"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI"

por Anië 

Capítulo 28: Ellas.  

     Dos días ya habían pasado desde que Saruman se acercara a la posada y descubriera el anillo que Legolas regalara a Anië con motivo de su compromiso en Eldamar; en apariencia todo lucía normal y tranquilo pero ella no dejaba de mantenerse alerta debido a que por ningún motivo quería que Esteban se enterara de eso, su decisión de seguir con él ya estaba tomada y no deseaba que una noticia así fuera a apenarlo.

     Esa mañana Esteban se levantó como siempre, tomó el desayuno y se fue a su trabajo, ella se puso ropa cómoda y se dispuso a arreglar el jardín, que de un día para otro comenzó a ponerse horrible, sin color, como si mil plagas de insectos lo hubiesen atacado sin descanso hasta dejarlo seco y sin una gota de vida vegetal. Ella estaba en la cocina terminando de tomar una taza de café antes de salir para arreglar las plantas cuando entró Elrond para servirse un vaso de agua.

-Alasse' aurë, ¿manen natye?[1]-, dijo Elrond.

-Alasse' aurë-, respondió ella.

-Te noto preocupada-, le dijo su padrino.

     -Puede ser, quizá la visita de Saruman del otro día me afectó más de lo que imagino, pero ahora me tiene preocupada el jardín, esta mañana cennin i meril[2] y a las otras plantas y están tristes, como muriéndose, entonces me dedicaré a ver cómo puedo hacer para que luzca tan bonito como antes-, dijo la elfa.

     -Me parece bien, además el estar en contacto con la naturaleza te ayudará a estar en paz y equilibrio con tu espíritu, con tu alma y eso es importante para cuando llegue el momento final, el momento en que la suerte de todos nosotros se decida-, sugirió Elrond.

     -Sí, lo sé, cualquier cosa ya sabes donde encontrarme-, le dijo ella con una sonrisa y tomando los guantes y las herramientas de jardinería salió de la cocina rumbo al jardín.

     Mientras arreglaba las plantas podando las partes que ya estaban secas o marchitas, o librándolas de otras plantas parásitas que no deseaba estuvieran asfixiando sus petunias, pensamientos, margaritas, etc., pensaba en todo lo que hasta ahora le había venido pasando pero por sobre todas las cosas en cuál sería la mejor manera de proteger a sus hijos cuando los tiempos comenzaran a complicarse. Justo en el instante en que iba a poner entre las plantas unos fertilizantes y algo de repelente contra los insectos que las estaban dañando o comiéndoselas, entre ellos langostas, caracoles, hormigas y demás, sintió un frío que le recorrió el cuerpo y no podía creer lo que sus ojos estaban viendo, quería correr hacia la posada pero el pánico la mantenía inmóvil mientras que un sudor frío le caía por la sien al notar que cada vez la tenía más cerca.

     -¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!-, gritó del espanto Anië.

     Cleo estaba en la cocina preparando un pastel para la tarde y en cuanto oyó los gritos desesperados de su amiga tiró todo por los aires y corrió hacia donde ella estaba, Gandalf y Elrond que estaban en la biblioteca conversando salieron tan rápido como pudieron para ver que estaba sucediendo y Legolas y Gimli, que estaban ayudando a Nano a arreglar los tejados de la posada, saltaron desde los techos junto a este para ir a ver que estaba provocando que Anië gritara de esa manera.

     Todos llegaron casi de inmediato luego de oír el grito, salvo Cleo que fue la primera en llegar y que al igual que su amiga no tardó en lanzar un grito de horror al ver lo mismo por lo que ella había gritado segundos antes.

     -¡Pero por Dios!, ¿qué es esto?-, dijo espantada Cleo cuando logró ahogar su grito-.

     -¿Qué no ves?, ¿qué te parece?-, dijo Anië tratando de moverse lo menos posible.

     -¿Qué hago?-, dijo algo asustada justo cuando el resto llegaba al lugar y quedaban atónitos con la escena que tenían frente a sus ojos.

     -No te muevas, quédate donde estás que ya se me ocurrirá algo-, dijo la elfa casi sin hacer un movimiento.

     -¡Por Erü!, exclamó Elrond.

     -¡Arañas!, exclamaron a coro Gandalf, Legolas, Gimli y Nano.

     -¿De dónde pudieron salir tantas?-, peguntó al aire Nano.

     -¡Esto no puede ser más que obra de Saruman!, exclamó mostrando algo de enfado Gandalf.

     En ese instante se oyó una malvada risa como melodía perdida en el aire. Sí, la presencia de aquellas arañas no era otra cosa que obra de Saruman quién sabía que Anië en cierta forma aún les temía por su traumática experiencia con ellas.

     Las arañas rodeaban a la elfa, Legolas sentía un nudo en su garganta al ver a su amada en tan complicada situación, pues cualquier movimiento, por mínimo que fuera, podía ocasionar que la araña que ahora estaba subida a una de sus piernas la picara, ¿qué hacer entonces?. Todos permanecían en silencio alrededor de semejante espectáculo, cada uno pensando en qué podían hacer para ayudar a Anië en esa situación sin complicarla más de lo que ya estaba.

     De repente y para sorpresa de todos Anië comenzó a recitar unas palabras en élfico, una mezcla de sindarín y quenya, y mientras decía aquellas palabras su cuerpo empezó a irradiar una luz tan brillante que les impedía ver bien que era lo que sucedía.

     -Eru, ¿man prestant i ardhon?, ilye tier unduláve lumbule ter oiomornie, rithannen i geven, si linna i waew trin ylf. An i ú nathant, an i naun ului, le echelithar aen liante arta-va i calima[3]-.

     Al terminar de recitar la oración en élfico su cuerpo brilló más aún por unos segundos de manera tal que encegueció a los que la estaban rodeando, cuando al fin pudieron ver, las arañas que rodeaban a Anië y la que estaba subida en su pierna, habían desaparecido como por arte de magia.

     -¡Increíble!-, exclamó Gandalf ante los ojos perplejos del resto de los presentes.

     -¡Vamos!, vayamos hacia adentro, no sé cuánto tiempo tardarán en volver, siento que lo harán y no quiero estar aquí cuando lo hagan, la verdad me resultan muy desagradables-, dijo la elfa.

     Todos seguían asombradísimos con lo que acababan de ver, era la primera vez que la veían hacer algo así, y la primera vez que ella enfrentaba a las arañas de esa manera pues desde que Saruman la capturara y las usara para torturarle Anië sentía pánico cada vez que las tenía enfrente. Ante sus palabras todos entraron de inmediato a la posada y Cleo preparó un té para todos.

     -Hija mía-le preguntó Elrond mientras tomaban el té-, tenías idea de que eras capaz de hacer semejante cosa-.

     -La verdad no, es algo que sentí, no puedo explicar como ni porque pero desde que fuimos a Eldamar es como si algo hubiera cambiado en mi de alguna manera-, respondió.

     -A mí realmente me sorprende el que pudieras hacerles frente, yo en tu misma situación me habría muerto de un ataque al corazón-, le dijo Cleo.

     -Mira Cleo, supongo que en otro momento de mi vida tal vez podría haberme pasado lo mismo, pero esta vez las tenía frente a mí y sentí pánico por unos segundos pero luego es como si una gran fuerza interior me brotara y no sé aún como pero vinieron a mi mente aquellas palabras que me ayudaron a alejarlas-, explicó la elfa.

     -¡Miren!, ¡Abi tenía razón!-, dijo Nano viendo por la ventana, que en el césped del jardín, cercano a donde habían estado hace unos minutos atrás, estaba nuevamente minado de arañas, de los más variados colores y tamaños.

     -Ya no me cabe ninguna duda, esto es obra de Saruman-, dijo Gandalf con algo de enfado.

     -A mí tampoco, intenta ver si puede sacar provecho de mi temor por las arañas pero esta vez se equivoca de nuevo, no pudo doblegarme aquella vez torturándome con ellas, no me amedrentará ahora-, enfatizó la elfa.

     -Pues bien, pase lo que pase de ahora en más, hay que buscar la manera de sacarlas del jardín, podría ser peligroso para cualquiera, en especial para tus hijos Anië, esas arañas por su contextura y color parecen ser muy venenosas-, dijo ahora Elrond mostrando preocupación por los hijos de su ahijada, que también, de alguna manera, eran parte de la familia de los elfos.

     -¿Qué sugieres Elrond?, si es obra de Saruman no será tan fácil sacarlas de aquí-, dijo Legolas mostrando preocupación.

     -Pues algo se nos va a ocurrir –dijo Anië-, pero mientras tanto lo mejor será que nadie vaya a aquella parte del jardín. Por favor Nano que nadie salga y vaya hacia allí, nosotras Cleo procuremos que los niños se mantengan adentro hasta que podamos controlar la situación. Padrino, Gandalf, de ustedes necesito me ayuden a encontrar la forma de hacer que se vayan de aquí; Gimli, necesito te mantengas alerta de que no comiencen a acercarse a la posada y mucho menos que vayan a entrar, y de ti Legolas –dijo viéndolo con ternura-, como siempre voy a pedirte que te mantengas junto a mí para no dejarme caer-.    

     -Eso ni hace falta que lo digas o que me lo pidas, siempre estaré ahí para velar por ti y por los que amas-, le dijo tomándola de las manos.

     -Por lo pronto llamaré a un exterminador de plagas para que trate de eliminarlas-, dijo enfáticamente Nano.

     -No creo posible que un exterminador de plagas común pueda contra ellas, no sí las mandó Saruman, yo he visto antes lo que puede hacer, sé que podemos ganarle, pero no hay que subestimarle, podría jugarnos en contra-, dijo el enano.

     -Coincido con tu palabras-, dijo Elrond.

     -¡Bien!, como sea, pero hay que sacarlas de aquí o ahuyentarlas de alguna manera, no las quiero cerca y menos de mis hijos-, dijo Anië.

     -En que hay que sacarlas estamos todos de acuerdo, pero si un simple exterminador no nos sirve por favor ustedes –dijo Cleo mirando a Anië, Elrond y Gandalf-, hagan algo rápido pues cada vez se acercan más y a mi sí me está empezando a agarrar un ataque de pánico que por el momento estoy logrando controlar-.

     -¿Los niños?, ¿dónde están?-, preguntó ahora algo asustada Anië al ver que las arañas estaban cada vez más cerca de la edificación.

     -En su cuarto, ¡más a salvo ellos que nosotros!-, respondió Cleo.

     Luego de debatir entre todos por algo más de media hora acerca de qué podían hacer con semejante situación, Gandalf que se mantenía pensativo dijo:

     -Creo que hay algo que puede funcionar, pero teniendo en cuenta lo que hiciste allí afuera con ellas voy a precisar de toda tu ayuda Anië-, dijo el mago.

     -Está bien, dime, ¿que es lo que hay que hacer?-, preguntó Anië.

     -Primero necesito que domines todo el pánico y el terror que ellas te causan pero por completo, luego saldremos e invocaremos a la fuerza de la luz para que las devuelva al lugar oscuro de donde salieron. Pronunciaremos un pequeño conjuro y entre tu magia y la mía creo lo lograremos-, dijo Gandalf a Anië.

     -Está bien, creo que puedo, si pude hace unos instantes podré ahora también-, dijo ella.

     Gandalf y Anië salieron al jardín por la puerta de la cocina, a pocos centímetros las arañas ya  los estaban esperando como preparadas para atacarlos, los demás miraban atentamente la escena desde el interior de la posada. Legolas permanecia inquieto, confiaba en Gandalf y en su amada pero aún así no podía evitar temer por la vida de Anië y  oraba para que todo terminara bien y lo antes posible.

     Elrond mantenía su mirada firme en cada cosa que sucedía, las arañas, algunas de ellas de casi 20 centímetros de diámetro con sus patas abiertas y de un color negro azabache amenazador, continuaban acercándose, mientras Cleo que ya no pudo soportar quedarse viendo lo que sucedía se fue al cuarto de los niños para hacerles compañía y que no advirtieran lo que sucedía afuera.

     -¿Estás lista?-, preguntó Gandalf a la elfa.

     -Eso creo-, le respondió.

     -Repite estas palabras conmigo: lianti-llo i qualmë  –Anië repetía cada una de las palabras del mago al mismo tiempo que cada uno de los dos comenzaba a irradiar una luz enceguecedora-, ôl dûr ristannen, hollen i ven na i ancalima ar mennen um lau garuva vala ar firuva[4]-.

     Luego de lanzar ese conjuro contra las arañas invasoras enviadas por Saruman, éstas comenzaron a morir y a desaparecerse convirtiéndose en un humo negro y pestilente. Para la tranquilidad de todos, la elfa y el mago, habían logrado hacerlas desaparecer por completo.

 


 

[1] -Buenos días, ¿cómo estás?-, en Quenya.

[2] Vi las rosas, en Sindarin.

[3] -Eru, ¿qué sucede en el mundo?, todos los caminos se han ahogado en sombras a través de la interminable oscuridad, las tierras tiemblan, a través de las ramas los vientos silvan. Por lo que debió haber sido, por lo que nunca fue, lejos te llevaré araña a través de la luz-, mezcla de Quenya y Sindarin.

[4] …arañas de la muerte, el sueño oscuro se ha acabado, el camino está cerrado por la luz y su mal no tendrá poder y morirá-, mezcla de Quenya y Sindarin.


"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI" es propiedad de Anië  presentado por Yersi F

~* Yersi-Nirvana*~