por Eala
Legolas
acompañó a Elrond hacia los jardines, donde vio innumerables elfos caminando
de aquí para allá, llevando flores, arreglos y telas por todas partes. Al ver
tanto movimiento Legolas se reprochó así mismo por no haberse dado cuenta
antes.
-
Bueno,
espero verle en el almuerzo, rey Legolas – se despidió Elrond –
tengo que ocuparme de algunas cosas ahora, Namarië! **adiós**
-
Namarië!
– **adiós** respondió Legolas.
-
Mientras
caminaba se encontró con un sinfín de elfos, invitados al almuerzo.
-
¿Legolas?
– escuchó una voz detrás de él
-
¡Amaldir! Mucho tiempo sin vernos! – respondió Legolas.
-
Veo
que tú también viniste a ver a la Dama! Yo ya no puedo soportar las ganas de
verla! –
-
No
cambias, no? – respondió
Legolas.
Uno
de los grandes mitos élficos de los últimos tiempos, era la belleza de
Arialdnir. Se decía que era la hermosura personificada, tenía que admitirlo,
él también sentía un poco de curiosidad.
Se
despidió de su amigo y decidió tomar un paseo por el bosque. Tomó su arco y
su carcaj de flechas (los regalos de Galadriel, en el tiempo de la compañía)
y se dirigió a un pequeño lugar de los jardines que Elrond había diseñado
para que los elfos puedan practicar el arte del tiro de flecha. Legolas se acercó
hacia un pequeño y alejado descampado entre los árboles, en el centro había
una pequeña mesa y, al frente, a
muchos metros (un ojo humano no hubiera podido verlos) se encontraban diversos
montículos de paja ubicados horizontalmente, en línea recta, con telas blancas
pintadas con tres círculos concéntricos
y, en el último de ellos, un pequeño circulo pintado de negro. Legolas se ubicó
al lado de la mesa y disparó un par de veces, después decidió que era mejor
partir para poder asearse un poco, cambiarse las ropas de viaje y dirigirse al
almuerzo; pero primero debía ver sus resultados. Caminó hacia los montículos
de paja y contempló que las cinco flechas que había lanzado habían
caído en los puntos negros de cada montículo, exactamente en el centro,
sonrió complacido y tomando sus flechas se
retiró al palacio.
Llegó
a la parte este de las habitaciones, seguido de un elfo que le indicó que, por
órdenes del gran Señor Elrond, sus cosas habían sido llevadas al cuarto de
invitados principal y su caballo había sido llevado a los establos. Legolas
asintió y el elfo se despidió de él (con una reverencia, claro) y le pidió que por favor le
llamara si necesitaba algo. Legolas entró en el cuarto y observó que todo
estaba ricamente adornado “Propio de un rey” se dijo para sus adentros sin
poder evitar que una sonrisa invada su rostro. Era verdad, al llegar ahí lo había
olvidado por completo, pero la reverencia que hizo el sirviente de Elrond se lo
recordó: ya no era simplemente el hijo de un rey con un mensaje para el señor
de la casa, ahora era “el rey Legolas que llegaba para la celebración”.
-
La
celebración! El almuerzo! Lo había olvidado! –
Legolas
se aseó rápidamente y desempacó sus cosas. Tomó una túnica plateada y se la
puso recordando con cariño a su madre. Ella siempre le decía que siga siempre
sus instintos, y esta vez sus instintos le habían hecho llevar varios cambios
de ropa y túnicas de gala; supuso que en el fondo, sentía que algo importante
pasaría...
Se
vistió y salió raudamente hacia los jardines principales. En el camino observó
a varios elfos que se dirigían al mismo lugar que él, todos con sus mejores
galas, e incluso pudo notar la
mirada de varias elfas que se dirigían hacia él sonriendo mientras pasaba.
Finalmente
llegó. Había un gran toldo encima de los jardines y varias mesas rectangulares
habían sido ubicadas todas decoradas y con los mas increíbles manjares en
ellas, pero había una en particular una que llamó su atención. Era la mesa
central, decorada con un color distinto. Mientras todas iban decorados de un
celeste pálido, esta tenía un mantel verde claro con bordes dorados y en el
centro lateral tenía cinco sillas ricamente adornadas, la del medio ligeramente
más que las otras. Todo estaba dispuesto de una forma que todas
las mesas podrían observar a quienes ocuparían tan importantes lugares.
Una elfa vestida con una túnica blanca se le acercó y amablemente le preguntó
su nombre.
-
Mi
nombre es Legolas, soy.... –
-
Oh! Rey Legolas, por supuesto! –interrumpió la elfa que tenía un rostro de
emoción – Oh!, disculpe que lo haya interrumpido – dijo sonrojándose –
las historias y los cantos hablan del gran elfo silvano que formó parte de la
compañía del anillo; nunca pensé que podría conocerlo, Su Majestad –
-
No
se preocupe, y llámeme Legolas por favor -
Legolas le sonrió causando mayor sonrojo en la elfa.
-
Por
supuesto Su Maj.. digo, Rey Legolas, sígame por favor, le enseñaré su asiento
–acto seguido comenzó a abrirse sutilmente el paso a través de las mesas.
Legolas
quiso frenarla y decirle que podría llamarlo sólo Legolas, sin necesidad del
“rey” pero suponía que haber logrado que lo llame por su nombre era ya
mucho pedir.
Para
su sorpresa, la elfa lo llevó a la mesa central y lo sentó justo
enfrente de los sillones principales. Legolas quiso voltear hacia la elfa y
decirle que había algún error, él no podría sentarse allí, pero al voltear
se encontró con la sonrisa de la elfa quien, al haber cumplido ya su tarea,
instantáneamente se despidió con una ligera reverencia y se alejó al
lugar donde lo había encontrado.
Los
sitios alrededor de Legolas se empezaban a llenar, pudo observar como los más
importantes elfos ocupaban sus lugares alrededor de él saludándolo, llamándolo
por su nombre (acompañado del “rey”, por supuesto) y pidiendo noticias
sobre el reino del Bosque. Legolas sentía como si flotara en un mundo irreal,
hasta que una voz conocida lo bajó de su nube.
-
Legolas,
nos encontramos de nuevo! – sonrió Glorfindel – al menos tendré a alguien
con quién charlar! Claro, si encuentras tiempo para un viejo conocido – dijo
mientras observaba a dos elfos que se acercaban a saludar al joven rey.
Legolas
devolvió el saludo a los dos elfos y rápidamente volteó hacia Glorfindel.
-
No
tenía idea que era tan conocido! – exclamó – mas me hace feliz ver una
cara más conocida a mi lado.
-
Ja! Deberías salir más a menudo entonces! - respondió su amigo – o acaso crees que las acciones que
realizaron la Compañía pasarían desadvertidas para los demás!
Los
dos amigos sonrieron y empezaron a charlar de temas sin importancia, después de
todo hace mucho tiempo ya que no se veían. Ellos habían sido amigos desde que
se conocieron en las celebraciones del fin de la guerra. Desde entonces se
mantenían en contacto tanto como podían, a Legolas le agradaba tener tan sabio
elfo como amigo.
De
pronto unas campanadas interrumpieron las conversaciones. Todos se callaron y
Legolas pudo ver que absolutamente todos los sitios estaban ocupados, excepto
las cinco bancas frente a ellos, claro.
Acto
seguido, unas cortinas ubicadas en el arco principal del toldo se abrieron dando
paso a un hermoso elfo, Ellendan,
hijo de Elrond, seguido de su otro hermano Elrohir quien en un brazo
escoltaba a su hermana Arwen, quien llevaba un vestido realmente hermoso.
Todos se levantaron de sus asientos. Los tres hermanos caminaron hasta la
mesa de Legolas, en dirección de los cinco asientos libres. Los hermanos
tomaron los asientos extremos y Arwen se sentó en el costado izquierdo del sillón
principal, justo al frente de Legolas. Ella se inclinó como saludo y Legolas le
repitió el gesto con una sonrisa. De repente, múltiples gritos de asombro
resonaron en todo el lugar y Legolas pudo ver por qué. En el umbral del arco
aparecía una luz blanca refulgiendo. Eran Elrond con Arialdnir. Elrond estaba
radiante de felicidad y orgullo y vestía una túnica dorada. Ella llevaba un
precioso vestido de terciopelo
verde oscuro y las mangas de color negro, colores sobrios que ni aún así podían
opacar el brillo de la Dama. Llevaba el vestido con un ligero escote,
ceñido al cuerpo hasta la cintura desde donde caía libremente hasta el
piso. Ella era realmente hermosa. Su cabello castaño claro refulgía ante el
brillo de las luces y sus ojos color de la dulce miel miraban todo
con una sonrisa que dejaba ver los dientes blancos y perfectos como
perlas. Su piel era blanca
ligeramente tostada por el sol y se veía tan suave y cremosa. Su cabello lo
llevaba recogido en un moño que dejaba su delgado cuello al descubierto
decorado con una gargantilla de mithril que llevaba un extraño y bello
dije en ella.
Caminaron
sutilmente entre las mesas hasta llegar a los dos asientos vacíos. Elrond se
sentó al medio y su hija a la derecha. Todos se sentaron (bueno, al menos los
que habían logrado salir del trance). En ese instante Elrond hizo
un ligero gesto, indicando el comienzo del festín. Todos comenzaron a
comer aunque sin poder despegar los ojos de la Dama Blanca, y Legolas, por
supuesto , no era la excepción.
Al
término del banquete (Legolas no había podido comer absolutamente nada, y le
costó bastante convencer a su amigo Glorfindel que no se encontraba enfermo)
Elrond se paró de su asiento provocando un silencio instantáneo y levantando
su copa dijo:
-
Quisiera
comenzar agradeciendo a todos por haber venido en este día tan especial, en que
por fin tengo a todos mis hijos reunidos – bajó la mirada hacia su izquierda
y luego volteó a su derecha - y en
especial... – volteó y tomó el hombro de su hija suavemente, invitándola a
levantarse – por el regreso de mi hija y futura reina Arialdnir –
Ella
se levantó y tomó graciosamente su copa y la levantó encima de la mesa
–
Alma!
- **salud!** una suave, dulce, hermosa pero firme voz resonó.
Llevó
la copa a sus labios y todos la imitaron gritando ¡Aiya,
Dama Blanca! **Salve, Dama Blanca!**
Legolas
pudo jurar que por un momento la mirada de la Dama se fijó en la de él .
Terminado
el almuerzo, se levantaron y se dirigieron hacia el interior del palacio donde
continuaría la fiesta. Elrond tomó a Arialdnir y entraron seguidos por
Ellendan y Elrohir. Arwen se retrasó un poco, esperando a Legolas.
-
Joven
rey! Mi esposo estará tan feliz de encontrarlo aquí! tenía muchos asuntos que
tratar con usted... –
-
Reina!
Por favor llámeme sólo Legolas – contestó enrojecido- por cierto, podría
preguntar por qué el rey Elessar no acudió a la reunión? – preguntó el
elfo, tendiéndole el brazo como invitación a escoltarla al palacio.
- Aceptaré llamarlo Legolas, si usted me llama Arwen y llama Aragorn a mi esposo – dijo Arwen con una sonrisa, mientras aceptaba la invitación de Legolas- él se enojaría mucho si se entera que un amigo tan cercano lo trata de usted. – Volteó y tomó el brazo de Legolas.
- Aragorn deseaba mucho venir, pero se le hizo imposible llegar a tiempo... debe llegar mañana antes de que el sol se oculte....
Un
pequeño y hermoso niño se les acercó dando vueltas a su alrededor.
-
Eldarion!
– exclamó Arwen
El
niño tomó la falda de su madre y la observó muy divertido, para luego fijar
su atención en Legolas. Legolas se arrodilló a la altura del niño y, con una
mirada muy dulce, le preguntó:
-Manen
natye, Eldarion? – ** como estas, Eldarion?**
El
pequeño lo observó y , entre risas, le dijo
-
Estoy
muy bien!! – dicho esto, se retiró corriendo a los jardines, seguido por tres
elfas (Legolas sospechó q eran las encargadas de cuidarlo)
-
Juro
que la mitad del tiempo no sé exactamente donde está... todo un aventurero
como su padre! – suspiró Arwen.
El
pequeño se parecía a su padre mucho mas que solo su carácter. Tenía el
cabello y sus ojos pero también el inconfundible brillo de su madre.
Llegaron
al salón y Arwen se despidió de Legolas con un ligero gesto y se acercó hacia
donde su hermana y su padre se encontraban.
El
salón se encontraba ricamente adornado (como cualquier estructura elfica, por
supuesto) , tenía muchas sillas alrededor y grupos de elfos cantando y
danzando. La Dama, su padre y sus hermanos se encontraban en el centro del salón
conversando y riendo. Legolas se quedó a la entrada, contemplando a la bella
Dama... cada vez que sentía que
sus miradas se cruzaban siempre alguien se ponía al medio, algunas veces algún
elfo que se presentaba ante ella (esto le causaba cierto enojo, aunque no sabía
exactamente por qué) o si no algún amigo que se acercaba para saludarlo.
Finalmente sintió que era el momento. Ella lo miraba, no cabía duda, y se iba
a acercar a ella cuando... su amigo Amaldir!! Se le acercó y se presentó!!
Legolas no podía creerlo... entretanto un grupo de elfas se le acercó (Legolas
también había llamado la atención de la concurrencia femenina) y le iniciaron
una conversación. Era agradable y las elfas eran muy bonitas, pero no como
ella... la Dama...Legolas dándose cuenta que seria totalmente imposible
acercarse a ella, se despidió gentilmente de las elfas y se excusó diciendo
que estaba muy cansado por su largo viaje... antes de retirarse dio una mirada
final al salón y vio que Arialdnir había llamado a su hermana a su lado y le
susurraba algo al oído a lo que Arwen sonrió y Legolas pudo jurar que miraban
al lugar donde él había estado antes.....
-
ah!
Es sólo mi imaginación que ve cosas donde no las hay! – se dijo y se retiró
a su cuarto.
Arialdnir
estaba muy feliz de haberse encontrado de nuevo con su padre y sus hermanos. Sabía
que en realidad no era su verdadera familia pero eso no importaba, ellos la habían
criado y había crecido junto a ellos... estaba tan feliz por haber regresado,
además no tardaría en ver de nuevo a su verdadero hermano, su sangre.... había
olvidado como era todo y lo estaba recordando poco a poco, hace mucho tiempo que
no estaba con gente de su raza (o
parte de su raza, al menos) sus hermanos y su padre le presentaron a mucha gente
y a muchos elfos y, aunque muchos de ellos eran muy guapos, todavía no había
conocido el que ella deseaba. Había uno en particular que llamó su atención
desde que lo vió en los jardines durante el almuerzo. Era un hermoso elfo,
alto, de piel blanca y suave como la luna y ojos azules como el más puro de los
mares. Llevaba una túnica plateada con finos bordados de plantas entrelazadas
la cual dejaba apreciar lo delgada de su contextura pero, aún así, daba una
apariencia de gran fortaleza. Lo vio entrar del brazo de su hermana y estuvo a
punto de acercarse a ella varias veces pero no pudo. Finalmente cuando creía
que él se acercaría un simpático elfo se le acercó. Ella trató de
despacharlo lo más rápido que pudo, sin tratar de ser grosera, pero cuando miró
de nuevo vio que él estaba conversando con tres jóvenes elfas lo cual le
desagradó. Al observar que él se retiraba, decidió preguntarle a su hermana
el nombre de aquel elfo.
-
El
joven rey, eh? Es Legolas – contestó Arwen mientras miraba al lugar donde él
había estado.
-
Así
que él es Legolas... – Arialdnir se despidió con un beso de su padre y se
retiró.
Arwen
la disculpó diciendo que se sentía muy cansada por las celebraciones ya que
ella no estaba acostumbrada. Siguió a su hermana con la mirada y exclamó para
ella “ puedo sentir el amor acercandóse...”
Legolas
se había dirigido a su cuarto y tomó su carcaj, su arco y sus flechas y se
dirigió al campo de entrenamiento. Había disparado apenas unas
tres flechas cuando pudo sentir que alguien se acercaba. Dejó sus cosas
en la mesa y, sin saber por qué, se escondió en unos arbustos debajo de un
gran árbol.
Arialdnir
había estado paseando por el palacio y no encontró a Legolas. Estaba aburrida
así que decidió ir al campo de entrenamiento. Al llegar notó en una mesa un
carcaj y un arco. Se acercó y tomó el arco y una flecha, se disponía a
disparar cuando escuchó un ruido. Algo
asustada volteó a todas partes hasta que divisó a un elfo rubio agachado al
pie de un gran roble, “así que queremos jugar, ah?” pensó, “entonces
jugaremos”, no pudo reprimir una ligera risa pero pronto recobró la
compostura y siguió con el mismo rostro serio de antes.
Legolas
creía que era un sueño. Había querido acercarse tanto a ella y ahora la tenía
ahí enfrente de sus ojos. Vio que ella tomó su arco y se disponía a disparar,
quiso acercarse un poco más y sin querer pisó una hoja seca. Esto al oído de
los humanos era imperceptible pero para un oído élfico equivalía a un grito.
Vio que ella se sobresaltó y comenzó a mirar en todas partes. Por un momento
creyó ver una risa pero al instante pensó que era su imaginación por que ya
no estaba ahí. El rostro serio pero bello estaba impasible. De pronto ella se
volteó “habrá pensado que era un animal del bosque, seguro” pensó Legolas
aliviado. En efecto, la Dama parecía no haberle dado importancia al asunto y
siguió jugueteando con el arco. Esta vez apuntaba en diferentes direcciones y
Legolas sintió que se fijaba
directamente en él. Esta vez estaba completamente seguro. Cuando Legolas pudo
reaccionar ya era muy tarde. Una flecha pasó zumbando por su oído izquierdo.
Legolas vio su hombro para ver si estaba herido y comprobó que la flecha había
pasado limpiamente encima de su hombro y había tomado una parte de su túnica
aprisionándolo contra el árbol. Regresó rápidamente la mirada pero la dama
ya no estaba ahí.
-
Creo
que tenemos un fisgón! – exclamó divertida Arialdnir, que ahora se
encontraba parada al lado del elfo.
Legolas
trató de ponerse en pie pero cayó al instante (había olvidado que aún un
pedazo de su túnica se sostenía al roble). Arialdnir se arrodilló al costado
de él y, provocando un gran sonrojo en elfo, se acercó lentamente. Legolas iba
a decir algo cuando vió que la dama sacaba gentilmente la flecha del árbol.
Palpó con sus finos dedos el pequeño orificio que había dejado la flecha en
el viejo roble y, murmurando algo, sacó un pequeño cofrecillo de plata con una
crema verdosa y la untó en el árbol.
-
Sabes?
En un tiempo estos no fueron sólo árboles, fueron criaturas parecidas a los
ents pero todos creen que duermen
ahora. Yo no lo creo. Aún sienten e incluso se pueden mover, si así lo desean
– dijo Arialdnir, mientras miraba dulcemente al viejo roble.
Recobrando
el sentido denuevo, Legolas se puso inmediatamente de pie
-
Dama
Blanca! Lo siento mucho , verá yo... aghh!! –
Legolas
cayó de nuevo al suelo. Una rama del roble le había hecho un corte en el
brazo.
-
Oh,
no! Pequeño árbol, viejo amigo, estoy segura que el rey no quiso hacerme daño
ni a ti! – se dirigió a Legolas- lo siento, supongo que sintió que debía
protegerme.
Tomó
otra vez un poco de crema del cofre y se acercó al brazo de Legolas. Abrió un
poco entre la rasgadura de su túnica y untó la crema en la herida. La piel de
Legolas era tan atrayente ...tomó un pañuelo de uno de sus bolsilllos. El pañuelo
era blanco y bordado delicadamente con hilos de oro. Envolvió el pañuelo en la
herida de Legolas.
-
Bueno,
estoy segura que para mañana ya se encontrará bien – dijo, mientras se
levantaba.
Legolas
se levantó con ella y pudo percibir su exquisito aroma.
-
Bueno,
rey... –
-
Por
favor. Me honraría mucho si me tratara de “tu” y si me llamara sólo
Legolas, mi Bella Dama Blanca Arialdnir...- interrumpió Legolas – después de
todo, la futura reina de los elfos no puede tratar así a su fiel servidor –
dijo con una pícara sonrisa.
Arialdnir
rió.
-
Entonces
le llamaré Legolas y le trataré de “tú” si usted me trata con las mismas
condiciones y me llama por ni nombre, Arialdnir – agregó divertida – además,
yo todavía no soy reina, en cambio “tú “ si eres rey...-
Caminaron
y conversaron todo el resto de la tarde, hasta que el sol se ocultó y una
hermosa luna salía.
-
Será
mejor que regresemos, la escoltaré a su dormitorio – dijo Legolas.
Se
dirigieron hacia la sala oeste del palacio, donde se encontraban las
habitaciones de los señores de la casa. Legolas dejó a Arialdnir delante de
una puerta blanca cuidadosamente labrada .
-
Lisse
Oloori,
Legolas
* dulces sueños, Legolas*
-
Lisse
Oloori, Arialdnir *
dulces sueños, Arialdnir*
Legolas se dio media vuelta y se dirigió a su cuarto. Presentía que esta noche tendría un sueño muy placentero....
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