por Anië
Capítulo 26: El regreso y la mala noticia.
Las luces del alba comenzaban a salir tímidamente por el horizonte y una suave y fresca brisa soplaba trayendo un dulce aroma a flores, un aroma que ella identificó al instante y que trajo a su memoria los más bellos recuerdos, era un aroma imposible de no reconocer para ella pues sus sentidos siempre estuvieron más que acostumbrados a deleitarse con el olor a niphrediles, flores blancas que crecían en Lothlorien. Se asomó al balcón aún con ropa de cama y los primeros rayos del sol acariciaron su rostro, respiró profundo como queriendo tomar la mayor cantidad de aire y suspiró, luego entró a la habitación para cambiarse y bajar a desayunar antes de emprender el viaje de regreso al mundo de los hombres.
Ya cambiada, con su ropa del mundo de los hombres, bajo a desayunar. Al terminar de bajar las escaleras se encontró con su tía que la estaba esperando para decirle unas palabras y que con un simple ademán le indicó que se dirigieran hacia una sala de la casa, ambas entraron en silencio.
-Seguramente te estarás preguntando por qué te esperé y te aparté del resto para hablarte, pero necesitaba cruzar un par de palabras contigo y darte algo que te pertenece-, dijo Galadriel con tono solemne.
Anië no salía de su asombro mientras que la Gran Dama se acercó a un cofre que estaba sobre una de las repisas, lo puso sobre una mesa que allí había y lo abrió con una llave que sacó de uno de los bolsillos que había entre sus ropas. De aquel cofre hecho en plata, muy finamente tallado y con incrustaciones de piedras sacó una pequeña bolsita de terciopelo azul, giró hacia donde estaba su sobrina y se le acercó.
-¿Me permitirías una de tus manos querida mía?-. le preguntó.
Anië seguía aún sin poder hablar y sin poder salirse de su asombro, con un tímido gesto de asentimiento extendió su mano derecha, en ese instante Galadriel dejó caer sobre la mano de su sobrina el contenido de la bolsita. Con los ojos atónitos la joven elfa no dejaba de admirar el anillo que ahora tenía en la palma de su mano, era un anillo que ella conocía muy bien.
-¡El anillo de mamá!-, exclamó con algunas lágrimas en sus ojos.
-Así es, y es hora de que tu lo tengas nuevamente, primero porque te pertenece por hecho y derecho, segundo porque te será de gran utilidad para poder enfrentar los tiempos que se avecinan-.
Anië tenía en sus manos el anillo que había pertenecido a su madre y que Galadriel conservó hasta que ella estuvo lista como para portar un anillo con semejante poder; el mismo anillo que por fortuna no portaba consigo el día en que Saruman la arrancó del lado de su gente-.
-Pensé que jamás volvería a tenerlo en mis manos-, dijo Anië con una leve sonrisa en su rostro.
-Lo recuperamos de entre las cosas que quedaron desparramadas en el lugar donde Saruman te atacó-.
-Ese día pense que lo había perdido para siempre-, dijo Anië con un tono triste en su voz.
-Ese día nosotros creímos que te habíamos perdido para siempre. Gracias a Eru no fue así, por eso espero que ahora te sirva para aumentar tus poderes y tu energía, pues vas a necesitarlos más que nunca y con mayor fuerza para poder vencer a Saruman. No te olvides que la piedra que lleva es una amatista y las amatistas tienen la propiedad de trasmutar las energías y las cosas malas en positivas-, dijo la Galadriel.
-Lo sé tía-, dijo la elfa abrazándose fuertemente a la Gran Dama.
-Bien, creo que ya es hora de ir a desayunar pues nos deben estar esperando y ustedes deben partir de inmediato-, dijo Galadriel.
Anië guardó el anillo en uno de los bolsillos de la chaqueta que llevaba puesta y ambas fueron hacia el comedor donde los otros viajeros ya estaban reunidos tomando el desayuno para poder partir lo antes posible. Desayunaron alegremente pero en silencio, pues todos sabían en sus corazones que lo que tendrían que enfrentar no sería fácil.
Ni bien terminaron de desayunar, todos fueron a sus cuartos por sus cosas y bajaron inmediatamente para dirigirse hacia el puerto donde la misma nave élfica que los trajo hacia Eldamar, a través del portal dimensional que había en el lago, los esperaba para llevarlos de regreso.
Llegaron al muelle donde estaba atracada la embarcación, pero en esta ocasión no eran cuatro los viajeros sino cinco pues además de Anië, Legolas, Elrond y Gandalf que regresaban para enfrentar a Saruman, Gimli los acompañaba para brindarles todo su apoyo en la batalla que se avecinaba, batalla en la que las fuerzas del mal y del bien lucharían hasta las últimas consecuencias.
Entre lágrimas, fuertes abrazos y deseos de buena suerte para los tiempos que venían, los ahora cinco viajeros subieron a la embarcación que los llevaría de regreso al atardecer del mismo día en que habían partido, pese a que dos días habían transcurrido en Eldamar, pues allí el tiempo transcurre de manera diferente al mundo de los hombres.
Mientras navegaban por las aguas del mar, antes de cruzar el portal dimensional, Gandalf notó que Anië llevaba puesto el anillo de poder que había pertenecido a su madre y se sonrió orgulloso debido a que él sabía que ella y el poder que ese anillo tenían no le darían tregua al cruel mago, ella era una elfa de un gran temple y corazón que no dejaría que aquel vil ser se adueñara del mundo para someterlo a los peores tormentos.
Todos iban en silencio, son sus mentes casi en blanco evitando pensar en todo lo que estaba por venir y de pronto Elaryan les avisó que estaban cruzando ya el portal y en consecuencia entrando al mundo de los mortales.
-Señor Elrond, estamos cruzando el portal, en cuestión de minutos estaremos en el embarcadero del lago-, dijo Elaryan.
-Hantalë Elaryan, le avisaré a los demás-, dijo el Señor Elfo.
Elrond le avisó a cada uno de los viajeros que ya estaban llegando. Cuando la embarcación se estaba aproximando al muelle, Nano, puntual como siempre, estaba llegando con la camioneta para llevarlos velozmente a la posada antes de que Esteban comenzara a sospechar nuevamente.
La embarcación elfica los dejó en el muelle y Anië corrió más fuerte que nunca al encuentro con su amigo, ambos se abrazaron fuertemente y ella le confesó haberlos extrañado muchísimo a él, Cleo y los niños, por quienes preguntó inmediatamente como estaban.
-Ellos están muy bien, tranquila, sólo te fuiste unas horas y no malinterpretes mis palabras pero casi no han notado tu ausencia, es como cualquier día de esos en los que te pasabas todo el día internada dando clases en el colegio, ¿recuerdas?-, dijo Nano aún abrazando a su amiga.
-Si, lo siento, es que allí pasaron dos días y para mí fue muy movilizante estar allí y a la vez estar lejos de ustedes-, respondió ella.
-Bueno, apuremos el paso o Esteban llegará antes que nosotros y no tendremos forma de explicarle porque regresamos todos juntos. Ah, ¿no vas a presentarme al nuevo integrante del grupo?-, dijo Nano preguntando por Gimli.
-¡Oh!, si, mil perdones Nano, quien nos acompaña no es otro que Gimli, quien muy amablemente se ofreció a regresar con nosotros para ayudarnos contra Saruman-, dijo ahora Anië.
-¡Qué bien!, dime ahora, ¿cómo harás para explicarle a Esteban su presencia en la posada?, digo por como anda últimamente sospechando de todo-, dijo mirando muy seriamente a su amiga.
-Ya se me ocurrirá algo en el camino, por el momento mejor volvamos ya-, respondió Anië.
Todos subieron a la camioneta luego de que Nano les diera la bienvenida y emprendieron el regreso a la posada, luego de un poco más de media hora llegaron a la posada alrededor de las 18.45, exactamente 15 minutos antes que Esteban. Cuando Cleo lo vio llegar corrió hacia la habitación de Anië y le avisó para que ella tuviera tiempo de guardar el bolso que había llevado consigo en su viaje.
Anië, rápidamente guardó el bolso en el armario y salió al encuentro de su esposo.
-¡Esteban!, ¡llegaste!, ¿cómo te fue en tu día de trabajo?-, dijo la elfa que lo encontró en la sala de estar.
-Pues no muy bien –respondió él dándole un abrazo-, y ¿a ti?-.
-Normal, como siempre, ¡con un nuevo huésped por suerte!-, respondió ella inmediatamente en referencia a Gimli.
-Eso es bueno, ahora dime..., ¿raro como todos los que van pasando por aquí?-, preguntó.
-Pues si, ¡qué vamos a hacer!-.
-Yo, no sé, yo te acompaño en tu locura pero la tarea de ocuparse de ese proyecto que nace de la locura tuya y de Cleo les corresponde a ustedes dos, ya suficiente tengo con mi jefe-, dijo Esteban.
-Y..., dime, ¿que fue lo que hizo que no te haya ido tan bien?-, preguntó ella.
-Pues, ¿recuerdas tú al viejo loco que me secuestro y todo el embrollo que se armó después? –dijo mostrando un tono de enfado en sus palabras mientras ella asentía con su cabeza-, bien, ahora es el socio del señor alcalde -.
-¿Qué dices?, ¿él socio?, ¿cómo que el socio?-, dijo ella con una mirada de espanto.
-Como lo oyes, no sé, aparentemente le prestó un dinero o le donó un dinero para hacer obras de bien público en vistas de que se aproximan las elecciones y obvio tiene que quedar bien con los contribuyentes si quiere resultar re-electo, entonces a cambio de un puesto si sale re-electo este viejo loco le dio una gran suma, mi jefe como tiene contactos se enteró y obvio nos lo comentó-, explicó Esteban.
Anië quedó boquiabierta con la noticia que Esteban acababa de darle, eso era algo con lo que no esperaba encontrarse al regresar, pero era más que evidente que se trataba de una maniobra más de Saruman para ir adquiriendo poder e ir reuniendo secuaces que lo ayuden en sus malévolos y perversos planes.
-La verdad es que me dejas helada con la noticia, pero en fin, era de esperarse que algo así pudiera suceder, ambos, tanto el viejo loco como el intendente son dos seres que están cegados por su ambición de poder. Habrá que esperar a ver que pasa con las elecciones pero no por eso dejar de andar con cautela, ese viejo loco sigue preocupándome y más ahora que anda de socio o amigo del alcalde como cuentas-, dijo Anië.
-Pues bien, lo único que te pido es que si ocurre algo como aquella vez, que tenga que ver con presiones o amenazas, por favor no me lo ocultes pensando que no es nada, la verdad es que ya le tomé idea a ese viejo medio mafioso, además de loco, no soportaría que algo fuera a pasarte a ti o a los niños, ¿de acuerdo?-, dijo Esteban.
-De acuerdo-, dijo ella ahora con una pequeña sonrisa en su rostro.
-Bien, ahora me iré a dar un baño antes de cenar, espero haya algo rico-, dijo él.
-Como siempre-, dijo ella.
Él la abrazó nuevamente y en ese instante Legolas y Gimli entraron en la sala.
-Buenas-, los saludó Esteban con rostro serio y fue a darse el baño.
Los tres, Anië, Legolas y Gimli quedaron viéndose sin decir una palabra, hasta que de repente el enano rompió el hielo y preguntó:
-¿Ese es tu esposo aquí verdad?-.
-Sí-, respondió solamente ella al mismo tiempo que bajaba su mirada.
-Disculpa, no quise incomodarte- aseguró el enano al darse cuenta que esa pregunta puso algo triste a la elfa.
-No te preocupes, estoy bien, sólo quizás un poco cansada por los nervios del regreso. Si me disculpan ustedes voy a ayudar a Cleo a terminar de preparar la cena-.
Ella se fue hacia la cocina y Legolas sólo se quedó viéndola en silencio, él comprendía la situación por la que su amada estaba pasando, aceptaba que ella hubiera decidido quedarse junto a Esteban hasta el final de sus días para no causarle ninguna pena, pues más allá de no poder amarlo como a él, el padre de sus hijos era un muy buen y noble hombre que la amaba con todas sus fuerzas y ella no le ocasionaría el dolor de dejarlo; no obstante el príncipe elfo no podía evitar sentirse algo celoso y apenado.
-Veo en tus ojos que estás algo molesto-, dijo Gimli a su amigo.
-No, o tal vez un poco. Comprendo su postura, la apoyo y apoyaré en cada decisión que tome y esta es una de ellas, pero aún así no puedo evitar sentirme apenado y hasta un poco celoso de ella cada vez que la veo con él, pero ella tiene razón, él es un muy buen hombre y no se merece sufrir, aunque para evitarle ese sufrimiento ahora nos toque sufrir a nosotros-, dijo Legolas.
-Algo nada fácil-, dijo el enano.
-Es cierto Gimli, nada fácil, pero ahora es la única alternativa, además después de todo, a ella y a mi nos espera una eternidad juntos y eso es lo que cuenta, aunque ahora nos estemos muriendo de amor-.
-Pues bien, la verdad es que me estoy muriendo de hambre, ojalá la cena esté lista pronto-, dijo el enano para cambiar de tema.
Ambos se quedaron en la sala conversando y recordando algo de los viejos tiempos hasta la hora de la cena.
"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI" es propiedad de Anië presentado por Yersi F