por Anië
Capítulo 27: Saruman descubre el Anillo.
Esa noche todos comieron en silencio mientras Esteban no le quitaba la vista de encima al nuevo huésped, Abi ya le había dicho que era raro como otros, pero a él este le resultaba el más extraño de todos. Cuando terminaron de cenar, Esteban que estaba muy cansando se fue a dormir casi de inmediato mientras que como era habitual Cleo y Abi se encargaban de levantar los platos de la mesa y dejar todo aseado para el otro día.
Mientras estaban acomodando todo en la cocina entró Elrond con cara de preocupación y le preguntó a su ahijada:
-Dime Anië, ¿pasa algo malo?, he notado mientras cenábamos que tenías la mirada perdida en otro lugar, y si algo conozco muy bien de ti es esa mirada-.
Anië contó entonces a su padrino lo que Esteban le había comentado esa tarde al llegar de su trabajo y Elrond quedó mudo con lo que acababa de oír, ahora más que nunca tenían que actuar sin equivocar ni un paso pues con Saruman aliándose con hombres poderosos y ambiciosos capaces de vender sus almas al mejor postor con tal de aumentar su poder y su riqueza, la situación se volvía cada vez más compleja y peligrosa. Cleo que escuchó con suma atención la plática de su amiga con su padrino, comprendió el porque de esa mirada triste en Anië.
Había pasado ya una semana desde que regresaron y esa tarde Anië se quedó sola a cargo de la posada, los niños habían ido a una fiesta de cumpleaños, Legolas y Gimli fueron a hacer una recorrida por el lugar para chequear que todo estuviera en orden, Nano llevó a Gandalf y a Elrond al pueblo por provisiones, de esas que usan los magos, a Esteban le faltaba una hora para salir del trabajo y Cleo había salido, pues asistía ahora a clases de baile y de ahí iría a recoger a los niños a la fiesta.
La tarde era lluviosa y sin huéspedes que atender, ni clientes que requirieran su presencia en la parte de la casa de té que funcionaba dentro de la posada, Anië se quedó en la sala de estar leyendo un libro, de pronto creyó escuchar un ruido que venía de la biblioteca pero se dijo así misma que seguramente se trataba de su imaginación y continuó leyendo, mientras leía volvió a escuchar ese extraño ruido que provenía de la biblioteca y del que ahora estaba completamente segura que no había sido producto de su imaginación. Dejó el libro que estaba leyendo sobre la mesa ratona de la sala y con suma cautela caminó con pasos lentos y firmes hacia el lugar de donde los ruidos venían.
La biblioteca estaba algo a oscuras pues ya estaba anocheciendo y entraba poca luz por la ventana, aún así algo de claridad aún había y ella entró sin encender la luz. Al entrar sintió una extraña presencia allí pero no logró distinguir nada hasta que alguien la tomó fuertemente del antebrazo y comenzó a reír a carcajadas, en ese momento Anië reconoció ese reír e intentó zafarse pero no pudo.
-¡Saruman!-, exclamó ella con algo de temor que se percibía por el tono de su voz.
-Ja, ja, ja, ja, ¡así es mi estimada señora!, - dijo el malvado mago mientras que encendía las luces con un solo chasquido de sus dedos.
-Suéltame-, le ordenó la elfa.
-¿Piensas que me intimidas con ese tonito autoritario?-, le preguntó irónicamente y entre risas.
-Suéltame –replicó la elfa-, o sino...-, fue interrumpida por Saruman.
-¿O sino qué?-.
-¡Ni te imaginas de lo que soy capaz!, ¡que me sueltes te digo!-, dijo ahora mostrando gran enfado la elfa.
Mientras el mago la tenía sujeta del ante brazo y Anië forcejeaba intentando soltarse, Saruman notó el anillo que ella lucía en su mano derecha, el finísimo y bello anillo de las ocho flores hechas en pétalos de cristal color lila finamente enhebrados en hilos de plata que Legolas le diera y que ella aceptara como compromiso de matrimonio.
-¿Tú te atreves a amenazarme?, creo que no estás en condiciones de hacerlo –se sonrió sarcásticamente-, dime ¿qué pensaría o haría Esteban si llegara a enterarse que este anillo que llevas en tu mano es el símbolo del compromiso de matrimonio entre su esposa y el jefe de seguridad de su posada?. Más aún ¿qué sentiría él al saber que su esposa no es quién dice ser, sino que es una elfa perdidamente enamorada del elfo que, o casualidad es el jefe de seguridad que también está perdidamente enamorado de ella?-, dijo Saruman.
En ese instante llegaron Legolas y Gimli que al oír la discusión que provenía de la biblioteca corrieron de inmediato hacia el lugar para ver que estaba ocurriendo; enorme fue su sorpresa cuando encontraron al vil y artero mago sujetando a Anië de uno de sus antebrazos y a ella forcejeando por zafarse.
-¿Qué no has oído a la Dama?, ¡te ha dicho que la sueltes!-, dijo Gimli amenazante.
Legolas en ese momento desenvainó una daga que llevaba oculta entre su ropa y el mago al ver semejante situación comenzó a reírse más sarcásticamente que nunca.
-¿Piensan que con esto me intimidan?, necesitan mucho más que una daga y amenzas sin sentido. Por ahora ya hice lo que tenía que hacer –continuaba riéndose a carcajadas- todavía no llegó el momento de verlos caer sin antes sufrir un poco más-, dijo ya sin reírse y empujando a la elfa fuertemente contra el suelo al mismo tiempo que con un chasquido de sus dedos desapareció dejando sólo una estela gris en el aire.
-¿Te encuentras bien?-, le preguntó Legolas ayudándola a reincorporarse.
-Sólo me duele un poco el antebrazo por el forcejeo y el golpe de la caída, por lo demás estoy bien-.
-¿Qué quería ese ruin ser aquí?-, preguntó Gimli.
-Sólo vino a amenazarnos como siempre, imagino habrá venido a reírse en mi cara de su triunfo con respecto a la alianza que tiene ahora con el alcalde pero parece que antes descubrió el anillo y me amenazó con contarle todo a Esteban-, dijo la elfa.
-¿Cómo que contarle todo a Esteban?. ¿Contarle qué?, ¡no entiendo!-, dijo Legolas.
-Pues Saruman, que no es ningún tonto se dio cuenta que este anillo es un anillo de compromiso, más aún notó por su experiencia que tiene todas las características y rasgos elficos de una joya eldar y por lo tanto sumó y dos más dos le dio cuatro-, enfatizó Anië.
-Perdón mi ignorancia –dijo Gimli- pero no entiendo esa ironía de dos más dos le dio cuatro-.
-Verás mi querido Gimli –procedió a explicar la elfa ahora con tono más suave-, Saruman sabe de alguna manera que Legolas y yo estamos enamorados uno del otro, al ver el anillo en mi mano y reconocerlo no hizo falta que supiera nada más, se dio cuenta al instante de todo y por consiguiente amenazó con contarle toda la verdad a Esteban. Si eso llegara a suceder ¡no quiero imaginarme que pasaría!-.
Los tres quedaron en silencio pero el rostro que mayor preocupación reflejaba era el de Anië que no quería ni imaginar cual sería la reacción de Esteban al enterarse de semejante cosa, ni mucho menos el dolor que podría él llegar a sentir. Legolas se le acercó entonces y la abrazó en señal de apoyo, ella se sintió algo mejor con ese abrazo y levantó su rostro cabizbajo y le dedicó una sonrisa pese a tener tristeza en su mirada.
-No quiero que estés mal ni triste-, le dijo el elfo al ver esa mirada.
-En momentos como estos, cuando me cuesta dilucidar como seguir, qué camino tomar y como actuar lastimando al menor número de personas o en lo posible a nadie, es que la tristeza se apodera de mi corazón aunque sea por unos segundos y no lo puedo evitar-, dijo ella.
-Sabes, no sé si te sirva lo que he de decirte pero tal vez pueda hacerte sentir con un poco más de fuerza – y comenzó a hablarle en elfico-, tulta tuolya, an mauya mathie, mettanna. Si boe ú-dhanna, estelio han, athar fuin ban, sin eriol natha tûr în úgarnen, sin eriol um beleg úgannen. Ú cilith’war, ú men’war, estelio han, sa ilyë caurelyar oäntuvar varna mi inya yanqui man cenilyë, meleth nîn[1]-.
Ella se quedó perdida en su mirada, admirando la fortaleza y la entereza con la que su amado le acababa de hablar, sintiendo en lo más profundo de su corazón que cada una de aquellas palabras le daba la energía y el coraje para poder seguir hasta el final, sea cual fuere.
-Hantalë Legolas, tus palabras me dan fuerzas para seguir hasta el final-, dijo ella tomándolo de las manos y mirándolo a los ojos con más ternura y amor que nuca.
-¿Renich I lú erui govannem?[2]-, le preguntó a ella.
-Ná, nauthannem I ned ô reniannem[3]-, respondió Anië.
-Yo también, pero ae ú-esteliach nad, estelio nan, estelio amen[4]-, dijo el elfo rozando el anillo con uno de sus dedos.
Ambos se abrazaron fuertemente como si con ese abrazo pudieran olvidar todo el dolor que sus corazones y almas sentían., Gimli que estaba ahí con ellos les chistó al oír que alguien había llegado y se acercaba a la biblioteca. La puerta se abrió justo unos segundos después que ya se habían separado y por ella entraron Cleo y los niños que venían muy alegres de la fiesta de cumpleaños y que corrieron para abrazarse a su madre.
[1] …, reúne todas tus fuerzas, porque debes luchar, hasta el final. Ahora es necesario no caer, ten esperanza, pronto verás como tus miedos pasan a salvo entre mis brazos, amor mío-, en Sindarin.
[2] ¿Recuerdas cuando nos conocimos?-, en Sindarin.
[3] …, pensé que estaba navegando en un sueño-, en Sindarin.
[4] … si no crees en nada más, cree en esto... cree en nosotros-, en Sindarin.
"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI" es propiedad de Anië presentado por Yersi F