"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI"

por Anië 

Capítulo 21: Las dudas de Esteban. 

     Ese día, cuando Esteban regresó de trabajar se encontró con la enorme sorpresa de que Abi, su esposa y madre de sus hijos, se encontraba notablemente mejor con respecto a como la había dejado en la mañana. Se sintió tan feliz por verla recuperada después de tan desagradable momento que les había tocado vivir producto de la locura de ese anciano que lo había secuestrado, que no pudo pensar en nada más.

     Para festejar que ella estaba repuesta hicieron una cena en la que prepararon los platos favoritos de cada uno de los comensales, Esteban, Abi, Cleo, Nano, Uriel, Ailén, Légolas, Elrond y Gandalf, como así también sus postres. Todos participaron de la cena con mucha alegría, Abi estaba bien pero tan cansada que se retiró a dormir ni bien concluyó la cena.

     El resto de  los comensales se retiró también, cada uno a su cuarto, y Esteban se fue dormir luego de acostar a los niños. Cuando entró en la habitación Abi ya estaba profundamente dormida, él la contempló por unos instantes, le acarició tiernamente su cabellera y luego se puso su pijama para acostarse a dormir.

     En medio del silencio de la noche, mientras todos dormían, Esteban seguía sin poder conciliar el sueño y dando miles de vueltas en la cama. Algo en lo que hasta ahora no había reparado le generaba cada vez más dudas, era algo que había ocurrido el día del secuestro, el mismo día en que su esposa había sufrido un accidente del que salió prácticamente ilesa de milagro.

     El día del accidente, mientras lo desataban y el jefe de seguridad de la posada corría para ir a socorrer a su esposa algo extraño ocurrió, algo en lo que él no reparó en ese momento pero que quedó dando vueltas en su memoria y ahora no lo dejaba dormir; las palabras del jefe de seguridad cuando lo encontró atado: -Gandalf, Nano, vengan a desatar a Esteban yo iré por Abi-.

     Esteban continuaba preguntándose por qué lo llamó Gandalf al jardinero si hasta donde él sabía se llamaba Peregrino, además había una pieza que seguía sin encajar en el rompecabezas que él tenía de ese día, aún seguía con la enorme duda de por qué Leo sujetaba a su esposa con tanta ternura, seguía en su mente dando vueltas la duda de si era simplemente por la angustia del momento de verla así o si detrás de esa ternura se ocultaba algo más.

     Así fueron pasando las horas y el amanecer lo sorprendió casi sin haber podido dormir, su mente seguía torturándolo con todas esas dudas, dudas que él sentía debía aclarar de inmediato, y la sola idea de que algo pudiera estar pasando entre Abi y su Jefe de Seguridad lo enfermaba. Como faltaban apenas quince minutos para que su despertador sonara decidió levantarse en ese instante y darse un baño.

     Mientras Esteban se estaba bañando Anië se despertó, se levantó y fue hacia la cocina, allí se encontró con Cleo que estaba preparando el desayuno.

     -¡Buenos días!-, dijo Anië.

     -¡Buenos días!, pero ¿qué haces levantada?, ¿no deberías descansar un poco más?-, preguntó la muchacha

     -No lo creo, además ya me siento muchísimo mejor y no tengo ganas de estar recostada sin hacer nada. ¿Puedo ayudarte a terminar el desayuno?-, preguntó Anië.

     -¡Por supuesto!-, afirmó Cleo.

     -¡Buen día!-, las interrumpió Esteban que entraba por su desayuno.

     -¡Buen día Esteban!-, dijo Abi dedicándole una tenue sonrisa.

     -¡No tienes idea de cuánto me alegra verte mejor!-, le dijo Esteban a Abi.

     -¡Muchas gracias!-, repondió la elfa.

     Él se acercó a ella lentamente, la abrazó y se quedó viéndola a los ojos como tratando de leer en ellos si algo le estaban ocultando. Ella se sonrojó y comenzó a temblar, entonces Esteban la besó en la frente y le dijo:

     -Mi amor, voy a pedirte que aunque te sientas mejor  por favor no te abuses, que buen susto nos dimos contigo y ese anciano loco-.

     -Está bien, te prometo que no haré ninguna locura y que si noto que no me siento del todo bien me recostaré a descansar-, dijo Anië.

     -Me parece bien. Ahora,  ¿puedo hacerte una pregunta?, es solo simple curiosidad-, dijo Esteban.

     -Dime-, dijo Anië.

     -¿Cuál es el apellido del jardinero?-, preguntó Esteban.

     -¿Eh?, ¿el apellido del jardinero?, te refieres al apellido de...-, Esteban la interrumpió.

     -No te pongas nerviosa, es que me quedó la duda de su apellido, pues el día de tu accidente el Jefe de Seguridad lo llamó Gandalf-.

     -¡Ah!, ¡era eso!, ese es su apellido, se llama Peregrino Gandalf. Raro, ¿no?-, dijo la elfa.

     -Si, puede ser. Gracias por aclararme la duda, es que sólo lo conocía por su nombre y la verdad es que me pareció extraño que lo llamaran así-, dijo Esteban.

     -¿Alguna otra duda mi amor?-, preguntó ella.

     -No que se me ocurra de momento. Bueno, mejor me voy o llegaré tarde al trabajo. Nos vemos luego-, dijo él.

     -Nos vemos-, respondió ella.

     -Hasta luego Cleo!-, la saludó Esteban.

     -Hasta luego Esteban-, dijo la muchacha.

     -¿Crees que puede estar sospechando algo?-, preguntó Cleo a Anië cuando Esteban ya se había ido.

     -No lo sé, tal vez. Será cuestión de actuar con más cuidado, al menos hasta que él esté preparado para saber la verdad-, dijo Anië

     -¿La verdad?-, preguntó Cleo.

     -Si, la verdad sobre quién soy y todo lo que está sucediendo. Solo espero que esté preparado para conocer todo antes de la batalla final, de otro modo tendré que decírselo igual aunque no esté listo para entender-, afirmó la elfa.

     -¿No es contraproducente que se lo digas si no está listo?-, preguntó la muchacha.

     -Es probable, pero el tiempo sigue su curso y se nos está agotando. Además es siempre mejor la verdad, en el momento que sea que se la diga-, enfatizó Anië.

     Cleo asintió con un gesto de su cara y en ese momento entraron a la cocina Gandalf, Elrond y Legolas, quienes se quedaron maravillados al ver que Anië ya estaba repuesta y de pie haciendo sus tareas habituales.

     -¡Buenos días!, veo que ya estás mucho mejor. ¡Buen susto nos has dado!-, dijo Elrond acercándose a Anië para darle un abrazo.

     -Buenos días padrino. Lo sé y no fue mi intención, pero creo sabrás comprender que no iba a arriesgar la vida del padre de mis hijos-, dijo ella.

     -Si, lo sé, pero de ahora en más hay que manejarse con más cautela. Estamos cada vez más cerca del final y Saruman hará todo lo que esté a alcance con tal de ganar-, dijo Elrond.

     -Igualmente-,interrumpió Gandalf-, yo prefiero no confiarme tanto y me arriesgaría a sugerir que sería de mucha utilidad que lleváramos a Anië a hacer un pequeño viaje-.

     -¿Viaje?, ¿de que hablas Gandalf?-, preguntó la elfa.

     -Pues Elrond y Legolas ya lo saben, lo conversamos anoche y están de acuerdo, sería algo rápido pues podemos ir y venir en el día, nadie notaría tu ausencia pues no serían más que solo un par de horas aquí-, explicó el mago.

     -¿Cómo?, ¿me estás queriendo decir que iríamos a donde me imagino?-, preguntó Anië.

     -Si. Cómo te ves haciendo un viaje relámpago a Aman[1] y caminando por los suelos de Eldamar, yendo a visitar a Galadriel?-, preguntó nuevamente el mago.

     -¿Pero es eso posible, aún cuando estoy desposada con un mortal?-, preguntó ella.

     -Por lo general, eso es algo que no se permite, pero se celebró un concilio allí en el cual decidieron que en tu caso harían una excepción, y se alegrarían mucho de tenerte aunque por breves instantes-, dijo Elrond.

     -Hija mía-, dijo Gandalf poniendo una de sus manos en el hombro derecho de Anië-, el último atentado que cometió Saruman en tu contra te debilitó bastante y aunque estás notablemente mejor, sería muy útil que nos acompañaras pues allí podrías recargar tus energías, renovar tus fuerzas, y alcanzar tu máximo potencial para que al regresar estés más fuerte para hacerle frente-.

     -La verdad es que, ¡no sé que decir!-, dijo Anië.

     -¡Que sí!, ¿qué otra cosa podés decir?, además es como te dice Gandalf, aquí solo estarías ausente unas horas, cuando mucho toda una tarde, y además yo te cubro aquí-, dijo Cleo con una sonrisa en su rostro que iba de oreja a oreja.

     -La oferta es más que tentadora y creo hasta necesaria e imprescindible, pero tengo miedo de que Esteban se ponga peor, ya anda sospechando y no sé que explicaciones darle pues ya casi se me están agotando las excusas. Si llegara a notar que desaparecimos los cuatro, no sé lo que podría llegar a pensar-, dijo la elfa.

     -Ya te dije que serían solo un par de horas y que cuando mucho sería toda la tarde, pero podemos irnos a media mañana para estar de regreso antes que Esteban-, enfatizó Gandalf.

     -Está bien, ustedes preparen todo y me avisan para ver como organizamos el día del viaje. Ahora si me disculpan tengo unas  cosas que hacer, así que los veo luego-, dijo la elfa y luego se fue hacia su habitación.

     Mientras que en la posada se estaba organizando un viaje, Esteban en su oficina no dejaba de pensar y pensar que había cosas que a su entender estaban fuera de lugar, al menos el no lograba poder ordenarlas y eso le causaba una extraña sensación que lo incomodaba. Seguía sin entender por qué un anciano como el que lo había secuestrado estaba tan empecinado en apropiarse de la posada, al menos eso le había asegurado Abi, como para hacer semejante cosa.

     Además, ya casi no podía dominar el sentir celos de Leo cada vez que lo veía cerca o conversando con su amada, aún tratando de evitar tener esos sentimientos cada vez le costaba más no dudar de que algo extraño estaba sucediendo a su alrededor y de que lo peor era que se lo estaban ocultando. Por otra parte, qué era eso tan importante que Abi ocultaba o guardaba bajo llave en el viejo cofre de Tasha que estaba sobre la cómoda de la habitación.

     Muchas eran las interrogantes y no podía aún hallarles respuestas, pero en ese instante un nombre se le vino a la mente: Cleo. Sí, seguramente ella sabía de que se trataba todo, si es que en verdad Abi le estaba ocultando algo; entonces, esa noche al llegar a la posada Esteban fue directamente a la cocina en busca de que se le aclararan muchas de todas sus dudas.

     Entró tan sigilosamente a la cocina que Cleo casi se muere del susto cuando se dio vuelta de repente para buscar unas especias y se topó con la figura de Esteban parada tras ella, cual asesino por matar a su víctima.

     -¡Esteban!, casi me matas del susto-, dijo Cleo recuperándo el color de su rostro.

     -¡Buenas noches!, y disculpa si te asusté, esa no fue mi intención, sólo que así como llegué vine directo para acá pues tenía que hacerte una pregunta, o más bien una consulta con respecto a  Abi-, dijo Esteban.

     -¿Una consulta respecto a Abi?, no entiendo-, dijo la muchacha.

     -Es simple, sólo quiero saber si ella me está ocultando algo-, inquirió Esteban.

     -Ocultándote algo..., ¿como qué?-, preguntó la muchacha.

     -Como lo del anciano loco que me secuestró porque quiere obligarle a que le venda la posada, ¿te parece poco?, a mi me secuestra y a ella casi la mata-, afirmó Esteban.

     -No, que yo sepa no te oculta nada. Lo de ese anciano loco no te lo dijo porque no pensó que fuera capaz de hacer una cosa así, pero después de eso no hay nada más que yo sepa y tú no-, dijo la muchacha.

     -Segura, ¿verdad?-, preguntó Esteban.

     -¿Me estás acusando de mentirosa?-, replicó Cleo.

     -¿Qué sucede aquí?-, preguntó Anië al entrar a la cocina.

     -Nada, sólo conversábamos-, dijo Esteban mirando a su esposa.

     -¡Sólo conversábamos!, por qué mejor no le preguntas a ella si te está ocultando algo o no-, dijo algo enfadada Cleo.

     -¿Cómo?, ¡Esteban!, ¿tu vienes a increpar a Cleo para que te responda si te oculto algo o no?, ¿cómo puedes hacer algo así, además si tienes una duda con respecto a algo vienes y me preguntas a mí, además que puedo estar ocultándote?-, dijo enfadada la elfa.

     -Está bien, te preguntaré a ti directamente si lo prefieres. En primer lugar me gustaría saber ¿qué es eso tan importante que guardas bajo llave en el cofre que era de Tasha y por lo que regañaste fuertemente a Ailén cuando quiso abrirlo hace unos días?; en segundo lugar, y por favor te pido me digas la verdad, ¿qué es lo que pasa entre tu y Leo?-, preguntó Esteban a Anië.

     -¿Qué?, ¿qué te ocurre Esteban?, cómo puedes pensar que entre Leo y yo, bueno que entre él y yo pasa algo. Ya te expliqué que nuestra relación es laboral y lo que no voy a negarte es que nos une un sentimiento de amistad, nada más. Con respecto a lo de Ailén, bueno tu sabes lo importante que fue y es Tasha para mi, y en ese cofre hay ciertas cosas mágicas que ella usaba, y sé que tu no crees en esas cosas, pero son cosas que pueden resultar peligrosas y hasta causarle daño a Ailén por no saber usarlas, y es por la misma razón que está permanentemente bajo llave y la llave la llevo siempre conmigo, ¿satisfecho?-, preguntó ella.

     -Pues supongo que debo creerte-, afirmó él algo dubitativo.

     -¡Haz como prefieras!, no puedo obligarte a que me creas, sé que estoy siendo lo más sincera posible contigo, y que no te estoy ocultando nada-, dijo ella algo molesta.

     -Lo siento Abi, es que después de lo que nos pasó con ese anciano desquiciado, la verdad es que tengo miedo de que puedas estar ocultándome algo, algo que pueda estar poniéndonos a todos en peligro como la última vez-, afirmó Esteban.

     Ella se acercó a él y lo abrazó con la intención de calmarlo. Él quería creerle pero había algo en su corazón que lo hacía inquietar, aún así decidió tratar de creer en las palabras de su amada, después te todo a lo mejor sólo se trataba simplemente de una  paranoia suya debido a lo que les había sucedido con el secuestro.


 

[1] Tierras Imperecederas.


"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI" es propiedad de Anië  presentado por Yersi F

~* Yersi-Nirvana*~