por Anië
Capítulo 22: El viaje a Eldamar.
Esa noche, luego de dejar más tranquilo, aparentemente, a Esteban todos cenaron armoniosamente y al terminar la cena se fueron a dormir. Abi, se quedó como todas las noches ayudando a Cleo a retirar los platos, las copas y cubiertos de la mesa para luego limpiarlos y guardarlos en sus respectivos lugares; Esteban estaba tan cansado por el duro día que había tenido que se fue a dormir ni bien termino de cenar.
Mientras estaban guardando las cosas en su lugar, una duda invadió los pensamientos de Cleo y enseguida se la trasmitió a su gran amiga:
-Abi, ¿crees que Esteban realmente creyó lo que le dijiste?-.
-La verdad, no sé. Tal vez si, pero no sé por cuanto tiempo, en cualquier momento se nos cae el teatrito y me da miedo pensar como podría llegar a reaccionar-, respondió ella.
-¿Por qué?, ¿lo crees capaz de cometer una locura?-, preguntó Cleo.
-Ciertamente en este último tiempo con Esteban no se sabe que actitud vaya a tomar, pero por como estaba hoy no creo que sea la mejor-, dijo Anië.
-¿Interrumpo?-, preguntó Elrond, a quien no oyeron entrar a la cocina.
-No, padrino, no interrumpes. Dime, ¿qué necesitas?-, preguntó la elfa.
-Hablar unos minutos contigo si es posible, en verdad vine a buscar un vaso de agua y ya que te encuentro despierta me gustaría que conversáramos un momento, si no es molestia-, dijo el Señor Elfo.
-Por supuesto que no es molestia, tu dirás-, dijo Anië.
-Disculpen, no quiero interrumpir yo ahora y mucho menos ser descortés pero si no me necesitan prefiero irme a dormir, la verdad es que estoy agotadísima con el día que tuve-, dijo Cleo mirando a Elrond y Abi.
-Está bien Cleo, ve tranquila que nosotros nos arreglamos-, dijo Abi dedicándole una sonrisa.
-Bien padrino, dime-, dijo Anië una vez que Cleo ya se había ido.
-Te noto muy preocupada, algo está sucediendo, ¿que te tiene así de mal?, sabes que puedes confiar en mi como si fuera tu padre-, afirmó Elrond.
-¡Tanto se nota!-.
-No sé si tanto, yo lo noté y me inquieta saber que algo te sucede y te tiene mal-.
-La verdad, es que ¡no sé que hacer!, Esteban cada vez sospecha más de que hay algo que le estoy ocultando y no sé como seguir sosteniéndole la mirada como si no pasara nada, como si todo estuviera como siempre, cuando yo misma sé que nada es como fue pues ni yo misma soy quien pensaba o creía que era. ¡Todo cambió tanto en tan poco tiempo!, ¿como le digo que no soy quien él cree, cómo le digo que mi corazón se muere de amor por otro a quien amo desde siempre y que por circunstancias ajenas a nosotros ese amor no pudo ser y que después de miles de años sigue vivo y que ese ser a quien tanto amo está otra vez cerca mio?, ¿como le explico que cuando me casé con él lo amaba porque no recordaba nada de mi vida real, y que pese a no amarlo como el se merece siento un afecto y un cariño muy especial por él o de otro modo nunca hubiésemos tenido dos hijos tan bellos, cómo hago para no lastimarlo?-, dijo y rompió a llorar.
-Hija mía -dijo mientras acariciaba sus cabellos, pues ella lo abrazó al comenzar a llorar-, la verdad sobre aquello que es lo que debes hacer la encontrarás en tu corazón, debes escucharlo con atención pues tu tienes uno de los corazones más nobles de este mundo y si realmente lo escuchas con atención, entonces él te guiará por el mejor camino de todos y te hará elegir las opciones que lastimen menos, al menor número de personas-.
Ella levantó la mirada en ese momento y secando las lágrimas de sus mejillas lo miró y dijo:
-Puede ser pero no es fácil cuando sabes que esa decisión implica el sufrimiento de alguien, sea quién sea ese alguien al que le toque sufrir. Ni te imaginas lo que desearía poder tomar a mis hijos e irme de aquí con Legolas, y evitar así que algo malo pudiera pasarle a mis pequeños. Ahora, si hiciera eso aún estando con Legolas no podría ser feliz sabiendo que mis hijos están extrañando a su padre y él extrañando a su vez a sus hijos, si me quedo con él, también sufrirá porque estaré a su lado sin amarlo, Legolas sufrira pues no estaremos juntos y yo me iré de apoco muriendo de amor-.
-Mira, sabes que siempre digo que la verdad es lo más importante que puede existir, además del amor, pero creo que de momento lo más apropiado es que sigas aguantando hasta lo imposible sin decirle una palabra de la verdad, pues es una manera de protegerlo y además creo es mejor esperar a ver que sucede después de la gran batalla-.
-Si, es cierto, por más que tengamos todas nuestras esperanzas puestas en que todo saldrá a nuestro favor es mejor no especular hasta ver que sucede. Ahora dime, ¿tu no venías a hablarme solo de eso verdad?-, preguntó ella.
-No, venía para que hablemos del viaje-, dijo su padrino.
-¡Del viaje!-.
-Si. Estuvimos hablando con Gandalf y consideramos que lo mejor será partir en dos días-.
-Está bien, prepararé todo y arreglaré las cosas con Cleo para que esté todo listo para ese día-.
-Me parece bien. Imagino que lo mejor ahora es irnos a dormir, pues se está haciendo tarde y no queremos que nadie nos sorprenda conversando tan tarde, ¿no?-.
-No, al menos no Esteban-.
-Alassëa lómë, lissi olóri[1]-, dijo Elrond.
-Igualmente-, dijo Anië.
Ambos se despidieron y se fueron a dormir.
Los dos días previos a la fecha del viaje pasaron en un suspiro y al fin el gran día para Anië había llegado, ese día se levantó más temprano de lo que acostumbraba pues quería dejar todo en orden para que nada pudiera salir mal, dejó listas todas las cosas para Ailén y Uriel, que quedarían a cargo de Cleo, y dejó escondida la muda de ropa que se llevaría en el viaje. Para aquietar las aguas y tratar de mantener a Esteban lejos de toda duda y posible sospecha de algún tipo de él hacia ella, le preparó el desayuno y se lo llevó a la cama.
-¡Buenos días dormilón!-, dijo la elfa con la bandeja del desayuno en sus manos.
-¡Buenos días Abi!, lo siento pero..., ¿hoy es alguna fecha importante que como me pasa siempre no recordé?-, preguntó Esteban.
-¡Para nada!-, respondió ella.
-Entonces, ¿por qué me traes el desayuno a la cama?-, preguntó él.
-Por una sencilla razón. Tu y yo últimamente estamos de mal en peor y la verdad es que eso no nos hace bien y lo peor de todo es que angustia muchísimo a Ailén y a Uriel, no quisiera que por tonterías nuestras ellos sufran, tu sabes mejor que nadie lo que yo sufrí por la misma razón con mis padres. Imaginé que una buena manera de hacer una tregua era con un buen desayuno en la cama, digo es una forma de mimarte y decirte o mostrarte que todo está bien y que esas dudas que tienes no tienen razón de ser-, dijo la elfa.
-Abi, te amo tanto, que la sola idea de perderte me enloquece y angustia-, dijo Esteban tomándola de la mano luego de que ella dejara la bandeja acomodada en la cama.
-Lo sé, pero debes tratar de mantener la calma pues sino nos enloquecerás a todos y eso no es justo para nadie, ni para ti-, sugirió ella.
-¿Podrás perdonarme por mi forma de actuar de los últimos días?-, preguntó Esteban.
-No hace falta creo, ¿de otro modo este desayuno no estaría aquí verdad?-, dijo ella.
-Supongo-.
Cuando Esteban estaba terminando de desayunar Abi tímidamente le hizo una pregunta:
-Esteban..., quisiera preguntarte si puedo ir hoy a dar una vuelta por la ciudad, pues como se están acercando las fiestas desearía ir a ver unos precios de unas telas y de algunas cosas que necesitaría comprar y algunas de ellas o no las tienen en el pueblo o están demasiado caras, y la verdad es que necesitamos ahorrar cada centavo posible y de paso quería probar llevar mi currículo a un par de editoriales pues me gustaría conseguir un trabajo para hacer desde casa-, dijo ella.
-Como gustes, ahora yo tengo una pregunta –dijo con una sonrisa en su rostro-, el desayuno, ¿era para la tregua o para que dijera que si cuando me preguntaras esto?-.
-Si te digo que para ambas cosas, ¿me creerías?-, dijo ella.
-Si-, dijo mirándola con ternura, se acercó a ella y le dio un tierno beso en sus labios.
Ella lo abrazó y luego se fue a preparar a los niños para que fueran a la escuela, él se cambió para ir a trabajar y luego cargó a Ailén y a Uriel en el coche y los llevó como todos los días. Mientras terminaba de alistar sus cosas en su cuarto alguien golpeó la puerta.
-¡Adelante!-, dijo la elfa.
-Permiso...-, dijo Cleo.
-¡Cleo!, ¿todo en orden?-, preguntó la elfa.
-Si, todo en orden, ya están todos listos esperándote en la sala, y Nano los llevará hasta el lugar desde donde partirán. ¿Nerviosa?-, preguntó Cleo.
-Más bien ansiosa, me pasan tantas cosas por la mente y mi corazón se muere de la emoción por ver de nuevo a mi gente, a la Gran Dama...-, dijo la elfa.
-Imagino que debe ser muy movilizante-, afirmó Cleo.
-Créeme que lo es. Después de tantos años verlos a todos nuevamente juntos es muy regocijante y me llena de felicidad-, afirmó Anië.
-¡No vas a tardarte mucho verdad?, ¡mira que no es fácil dominar a un par de medio elfitos tratando de descubrir el mundo!-, dijo Cleo.
-Descuida, ya escuchaste a Gandalf estaré de regreso en la tarde, antes de que vuelva Esteban, a él por cierto le dije que iría a la ciudad a ver unos precios de unas telas y de algunas cosas para las fiestas de fin de año, así que con eso lo dejé más tranquilo, por lo demás ya te dejé todo en orden como para solo tengas que hacerte cargo de los niños y de lo mínimo indispensable de los movimientos de la posada-, aseguró Anië.
-Bueno, entonces no me queda más que desearte un muy buen viaje y un mucho mejor retorno-.
-Gracias-, dijo la elfa, cargo un pequeño bolso de mano tipo mochila y entonces ambas salieron rumbo a la sala.
Una vez en la sala, los viajantes se despidieron y se dispusieron alegremente a emprender su aventura rumbo a Eldamar. Cuando partieron eran cerca de las 9 de la mañana y Nano los llevó en la camioneta rumbo a un lago que estaba a unos 75 kilómetros de la posada y a unos 20 kilómetros tomando un camino viejo y abandonado que salía a la carretera y que quedaba a más o menos 45 o 50 minutos de viaje en coche desde la posada.
Una vez en el lugar, llegaron como a las 9.50, todos se despidieron y Nano acordó con ellos en volver a las 17.30 para recogerlos pues debían estar en la posada antes de las 19, hora en que regresaba Esteban de trabajar. Luego de que Nano partiera y la camioneta se perdiera en el camino hasta ya no verse, Gandalf, Elrond, Légolas y Anië se acercaron a un pequeño muelle que estaba a orillas del lago; al cabo de unos minutos apareció una embarcación que lucía rasgos delicadísimos y tonos plateados que navegó desde el centro del lago, donde había aparecido, hasta el muelle.
Cuando el barco atracó en el muelle, un elfo de cabellos rubios, casi blancos, de ojos azules como el mar y vestido de blanco salió y los saludó.
-¡Aiya!, ¡Alasse’ aurë!-dijo el elfo encargado de conducirlos en el barco hasta Eldamar-, soy Elaryan y la Gran Dama me encomendó los conduzca hacia Eldamar-.
-¡Aiya!, ¡Alasse’ aurë Elaryan!-dijo Elrond-, ¡Hantalë!-.
Todos subieron cuidadosamente a la embarcación que lentamente se dirigió nuevamente hasta el centro del lago donde desapareció de la misma forma mágica en que apareció.
Para todos, excepto para Anië, esto era muy normal ya que ellos ya habían pasado por lo mismo al momento de venir a esta era, el siglo XXI, para buscarla y ayudarla contra las fuerzas malignas de Saruman, en cambio la sucesora de la Gran Dama no pudo evitar preguntar como lograron desaparecer del lago y aparecer en un abrir y cerrar de ojos en un sereno mar abierto.
-Resulta ser mi señora -dijo Elaryan- que en medio del lago que usted conoce hay un portal dimensional que comunica ambas dimensiones, la del mundo en el que usted vive y la nuestra, en donde vivimos hace cientos de años observando el mundo de los hombres. Este portal sólo puede ser atravesado por nuestras mágicas embarcaciones élficas-.
-¡Es increíble!-, dijo Anië.
-Tal vez mi señora, pero es real y al atravesar el portal dejamos de navegar por las aguas del lago para comenzar a navegar por las aguas del Gran Mar hasta llegar a Alqualondë, que es nuestro destino final-, explicó Elaryan.
-¿Ansiosa?-, preguntó Elrond a su ahijada.
-Un poco, es que siempre me imaginé caminado por la ciudad, siempre soñé con estar en el lugar del que tanto me habían hablado y ahora que puedo, después de haber creído que jamás estaría aquí..., y ¡si!, algo ansiosa estoy-, dijo ella.
-Ya verás, que estar aquí hará que recuperes notablemente con mayor rapidez tu energía y tus poderes-, dijo Gandalf a la elfa.
Legolas se acercó a ella y la abrazó de atrás por la cintura quedando con su mentón apoyado en su hombro izquierdo, y así ambos se quedaron por unos minutos observando el horizonte, como queriendo alcanzar a ver con sus ojos las costas de Eldamar.
-Me alegra tanto que podamos estar juntos aquí, aunque sea por breves instantes. Soñé tantas noches con un momento así, tanto tiempo añoré con estar aquí a tu lado-, susurró Légolas a los oidos de su amada.
Anië se dio vuelta y viédolo a los ojos le dedicó una sonrisa y le acarició tiernamente una mejilla, él la miró profundamente a los ojos y posó sus labios sobre los de ella, así ambos se dieron un apasionado beso que fue interrumpido por las palabras que pronunció Elaryan.
-Ahí están los puertos, ya llegamos-.
A Anië le latía fuertemente el corazón de la emoción de volver a ver a todos los suyos y de estar en el lugar al que siempre soñó ir y hasta ahora no había podido. En el puerto un grupo de elfos los estaban esperando, y enorme fue la sorpresa de la elfa cuando al atracar el barco en el muelle vio que quienes esperaban no eran otros que Galadriel y Celeborn, entre otros de los presentes.
El puerto era bellísimo y en él había numerosas embarcaciones plateadas con forma de cisne ancladas, la ciudad que ella estaba admirando estaba construida en mármol y perlas y era más hermosa de lo que la había imaginado. Luego de que anclaron bien el barco en el muelle, todos comenzaron a descender; primero lo hizo Gandalf, lo siguió Elrond, Legolas y finalmente lo hizo Anië que fue recibida por todos con una reverencia.
-Máratulda coammanna, ¡haira lúmello![2]-, dijo Galadriel a Anië.
-Ná, ¡hantalë!-, respondió ella haciendo una reverencia a la Gran Dama.
-¿Cómo estás?-, le preguntó la Gran Dama.
-Nan alassëa[3]-, le respondió.
-Tula coanyanna[4] -, dijo Galadriel.
Después de ese pequeño intercambio de palabras, todos se dirigieron a la casa de Galadriel caminando por una vereda hecha con baldosas de nácar y de mármol. Ya en casa de la Gran Dama, los recién llegados fueron a cambiarse para ir a almorzar pues habían llegado cerca del medio día.
[1] -Buenas noches, dulces sueños-, en Quenya.
[2] -Bienvenida a nuestra casa, ¡cuánto tiempo!-, en Quenya.
[3] -Estoy contenta-, en Quenya.
[4] -Ven a mi casa-, en Quenya.
"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI" es propiedad de Anië presentado por Yersi F