me queda..., casi nada de tiempo..., Saruman...,-hacía pausas constantes pues el dolor que sentía era desgarrador-, él me...-.
-Saruman, ¿qué?, ¿qué te ha hecho?-, preguntó el elfo algo angustiado.
-Aprovechó que..., que caí en su trampa..., y mientras yo trataba inútilmente de quitarme los escombros de encima..., bueno..., él me hirió con una aguja emponzoñada con una especie de veneno que te mata..., te mata el alma hasta hacerte volver un ser oscuro..., si eso llegara a sucederme..., tu deberás matarme para..., para evitar un mal peor-, concluyó la elfa con lágrimas en sus ojos.
-No, ¡no puedes pedirme semejante cosa!-, dijo Legolas abrazándola con todas sus fuerzas-, te amo demasiado como para que me pidas que haga algo así, seguramente Elrond y Gandalf encontrarán una cura para este veneno-.
-No quiero arruinar ni quitarte las esperanzas...-, dijo con el aliento entrecortándosele-, pero no creo que sea posible-.
Legolas ya había logrado sacarla de entre los escombros y la tenía en sus brazos con total ternura cuando Esteban llegó al lugar seguido por Nano y Gandalf.
-¡Abi!, ¿cómo está?, ¿qué tiene?-, le preguntó Esteban a Legolas.
-No muy bien, está bastante malherida-, respondió el elfo.
-Debemos llevarla al hospital-, dijo Esteban.
Legolas, Nano y Gandalf se miraron sabiendo que sería inútil llevarla a un hospital pues las heridas causadas por Saruman no se podían curar por la medicina de los hombres, pero no tenían alternativa que seguir con el teatro y disimular lo más posible frente a Esteban.
-Está bien-, dijo Nano- iré a poner en marcha la camioneta-.
-Yo la cargo Esteban, usted se ve bastante exhausto por haber estado tanto tiempo atado, amordazado y sin tomar agua-, dijo Legolas mirándolo fijamente a los ojos.
-Es verdad, de acuerdo, tu cargala-, le respondió mirándolo muy seriamente, casi mostrando enojo.
Salieron del edificio tan rápido como pudieron la cargaron en la camioneta y fueron tan veloces como era posible rumbo al hospital. Al llegar los médicos de guardia la atendieron y luego de revisarla les informaron que físicamente sólo tenía algunas contusiones pero que no revestían gravedad alguna, que por lo demás estaba bien sólo que era necesario que descansara y mucho pues seguramente el resto de los síntomas eran psicosomáticos debito a stress pos-traumático por lo que acababan de vivir.
Legolas y Gandalf sabían muy bien que en realidad eso no era así y esperaban con ansias poder llevarla a la posada con el fin de encontrar un antídoto, si es que lo había, para poder evitar que la Anië que todos conocían dejara de existir.
-Está bien, si usted piensa eso, entonces mejor la llevo a casa cuanto antes para que descanse-, dijo Esteban.
-Una cosa más, por favor, está muy frágil emocionalmente y le pediría que si la ve inestable o algo así, que no la presione pero que esté atento-, indicó el doctor a Esteban.
-¿Atento?, ¿qué podría suceder?-, preguntó Esteban.
-Creo que nada, pero en ocasiones este tipo de experiencias no dejan secuelas aparentes o evidentes en seguida y luego aparecen ciertos trastornos en la conducta, ciertos cambios en las actitudes o costumbres de los pacientes como para que lo entienda mejor, que por supuesto son momentáneos, pero que inquietan, incluso puede padecer de una leve depresión-, explicó el doctor.
-Estaré atento y cualquier cosa le aviso-, le dijo Esteban al doctor, luego fue por Abi y todos partieron hacia la posada.
Al llegar a la posada la llevaron al cuarto y la acostaron en su cama, donde quedó profundamente dormida.
"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI" es propiedad de Anië presentado por Yersi F