por Anië
Capítulo 29: La traición del Padre.
Desde la aparición de las arañas una semana atrás en el jardín de la posada, pese a que Anië y Gandalf lograron que no volvieran a aparecer, muchas cosas comenzaron a cambiar en el entorno y en el mundo entero, la maldad y la ambición de poder y riqueza de los hombres estaba desatando los peores sentimientos que pueden existir en los corazones, sentimientos que oscurecen el alma, sentimientos como envidia, rencor, odio, etc.
No habían dudas, las sombras del mal se estaban apoderando del mundo, la violencia crecía en las calles, la gente de a poco se volvía más insensible y menos solidaria, cada uno pensaba en si mismo y el egoísmo crecía como una bola de nieve que destruye todo a su paso, las guerras aumentaban en el mundo debido que a los hombres con sed de poder trataban de imponer sus voluntades y de apoderarse de los territorios que les servían para incrementar sus riquezas.
Ya era realmente evidente que el momento que decidiría el destino del mundo estaba cada vez más cerca, ¿podría el mundo de los hombres salvarse?, ¿cómo hacer para que no terminaran destruyéndose unos a otros y que comprendieran que si no se unían, sino eran más solidarios y se respetaban iban a terminar dejando el mundo en ruinas y que el hombre, como tal, se iba a terminar extinguiendo?, ¿cómo evitar que siguieran contaminando el aire y las aguas, y devastando los bosques y las selvas por su ambición?, es que acaso no se daban cuenta que con esas acciones pronto no tendrían un mundo donde vivir?, la ambición y la codicia los tenía ciegos, y los pocos que quedaban con fuerzas para luchar contra todo eso eran perseguidos o acosados.
Pese a todo ese panorama desalentador, en los corazones de muchos hombres y mujeres aún los buenos sentimientos seguían viviendo y los llevaban a seguir ayudando a sus prójimos, a seguir contra todo y manteniendo la esperanza de que todo podía mejorar aunque por el momento nada dejara de empeorar. Formaban agrupaciones donde algunos luchaban por proteger la ecología y evitar que el mundo terminara destruido por la contaminación de las aguas y el aire, otros se reunían para ayudar a los desprotegidos y a los que necesitaban alimentos, ropas, medicinas, etc.
El pueblo donde Abi vivía con su familia, que hasta ahora había estado lejos de todas esas calamidades y en el que sus habitantes veían la destrucción y las penas que las guerras causaban a través de sus televisores, ya no era ajeno a la oscuridad que se estaba apoderando de las almas y los corazones de los hombres y las injusticias se sucedían día a día entre sus pobladores.
Los padres humanos de Anië estaban separados desde hacía algo más de 10 años, según el tiempo de los hombres, y desde que se habían separado nunca tuvieron una muy buena relación, de hecho vivían en guerra constante ya que la madre de ella tenía que permanentemente reclamar para que los derechos de sus hijos fueran respetados por su padre, un hombre que resultó tener un alma algo más que oscura, que nunca se interesó por sus hijos y que cuando estos se le acercaban para pedirle un poco de cariño lo único que encontraban era un hombre frío que no les prestaba atención .
Un tiempo antes de que sus padres se separaran, Anië, en aquel entonces Abi, descubrió que su padre se reunía con un grupo de personas que practicaban las artes oscuras, es decir se dedicaban a realizar trabajos de magia negra que los ayudaban a obtener aquello que querían sin importar el daño que causaran a otros. Cuando lo descubrió, éste trató de que ella se uniera al lado oscuro de la magia debido a que él sabía que ella tenía cierta magia o poder, o de otro modo Chela, su suegra, no le dedicaría tanto tiempo, ni dejaría que ella pasara horas y horas entre sus cosas de magia y hechicería, blanca por supuesto.
Desde aquel entonces Abi y su padre casi ni hablaban, él pretendía que ella no apoyara a su madre ni siquiera moralmente y ella le dijo que eso era algo que no podía pedirle, ni eso ni que se le uniera en las artes oscuras. Su padre no soportó esto y se fue alejando de ella a tal punto de ni siquiera ir a ver a sus nietos, ella con algo de dolor en su corazón prefirió tenerlo lejos para que no resultara mala influencia para los pequeños, pues no quería tener nada cerca que tuviera que ver con la magia o las artes oscuras pese a querer a su padre humano, ella por aquel entonces desconocía su verdadera identidad y cuando vivió como elfa no pudo tener a su padre porque este fue asesinado, según lo que le dijeron.
Ahora ella había vuelto a aprender a vivir sin su padre, del que ahora sabía que no era hija, y sus hijos, sin su abuelo, ahora ella era uno de los pocos pilares de sostén que le quedaban a su madre humana, que día a día desgastaba su salud en luchar contra aquel oscuro y cruel hombre. Cada vez que su madre le contaba cada cosa nueva que su padre le hacía y que ella debía padecer, Anië se apenaba por no poder comprender como un hombre puede tratar con tanto desprecio a la mujer que es la madre de sus hijos.
Ese día había amanecido con un cielo gris plomizo, no estaba cálido pero tampoco frio, y desde que había aclarado, una llovizna incesante caía dejando un paisaje triste a la vista de cualquiera. Como siempre, Esteban se había ido temprano a su trabajo y el resto de los ahora ya habitantes de la posada, Legolas, Gimli, Elrond y Gandalf, permanecían reunidos en la habitación del mago, mientras tanto Anië, Cleo y Nano compartían una taza de té en la cocina y los niños jugaban en su cuarto.
Anië estaba por tomar el último sorbo de su taza de té cuando el teléfono comenzó a sonar, se levantó y caminó unos pasos hacia la mesa donde se encontraba el aparato, levantó el tuvo y atendió el llamado.
-Hola-, dijo Anië.
-Hola –dijo la voz acongojada de su madre-, hija, ¿tienes algo de tiempo para hablar con tu mamá?-.
-Si mamá, ¿qué te sucede?, ¡te siento mal la voz!-.
-Prefiero no hablarlo por teléfono, ¿puedo ir para allá?-.
-Sí, claro!, pero, ¿no me podes adelantar nada por teléfono?-.
-Insisto hija, prefiero que lo hablemos cuando llegue, ¿no te molesta que vaya ahora, no?-.
-No mamá, vení que te espero-, dijo Anië y luego colgó el teléfono.
A los veinte minutos de haber hablado con su madre, ésta llegó a la posada con la mirada más triste que nunca y muy apenada, ambas entonces se saludaron con un fuerte abrazo y se dirigieron hacia la biblioteca para conversar a solas.
-Mamá –dijo Anië viendo con ternura a su madre humana-, ¿qué te ha sucedido para que estés así?, la verdad es que me dejaste más que preocupada luego de tu llamado-.
-Otra vez tu padre...-, estaba diciendo cuando Anië la interrumpió.
-Ese hombre, ¿otra vez qué mamá?-.
-Siempre encuentra la manera de amargarme la vida y salirse con la suya-.
-Disculpa que no te entienda, pero, ¿qué es lo que ahora te ha hecho?-, preguntó Anië.
-Consiguió por intermedio de un juez amigo del alcalde que revocaran mi pedido para que siga ayudando a tu hermana con sus estudios, ¡ya no sé que más hacer!-, dijo su madre.
-Por favor mamá, no vayas a malinterpretar lo que voy a decirte pero no sé que es lo que te sorprende, si siempre fue igual. Nunca le importaron sus hijos, por qué iba a cambiar ahora-, enfatizó la elfa.
-Pero Abi, ya no doy más, él no puede negarle el dinero que le corresponde a tu hermana para que pueda pagarse los gastos de la universidad, de otra manera no va a poder seguir estudiando. Ahora tu padre logró formar parte del grupo de asesores del alcalde y como éste tiene un juez amigo consiguió que no dieran curso a la demanda-, comentó la madre.
-No te desesperes, alguna solución va a aparecer en el momento que menos esperemos-, dijo Anië.
-¿Qué solución?, si cuando le retruqué lo que estaba haciendo con ella y le dije que entonces se olvidara de seguir reclamando la mitad de una casa que no pagó, que pagamos nosotras con nuestro esfuerzo cuando él se fue y nos abandonó y que de ahí no iba a ver un peso ni aunque yo estuviera muerta me amenazó-, explicó la madre de Anië.
-¿Que hizo qué?, ¿cómo que te amenazó?-, preguntó la elfa.
-Me dijo que si me cruzaba por la calle me pasaba con el auto por arriba y que mejor me cuidara de los accidentes, que a veces estos suceden de la manera más estúpida; y la verdad hija es que no sólo tengo miedo por su locura sino porque él se junta con esa gente rara que anda practicando la magia oscura-, dijo la mujer algo espantada.
-¡Con que así están las cosas, eh!, ¡bien!-, dijo Anië con indignación y salió de la biblioteca rumbo a la cocina para hablar con Nano que aún seguía allí conversando con Cleo.
-¡Hija!, ¿a dónde vás?, ¿qué vas a hacer?-, le peguntó su madre preocupada.
-Lo que debí haber hecho hace tiempo, ponerlo en su lugar, al menos va a escuchar todo lo que tengo para decirle-, dijo Anië.
-¡Es una locura!, ¡no vayas!, ¡él se junta con gente muy peligrosa y malvada!-, dijo la mujer.
-Si, lo sé, y si esto a ti te asusta te cuento que a mi no, yo no le tengo miedo, sé de lo que es capaz pero también sé de lo que yo soy capaz, y vos lo sabés también porque se que la abuela te lo dijo antes de morir-, afirmó Anië.
La madre de Anië bajó la mirada con tristeza, sabía dentro de su corazón que las palabras de su hija era totalmente acertadas en todo sentido, aún así no podía evitar preocuparse por lo que podía llegar a suceder. La siguió hasta la cocina y entró tras ella.
-¿Tienes las llaves de la camioneta acá?-, preguntó Anië a Nano.
-Si. ¿A donde quieres que te lleve?-, le preguntó él.
-A ningún lado, quiero que me las des para ir yo sola, es sólo por un rato, voy y vengo enseguida-.
-Pero Abi, ¡hace mucho tiempo que no manejas!-, dijo Nano.
-Si, ¿y?, ¿me darás las llaves o no?-, preguntó la elfa.
-Cómo quieras, ¡aquí las tienes!-, dijo Nano dándole las llaves de la camioneta.
-Disculpa que me meta Abi, pero, ¿a dónde es que quieres ir sola y manejando?-, le preguntó Cleo a su amiga.
-Tengo que ir a ver a alguien que me va a escuchar le guste o no, no importa quien ni a donde, ustedes confíen en mí, voy y vuelvo en seguida-, dijo tomando las llaves de la mano de Nano y saliendo de la cocina.
Su madre quedó en silencio y dejando caer unas lágrimas, tenía mucho miedo de lo que podía suceder si su hija enfrentaba a su ex marido, él era un hombre realmente oscuro, cruel y frío de sentimientos.
-¿Qué le sucede Elisa?, ¿por qué está así?-, preguntó Cleo a la madre de Abi abrazándola al verla en ese estado.
-¡Tu siempre tan linda y atenta Cleo!, lo que sucede es lo de siempre, problemas y más problemas con el padre de Abi, sólo que esta vez no pensé que ella fuera a ponerse así cuando le contara lo último que me hizo y ahora ella fue a recriminarle el que me hubiera amenazado y tengo miedo por lo que pueda pasar si ellos chocan; ¿me entiendes?-, dijo sin poder contener el llanto.
-¡NANO!, comenzó a llamarlo Cleo a los gritos pues él se había ido a controlar que no faltara nada para poder preparar el almuerzo ya que era el encargado de controlar esas cosas.
-¡NANO!, ¡ven!-, seguía gritando con tanta desesperación Cleo que a los segundos no sólo Nano entraba desencajado a la cocina sino que Gandalf, Elrond, Legolas y Gimli se hicieron presentes para ver que provocaba que gritara de esa manera.
-¿Qué sucede?, ¿te volviste loca?, asustarás a los niños y Abi no está para calmarlos-, dijo Nano algo enfadado.
-¿Cómo que no está?, ¿a donde fue sin avisar?-, dijo algo preocupado Legolas.
Todos trataban de hablar con cautela pues Elisa aún no sabía que Abi en realidad no era su hija sino que era una elfa cuyo nombre es Anië y a la que a través de un hechizo que realizaron su madre y Tasha la hicieran renacer como su hija para poder ocultarla de las fuerzas oscuras de Saruman. Para la madre de Abi, Legolas, Leo para ella, hablaba por la preocupación de quien estaba a cargo de su seguridad.
-Siento que todos ahora estén tan preocupados como yo por Abi, tal vez no debí contarle nada-, dijo ahora Elisa tratando de contener el llanto.
-¿Qué es lo que le contó señora?-, le preguntó Gandalf con gran amabilidad intentando que se calmara un poco.
-¡Que su padre me amenazó de muerte!-, dijo Elisa.
-¡Cómo!-, exclamaron todos los demás a coro.
Anië había ido a toda velocidad hasta la alcaldía, pues si su padre era ahora asesor del alcalde seguramente ese era el lugar indicado para ubicarlo. Bajó de la camioneta a la que dejó estacionada a una cuadra de la alcaldía y mientras caminaba hacia la puerta del edificio iba pensando detenidamente todo aquello que le diría.
Llegó a la puerta y preguntó por él, un agente de seguridad que allí estaba le indicó como llegar hasta la oficina donde trabajaba su padre, subió por las escaleras dos pisos y caminó unos tres metros por un pasillo hasta llegar a una puerta de color gris oscuro que tenía escrito el nombre de su padre. Ya frente a la puerta respiró profundo y golpeo.
-Abi, adelante-, dijo su padre con tono solemne.
Ella al oír eso no pudo evitar que sus piernas temblaran por algunos segundos, volvió a respirar más profundo aún, abrió la puerta y entró. Frente a ella estaba sentado su padre tras un escritorio, y ella continuaba viéndolo sin decir nada mientras él prendía un cigarrillo con un fósforo.
-Pasa hija, no vas a quedarte parada ahí, ven siéntate-, le dijo señalando la silla que estaba frente a su escritorio.
-No, gracias, estoy bien así. ¡Además no te robaré mucho tiempo con lo que vine a decirte!-, le dijo ella con un tono algo irónico.
-Pero hija, no seas orgullosa, hace tanto tiempo que no nos vemos, aunque sea aprovechemos la ocasión para compartir un café-, dijo el hombre.
-No, gracias –dijo ella mostrando ahora algo de enfado-, no vine a tomar un café contigo y mucho menos a compartir nada, tu ya sabes que pienso de ti. Sólo voy a decirte que más te vale que a mamá no le pase nada, ¿entiendes?-.
-¡Así que ya te fue con el cuento!. ¿Con qué cara vienes tu aquí a hacerme algún tipo de reclamo?, ¿acaso piensas que voy a tenerte miedo?-, dijo mirándola fríamente a los ojos.
-¡Deberías!-, dijo la elfa sintiendo que un frío le recorría el cuerpo.
-¡Ja, ja, ja! –rió su padre y siguió diciendo-, no te equivoques conmigo mi querida Abi, ¿o debería decirte Anië?-.
Ella quedó como paralizada al oír esas palabras mientras que su padre se ponía de pie.
-¿Qué pasa?, ¿te comieron la lengua los ratones que no me contestás?-, le preguntó mientras se iba acercando a ella.
La elfa dio unos pasos atrás y se quedó observando con atención cada movimiento que este hacía.
-Dime –dijo ahora su padre con tono autoritario-, Anië porque debería tenerme miedo, ni siquiera tienes la autoridad realmente de hija para venir a decirme como debo o no tratar a tu ¿madre?. ¿Ella sabe ya la verdad?, no, seguro que no, ¡jajajajajajaja!-.
-¡No entiendo de que estás hablando!, dijo ella seriamente fingiendo no saber de que le estaba hablando.
-Así que no entiendes de qué te hablo. ¡Qué bien!, voy a explicarte de que se trata...-, en ese instante alguien golpeó la puerta.
-¡Adelante!,-dijo algo enfadado el padre de Anië.
-¡Dante!, no sabía que estabas tan bien acompañado-, dijo una voz que a Anië le resultó muy familiar.
-¡Maestro!, buenos días, ¡pase por favor!-.
Anië quedó perpleja al ver que entraba el maestro y mentor de las artes oscuras de su padre humano, al ver que ese otro despreciable ser por fin dejaba ver su rostro. Enorme fue su sorpresa cuando ese hombre al que estaba viendo, el maestro de su padre, no era otro que Saruman.
-¡Saruman!-, exclamó ella ahora con una cara casi de espanto.
-Imagino ahora se te aclaran muchas dudas, ¿verdad?-, preguntó irónicamente ahora Dante a la elfa que intentaba ir hacia la puerta.
-¿Tan rápido te vas querida mía?-,preguntó Saruman con una sonrisa en su rostro.
-¡Debí imaginarme que eras tu quien estaba detrás de todo esto!-, dijo Anië
-No sé porqué me miras con ira Anië, solo ayudo a tu padre con lo que es justo-, dijo Saruman.
-¿Tú hablas de justicia?, ¿tú que estás ayudando a este hombre a destruir a una pobre mujer que lucha por aquello que le corresponde a su hija?, ¿con qué derecho?-, recriminó Anië.
-Con el mismo que tu mi querida elfa ayudas a la misma mujer que ni siquiera es tu madre, a propósito, dime, ¿que pasaría si ella también se enterara de la verdad?, ¡pobre mujer!, ¡qué timadora que eres, engañas a Elisa, engañas a Esteban!, dime ¿que pasaría si se me acaba de pronto la paciencia y les cuento todo?-, amenazó Saruman.
-Pues haz lo que te venga en gana, ya la verdad me cansaste con tus amenazas, además aunque lo hagas eso no impedirá que siga cuidando de esa mujer que aunque no sea mi madre de verdad me crió y me cuidó siempre como si así fuera, esa mujer tiene una capacidad de amar que ustedes ni conocen, eso es lo que la hace especial y no permitiré que la dañen-, dijo la elfa mirando a ambos magos oscuros.
-¿No puedo creer como fuiste capaz de traicionarla de esta manera?-, dijo luego algo indignada mirando a Dante.
-De la misma manera que te traicioné a ti, por poder y dinero, algo que gracias a mi maestro he logrado conseguir-, dijo Dante.
-¿Traicionarme a mí?-, preguntó Anië.
-Si, gracias a que amenacé a Elisa tu estas aquí, sola, y dime ¿ahora quien te protegerá?, sin tu séquito de compañeros y amiguitos que te defiendan, quién impedirá que por fin te nos unas a las sombras y nos ayudes a tomar control del mundo?-, dijo Dante tomándola de uno de sus brazos.
-¡Suéltame basura!-, gritó ella.
-No te esfuerces en gritar mi querida, aquí eso de nada te servirá pues nadie te escuchará y los que lo hagan son sirvientes nuestros que harán como si nada pasara-, dijo Saruman.
-Lo siento pero tú lo quisiste así, tu me forzaste a hacer las cosas por la fuerza-, dijo Dante mientras la arrastraba hacia donde Saruman estaba.
Luego de que Elisa le contara a todos los que había sucedido, Nano y Legolas partieron lo más veloces que pudieron rumbo a la alcaldía mientras los demás se quedaron orando para que nada malo fuera a suceder. Gimli se quedó bufando por los rincones por no poder acompañar a Legolas y a Nano, pero sólo había una moto y no podían ir los tres, por lo tanto no tuvo opción; Nano era quien sabía manejar la moto y Legolas iba para asegurarse de que nada le pasara a su amada.
"Historia de Amor Élfico en el siglo XXI" es propiedad de Anië presentado por Yersi F