por Eala
CAPITULO
III : Revelaciones
Legolas se despertó muy temprano, se levantó se puso sus ropas rutinarias y se dirigió al cuarto de baño que estaba dentro de su cuarto. Tomó una bandeja de plata y vertió agua en ella. Se aseó el rostro y después se inspeccionó el brazo. Desató con dulzura el pañuelo que Arialdnir le había puesto en el brazo y observó que en ves de la herida que se había hecho ayer, había una imperceptible cicatriz. Lavó cuidadosamente el pañuelo y se acercó al balcón donde tendió el pañuelo en la baranda. “Es realmente una hermosa mañana “ pensó mientras tomaba un gran sorbo de aire. Los rayos del sol empezaban a salir pero aún así el viento soplaba muy fuerte. Legolas se recostó un rato sobre la cómoda cama y empezó a recordar lo que había pasado el día anterior. Le parecía como si todo hubiera sido producto de su imaginación pero sabía que no lo era, en verdad había pasado. Había pasado la tarde con La Dama Blanca, Arialdnir, como ella le había pedido que la llamara. Conversaron sobre todo, sobre la preparación de ella junto con Galadriel e incluso le dijo que era verdad que había recibido instrucciones de Mithrandir, de hecho, él había sido encargado de su cuidado cuando ella era sólo una pequeña, mucho antes de la guerra del anillo.
-
Es
un mago asombroso, en realidad – dijo Arialdnir – su presencia y su poder
son tan fuertes, que inspiran gran respeto; es una gran persona con un aire de
nobleza, muchas personas se sienten increíblemente intimidadas ante semejante
ser.... pero yo pasé mucho tiempo de mi infancia y de mi juventud a su lado que
a veces sólo lo veo como un anciano renegón y muy terco!! – dijo entre
risas.
Legolas
comprendió lo que ella quería decir, en cierta forma. Recordaba como Gandalf
había regañado muchas veces a Pippin o a Merry (merecidamente, por supuesto),
a los ojos de un extraño, el gran mago sólo hubiera parecido un amargado
guardián al cuidado de insensatos niños en esos instantes. Aunque Legolas
comprendió también la increíble confianza que Arialdnir debía tener con el
mago para referirse de esa manera....
Legolas
salió bruscamente de sus recuerdos y se levantó de la cama. Se dirigió al
balcón y comprobó que el pañuelo se encontraba totalmente seco, lo dobló y
lo metió en uno de sus bolsillos y salió del cuarto.
Saludó
a unos cuantos amigos y se dirigió a los jardines. Los toldos ya habían sido
retirados y pudo ver que esta noche habría una gran recepción en el gran salón,
en la parte central del palacio. Pudo observar como otra vez, innumerables elfos
corrían de un lado a otro llevando infinidad de adornos. Pudo observar a Elrond
en uno de los pasillos, dando indicaciones a un grupo de elfos que llevaban unos
pequeños maceteros con hermosas flores violetas.
Elrond
vió a Legolas y lo llamó.
-
Ah!
Pero si es el joven Legolas!!! – dijo con una
sonrisa algo extraña – espero que haya disfrutado el almuerzo de ayer
– agregó dirigiendo una mirada inquisitiva al elfo.
Elrond
no era un tonto y, aunque es esos días se encontraba extremadamente atareado, aún
se daba cuenta de lo que sucedía. Notó las miradas furtivas que Arialdnir y
Legolas se dirigían y también se las había arreglado para ver al elfo que
acompañó a su hija a su dormitorio la noche anterior, y no podía estar más
complacido. Sabía que Legolas era un gran elfo y no esperaba a nadie mejor para
acompañar a su hija, además sabía que contaría con la aprobación de todos
sus hermanos....
Legolas se sintió extrañamente incómodo. Se dio cuenta que Elrond ya no le decía “rey” (lo que le causó gran alivio, ya se estaba acostumbrando a que los demás lo llamaran así; después de todo era rey, pero tener que soportar que sus amigos y, peor aún, alguien del status de Elrond le dijera “rey” era terrible y, además, sentía que si decía tan sólo una vez más a alguien que lo llame sólo por su nombre se vería obligado a renunciar al trono y llevar un cartel que diga “ya no soy rey, por favor llámenme Legolas”) pero lo que incomodó al elfo fue la manera en que lo miraba.... era como si supiera algo...
-
Bu..bu...buenos
días, gran señor - titubeó Legolas. ¿Acaso Elrond sabría que él había
pasado la tarde con Arialdnir? Pensó.
-
Espero
que mi hija no le haya causado muchos problemas ayer –
Este
comentario respondió inmediatamente la pregunta de Legolas.
-
Yo,
yo.... – murmuró un pasmado y pálido Legolas
-
Bueno,
si me disculpa debo ir a ver los asuntos del baile de esta noche – le respondió
Elrond con un rostro muy serio.
Legolas
sintió que se desmayaría, si hubiera podido (se encontraba totalmente
petrificado) hubiera salido
corriendo en ese preciso instante.
-
ah!
Por cierto....mi hija se encuentra en los jardines de atrás, ¿podría ver si
es que necesita algo? – giró el rostro hacia Legolas, tenía una sonrisa y
una expresión sumamente divertida.
Legolas
sintió que la sangre volvía a fluir y que sus mejillas lentamente iban
recuperando el color.
-
A
sus órdenes , señor – respondió sonriendo
Legolas, definitivamente mas relajado y también muy divertido.
Elrond volvió hacia los elfos que lo esperaban y les indicó que lo siguieran al interior del salón.
Legolas
se dirigió a los jardines de atrás. Eran como los jardines principales, pero
el bosque que los rodeaba era algo
más pequeño. Allí en el centro, al costado de una hermosa estatua de Elbereth,
se encontraba Arialdnir. Estaba sentada en una de las bancas principales y llevaba
al pequeño Eldarion en su regazo. El niño jugaba con el dije de la gargantilla
de Arialdnir, al ver a Legolas, el pequeño miró a la joven dama y, riendo muy
divertido, saltó al encuentro de Legolas. El elfo tomó al pequeño en sus
brazos y lo alzó encima de su cabeza. Arwen tenía razón, el pequeño sería
un gran guerrero.
Arialdnir
observaba la escena con un rostro muy dulce, le encantaba ver ese lado tan
paternal de Legolas. Legolas puso al pequeño de nuevo en el suelo, y el niño
corrió hacia el palacio (siempre riendo) y seguido de tres elfas (las niñeras
que Legolas había visto en el almuerzo, habían estado esperando junto al
portal, atentas a cualquier movimiento del pequeño príncipe), una vez
desaparecidos ya, Legolas se acercó a la Dama, quien lo esperaba parada al
costado de la banca. Ella llevaba un vestido celeste pálido y los hermosos
cabellos sueltos cayendo en sus hombros. Se veía muy hermosa.
-
Aiya,
Arialdnir-
-
Aiya,
Legolas –
-
Su
padre me encomendó preguntarle si se encontraba bien...necesita algo? –
-
No
gracias, estoy muy bien – respondió Arialdnir, un poco extrañada por el
comentario de Legolas.... acaso él había hablado con Elrond?
Legolas
se quedó ahí parado, contemplándola. Arialdnir también hizo lo suyo, por
supuesto. Legolas llevaba un traje verde (el verde le caía realmente muy bien)
(de hecho, cualquier color le caía muy bien) sus cabellos color oro , aún un
poco húmedos, eran iluminados por el sol saliente y le daban un brillo
especial, aunque, Arialdnir presentía que no sólo era el cabello lo que lo hacía
brillar de esa manera..... ella había conocido a elfos muy brillantes, pero
ninguno con ese color.... era tan especial.... la sola presencia del elfo
emanaba bondad y dulzura pero al mismo tiempo una increíble fortaleza... muy
pocas veces ella se sentía tan segura como se sentía con él, sentía que
llevaba una eternidad con él y sin embargo, tan sólo había pasado un día.
-
Es
cierto! – exclamó Legolas rompiendo el silencio.
-
Ah?
– exclamó Arialdnir, como saliendo de un trance.
Legolas,
sacando algo de su bolsillo, se acercó a Arialdnir.
-
Muchas
gracias – le dijo tendiéndole el pañuelo blanco doblado.
Arialdnir
recibió el pañuelo, se había olvidado por completo lo que había pasado el día
anterior.
-
Es
verdad! Que tonta soy, lo olvidé, ¿manen natye?
– **¿como estas?** dijo Arialdnir, acercandose al hombro de Legolas.
-
Me
encuentro muy bien... sus cuidados me restablecieron completamente... pero ....
quisiera pedirle un favor..... – estas últimas palabras lo dijo poniendose
serio.
Arialdnir
volteó el rostro hacia Legolas y él la miró directamente a los ojos.
-
Si?
– dijo, algo confundida.
-
Le
pediría, por favor, que no se refiera a usted como tonta, y menos por mi
culpa.... – se acercó un poco más – no me gustaría que piense eso de
usted cuando perfectamente sabe que no lo es....
Arialdnir
sentía como la sangre subía a sus mejillas, percatándose lo cerca que sus
rostros se encontraban.
-
Sólo
fue una expresión, es que aveces soy descuidada todos me lo dicen, verás
yo..... –
Legolas
se volvió un poco más serio.
-
Todos?
Yo mismo traspasaría con una flecha a cualquiera que le falte el respeto de esa
manera!! – el rostro de Legolas mostró una sonrisa muy juguetona – si no le
parece muy atrevido de mi parte, yo no permitiría nunca que nadie la tratara de
esa forma, no a una Dama tan hermosa como usted...
Arialdnir
sentía que le daría un ataque. Tenía al más hermoso de los elfos a escasos
centímetros de ella diciéndole lo hermosa que era y como defendería su honor
sin importar que!! .... sabía que la más roja de las rosas se vería
totalmente blanca al costado de su cara... estaba tan avergonzada y.... feliz?
-
Vamos!
No exageres! Además otra vez me estás tratando de usted...- dijo
volteando la cara y regresando rápidamente al lugar donde estaba.
-
Es
verdad, lo siento Arialdnir – Legolas se había dado cuenta del enrojecimiento
de la princesa, y se encontraba realmente divertido con la situación.
-
Pero...
es verdad que te defendería sin importar nada... – dijo pícaramente,
provocando un nuevo enrojecimiento en Arialdnir quien apenas había logrado
volver a la normalidad.
-
Ggrracias...-
dijo torpemente Arialdnir – Te importaría acompañarme a dar un paseo por el
bosque?- dijo, tratando de romper
un poco la tensión.
-
Me
encantaría – dijo Legolas, tendiéndole el brazo a Arialdnir.
Para
alivio de Arialdnir, todo continuó normal después de eso. Habían paseado por
el bosque y conversaban amenamente como ayer.
-
Así
que viviste un tiempo con Mithrandir? – preguntó Legolas.
-
Pues
sí, verás, cuando era chica durante un tiempo Gandalf fue encargado de mi
cuidado...me enseñó muchas cosas pero tengo que admitir que yo fui la culpable
de que muchos de sus cabellos se volvieran blancos!! – dijo con una gran
sonrisa – siempre fui muy traviesa de niña y me encantaba escabullirme a
caminar por los bosques, el pobre Olórin me buscaba y siempre que me encontraba
me regañaba “Nunca llegaras a ser una reina, pequeña ”, corría y gritaba
por todos lados, aunque yo sabía que siempre se alegraba de verme bien, y eso
hacía que la rabia se le pasara muy pronto....-
-
Olórin?
– preguntó Legolas
-
Si!
Verás Olórin fue el nombre de Gandalf en su juventud. El me lo dijo una vez y
me gustó el nombre así que prefiero llamarlo así... creo que soy la única en
Tierra media que aun se refiere a él de esa manera!!
Arialdnir
se quedó un momento pensando, recordando..
-
Después
de haberme regañado – dijo –
se acercaba a mí al ver que me encontraba triste y lloraba;
pasaba sus manos por mis cabellos y sonriendo decía que debía que tener
cuidado, que todo estaba bien, pero debía ser cuidadosa... “el mundo está
lleno de tantos peligros, pequeña Clemmírë” – la tristeza inundaba los
ojos de Arialdnir – pequeña Clemmírë... siempre me llamó así....aún
después de todo.... –
Legolas
sabía que “Clemmírë” significaba “joya de la estrella” un nombre muy
apropiado para ella, pensó.
-
Veo
que lo querías mucho... – dijo Legolas.
-
Fue
como un abuelo para mí , como un segundo padre... bueno, tercero supongo... –
dijo Arialdnir con una sonrisa algo melancólica.
-
Es
cierto... disculpa que te pregunte esto – dijo Legolas poniendo su blanca mano
sobre el hombro de Arialdnir quedando frente a frente con ella – pero ¿sabes
quién fue tu verdadero padre? Sé que fue un gran rey humano de antaño, de la
dinastía de Dunédain pero...disculpa – dijo Legolas al notar que Arialdnir
se encontraba entre seria y un poco transtornada – pregunté demasiado, siéntete
totalmente libre de no responder... es sólo que....
-
No
te preocupes – respondió ella – es sólo que supuse que tú lo sabías pero
olvidé que has pasado cierto tiempo alejado, quizás Ada no te contó lo que
debía contarte.... o quizás no creyó que fuera el indicado... – dijo ella
algo pensativa...
-
Verás
Legolas....-
Arialdnir
se vió interrumpida por el sonido de unos caballos a lo lejos. Legolas la miró
y ambos corrieron en dirección de la puerta principal. Vieron
a cinco caballos, cuatro de ellos, marrones y sin duda del reino de Gondor,
tenían a unos elegantes caballeros en ellos (humanos, definitivamente) y
el último (de color blanco, mucho mas imponente y mas decorado que los otros)
se encontraba al costado de un caballero, un rey sin duda. Legolas sabía de
quien se trataba.
-
Ada!
Ada! - **padre, padre**
Eldarion
se acercó corriendo en dirección a Aragorn. Arwen se separó de los brazos de
su esposo (ella había corrido a abrazarlo apenas lo vio) para dar paso al pequeño
príncipe. Aragorn tomó a Eldarion y lo levantó sobre su cabeza. El pequeño,
visiblemente feliz, rodeó el cuello de su padre.
-
Pequeñuelo,
espero que no hayas causado problemas a tu madre en mi ausencia, ¿no? –
El
niño mostró una sonrisa de culpabilidad, Aragorn sonrió también.
Delicadamente bajó a su hijo de nuevo al suelo, y al instante, el pequeño
corrió a los brazos de su madre. Aragorn volteó su cabeza por todos lados,
como buscando a alguien.
Legolas
se había quedado ahí parado, observando a su viejo amigo. Los años no habían
pasado en vano, claro; pero, salvo a unas cuantas arrugas, el rey Elessar estaba
casi igual que la última vez que lo vio. Seguía conservando la misma mirada de
aquel montaraz errante y, al mismo tiempo, también encerraba al rey Aragorn
hijo del rey Arathorn, descendiente de Isildur. Legolas notó que Aragorn se
fijaba directamente en la dirección en que él y Arialdnir se encontraban, en
ese momento Legolas miró a Arialdnir. La hermosa elfa miraba al rey con una
gran alegría, de pronto, como no pudiendo reprimir un impulso, corrió en
dirección a Aragorn quien a su vez también corrió hacia ella con los brazos
extendidos. Ambos se abrazaron dejando muy confundido a Legolas. Suponía que
Aragorn debía conocer a Arialdnir, después de todo, era la hermana de Arwen,
pero aún así hasta hace poco la dama estaba en Lórien, además, la existencia
y el paradero de la dama fue un secreto que se reveló mucho después de la
destrucción del anillo así que no debía de haber pasado mucho tiempo con ella
ya que, aunque Arwen visitara a Arialdnir, Aragorn debía permanecer en Gondor....
¿o acaso había alguna razón para que Aragorn supiera de Arialdnir mucho antes
de esto? ¿habría algún motivo para que viajara a Lorién dejando su reino sólo
para visitar a la dama?
La
escena de ambos abrazados provocaba en Legolas algo más que curiosidad. Le
provocaba un sentimiento raro en el estómago. Arwen estaba realmente feliz al
contemplar el encuentro de Aragorn y Arialdnir, pero Legolas.....acaso sentía
¿celos?....
Al
fin, Aragorn se separó de Arialdnir.
-
Ela!
- ** contemplad!** dijo Aragorn.
En
ese momento, los caballeros (quienes apenas vieron a su reina Arwen bajaron de
los caballos rindiéndole sus reverencias), caminaron hacia la Dama e inclinándose
en una de sus rodillas, desenvainaron espadas en respeto a la Dama, como sólo
hacían en ocasiones muy especiales.
-
Elen!
- **estrella!** exclamó uno de ellos mirando completamente maravillado a
Arialdnir.
La
dama se acercó a los caballeros saludándoles con un ligero de cabeza.
-
Pero
donde está Legolas? – exclamó Aragorn mirando alrededor.
Legolas
se acercó a Aragorn (después de todo los elfos pueden pasar desapercibidos si
así lo desean).
-
Rey
Elessar! – exclamó Legolas.
-
Oh
mi buen elfo! Amigo Legolas bien sabes que siempre seré Aragorn para cualquier
miembro de la compañía, a menos que sea un hobbit, claro, entonces solo
responderé al nombre de Trancos!! ¿O es q acaso deseas que te llame Rey del
Bosque Negro? –
-
Por
Elbereth! Eru no lo permita! – exclamó divertido Legolas.
Los
dos amigos se abrazaron y Legolas olvidó inmediatamente todo sentimiento de
recelo que alguna vez había tenido a su amigo.
Arialdnir
sonreía y entonces se percató que los caballeros aún seguían en cuclillas
con las espadas en alto.
-
Levántense,
queridos caballeros, agradezco sus respetos, mas aún les pido que los guarden
para su reina dado que yo aún no los merezco –
-
Su
belleza la hace totalmente merecedora de todos nuestros honores y muchos más-
respondió el mismo caballero que había hablado antes.
Aragorn
y Legolas dirigieron una severa mirada al joven. Arialdnir en cambio respondió
con una sonrisa cortés tratando de disimular lo tremendamente incómoda que se
sentía por el comentario. Por un momento el ambiente se volvió algo tenso.
-
Bueno,
creo que ambos reyes tienen mucho de que conversar – dijo Arwen, rompiendo el
silencio con una sonrisa en los labios.
-
Es
cierto – dijo Elrond, quien se acercaba a la escena – pero me temo que tendrá
que esperar hasta después del almuerzo. Muchos invitados los esperan.
Aragorn
se acercó a Elrond quien puso una mano en su hombro, en señal de saludo. En
seguida, todos se dirigieron a los jardines a almorzar. Legolas acompañaba a
Arialdnir quien se veía realmente feliz, detrás de Aragorn, Arwen y Eldarion y
seguidos por los caballeros.
La
distribución de las mesas en los jardines era parecida al día anterior aunque
el decorado era diferente. Todas las mesas llevaban colores verdes y la mesa
principal tenía en el medio una estatuilla de un hombre sosteniendo una espada,
tallada en piedra élfica. Los invitados eran la mayor parte de los del día
anterior (por supuesto Glorfindel tambien estaba allí acompañando por los
hijos de Elrond). Cuando llegaron (sólo ellos faltaban) recibieron al Rey
Elessar con los respectivos saludos y respetos y, después de unas palabras de
Aragorn, todos procedieron a comer.
Legolas
se sentó al costado de Arialdnir y conversó con ella durante todo el almuerzo,
Legolas no podía estar más feliz. Después del almuerzo se retiraron a los
salones.
-
Aiya,
hermosa Dama Blanca –
-
Legolas!
Amigo! –
Glorfindel
se acercó a Legolas y Arialdnir, quien le devolvio el saludo.
-
Será mejor que los deje para que conversen tranquilos, espero verlos en
la recepción – dijo Arialdnir.
Arialdnir
se despidió de Legolas, dejando a los dos amigos. Legolas no podía sentirse más
miserable en ese momento.
Glorfindel contó a Legolas que había conocido a una hermosa dama elfa. Glorfindel le contó que era la joven Enria proveniente de las tierras de Lórien, uno de las acompañantes de la Dama Blanca durante su viaje. Legolas trató de escuchar y disimular su malhumor con su amigo, aunque este no tardó en darse cuenta.
-
Veo
que caí en descuido al separarte de la Dama..... parece que toda tu alegría se
fue con ella – le dijo Glorfindel, divertido.
-
Vamos,
Glorfindel! – dijo Legolas riendo.
En
ese momento un joven elfo se acercó a ellos.
-
Disculpe, Rey Legolas, el Rey Elessar y el Señor Elrond requieren su presencia
en el salón oeste -
-
Rey
Legolas, ya escuchó, su presencia es necesaria! – dijo Glorfindel quien
estaba empecinado en molestar a su amigo.
-
Veo
que tu alegría, en cambio, no se va .... habrá algún motivo? – dijo Legolas
mientras veía que la joven Enria se acercaba.
Legolas
se retiró riéndose viendo como la cara de su amigo enrojecía.
Legolas
fue conducido por el joven elfo al salón oeste. El joven lo dejó en la puerta
y se retiró. Legolas estaba a punto de entrar cuando las puertas se abrieron.
-
¡¿Por
qué no comprenden?! – dijo Arialdnir visiblemente enfadada y dirigiéndose a
la puerta – Sólo lograran atraer más peligros a Imladris!
Dicho
esto Arialdnir salió del salón.
-
Legolas?
– dijo Arialdnir – hmm lo siento, debo irme – le dijo mientras se retiraba
rápidamente hacia los salones principales. Arwen salió también del salón
siguiendo a su hermana
Legolas
entró sumamente confundido al salón. Era el mismo salón en que Legolas había
hablado con Elrond cuando llegó a Rivendel. Aragorn estaba sentado en una banca
en el lado opuesto y Elrond estaba de pie mirando a la chimenea.
Legolas
estaba más confundido que nunca. ¿Por qué Arialdnir estaba tan enojada? Además
sabía que ella no loe habría hablado nunca así a Aragorn a menos que le
tuviera una gran confianza.
-
Ah!
Bueno.... – dijo Aragorn poniéndose en pie – Creo que no hace falta rodeos,
será mejor que hablemos de una vez, temo, amigo mío, que debemos confirmar
ciertos nefastos rumores... – dijo dririgiéndose a Legolas.
Legolas
se sentó en la banca frente a Aragorn. ¿rumores? Es cierto!! Con tantas cosas
Legolas había olvidado el verdadero motivo de su visita a Rivendel!
-
El
ataque de los orcos! Los rumores del...– exclamó como si de pronto hubiera
despertado de un sueño.
Elrond
permanecía impávido, mirando fijamente la llama de la chimenea.
-
Si,
compañero – dijo Aragorn interrumpiendo – Saruman otra vez recuperó su
poder.
Esto
le cayó como un balde de agua al joven rey elfo. Había muchos rumores en
Tierra Media que los repentinos ataques de orcos se debían a que Saruman se había
restablecido, había recuperado sus poderes por algún medio oscuro aún
latente, y que se encontraba dispuesto a seguir las tareas del Señor Oscuro
pero esta vez teniendo como único amo y señor a él mismo.
-
Tratamos
de pensar que no era así – dijo Legolas mientras se ponía de pie – mi
pueblo trataba de dar una explicación a estos nuevos ataques, después de todo,
los ataques no fueron muy importantes. Quería regresar a mi pueblo con la
noticia de que eran sólo algunos uruk-hais que habían sobrevivido a la guerra
y que erraban por la tierra buscando a su señor desaparecido, aunque en mi
corazón sentía que no sería así... – al decir esto, Legolas tomó un
repentino aire nobleza, tomó la actitud de un rey.
Aragorn
se dio cuenta de esto. Su amigo también tenía un pueblo que cuidar, el también
era un rey. Dirigió una sonrisa a su amigo.
-
Buen
Legolas sabía que llegarías a ser un buen gobernante – dijo Aragorn – creo
que en cierta forma nos comprendimos mucho ya que ambos rechazamos en cierto
punto un destino que nos estaba preparado, temíamos equivocarnos. Dichosos
estos tiempos en que nos reunimos no sólo como amigos, sino como dos reyes que
discuten el destino de sus pueblos – continuo - ¿Qué decisión crees que
debemos tomar, Rey Legolas hijo de Thraundil?
-
Creo
mi buen amigo – dijo Legolas mirando a Aragorn – que la decisión en esta
futura guerra decae más fuerte en tus hombros que en los míos, o, en todo
caso, en los hombros de los más poderosos, los más entendidos. Mi voz sólo
alcanza al pueblo del Bosque Negro mientras que tu querido Rey Aragorn hijo de
Arathorn, hablas en nombre de toda tu raza –
Aragorn
se puso en un tono más serio.
-
mejor
que un miembro de La Comunidad del Anillo, un participante directo de la guerra
contra Sauron, un héroe de la legendaria guerra que seguirá siendo contada
mucho tiempo después que nuestros más lejanos herederos hayan abandonado este
mundo.... además te equivocas en mi responsabilidad en esto. La vida de diez
vale tanto como la vida de mil tu papel en esto es tan fuerte como el mío, en
todo caso, lo que si podría decir es que quizás deberíamos haber llamado a
los representantes de los enanos y lo hobbits, por supuesto, pero como los
ataques sólo se concentran en los pueblos humanos y de los elfos, creí
conveniente dejar a estas razas disfrutar su tiempo de paz y no arrastrarlas a
una guerra que bien puede ser detenida antes de que siquiera empiece.
-
Tienes razón en esto... aunque los pueblos de los hobbits y de los
enanos siguen siendo muy fuertes no podrían soportar aún una guerra. Los
hobbits se dieron a conocer gracias a Frodo y al anillo y creo que a pesar de su
increíble fortaleza, la que demostraron muchas veces, en realidad esta gente
pequeña no fue preparada para pelear. Los enanos sufrieron grandes bajas en la
guerra del anillo y se recuperaron lentamente, aunque ahora el pueblo volvió a
renacer, hace mucho ya que sus jóvenes utilizan sus hachas sólo para crear y
no para destruir. Más, amigo, debo decir que mi intervención no quiso decir
que menospreciara la vida de mi pueblo. Por Elbereth que yo daría mi vida para
salvar a un solo de ellos que como para salvar a cientos, lo que quería
decir era que hace mucho ya que no dejo mi pueblo, excepto para venir a
Imladris, y no tengo muchas noticias sobre el estado de los otros pueblos élficos...
–
Aragorn
suspiró.
-
Bueno, mi pequeña Dama se encargó de avisarme de esto - dijo
Legolas
se asombró enormemente al escuchar a Aragorn referirse a Arialdnir de esa
manera. Aragorn se dio cuenta del asombro de Legolas.
-
¿Qué
sucede , Legolas ? –
-
Lo
siento - dijo algo avergonzado- es sólo que no sabía que eras tan cercano a la
Dama.
-
Cercano?
pero.... - Aragorn miró a Elrond.
Elrond
volteó saliendo de sus divagaciones.
-
Creí conveniente que tú le contaras sobre Arialdnir - dijo.
-
¿Contar? - dijo Legolas.
-
Hmm verás querido amigo - Aragorn se puso de pie y permaneció un tiempo
callado como eligiendo las palabras correctas.
-
Seguramente sabrás que la madre de Arialdnir fue una de las legendarias elfas,
Fësafel - dijo mirando al elfo - pero lo que supongo que no sabrás es que el
padre de Arialdnir fue el rey Arathorn.
Legolas
se sentó inmediatamente. No podía creerlo.
-
Pero tu padre.... - dijo Legolas.
-
Por favor, Elrond, relata la historia a Legolas ya que nadie mejor que usted
podría contarla tal como sucedió... - dijo Aragorn.
Elrond
contó la historia a Legolas.
Las
leyendas contaban que el padre de Aragorn, Arathorn, murió en una batalla
cuando apenas Aragorn tenía dos años de edad. Los hijos de Elrond habían
acompañando a su padre en esta batalla y trajeron la trágica noticia de la
muerte del joven rey, ya que sólo tenía sesenta años. Lo que no sabían, fue
el rey no había fallecido. Los hijos de Elrond vieron al padre de Aragorn caer
con una flecha de orco atravesando su ojo, y, a pesar que hicieron lo imposible
por rescatarlo, el cuerpo del rey se perdió en batalla. Después de una intensa
búsqueda tuvieron que partir pensando que los orcos se habían llevado el
cuerpo y llevando consigo sólo la corona del rey.
Lo
que no sabían era que en efecto los orcos lo habían llevado, más no como cadáver
sino como prisionero. Los orcos cayeron unas leguas más allá a manos de un
grupo de elfos de Lórien, quiénes inmediatamente se llevaron al rey a un
refugio secreto. El rey fue curado pero no recordaba de su pasado.
Desconociendo su verdadera vida y la existencia de su esposa Gilraen, la
madre de Aragorn, Arathorn conoció a Fësafel y ambos se enamoraron. Producto
de este amor nació Arialdnir. Pero Fësafel sabía que algo andaba mal. Ella
era la hermana de Galadriel, heredera al trono. Ella sentía en su corazón que
algo no estaba bien pero trataba de ocultar esa voz en su cabeza. Hasta que ya
no pudo más. La elfa tuvo un sueño
en el cual vio a Gilraen llorando por su esposo muerto y a su Hijo, Aragorn,
viajando a Rivendel. Fesafël nunca se perdonó esto, ella no era culpable pues
no sabía nada pero aún así temía que había sido egoísta y que su amor por
Arathorn la había cegado. Cierto día, Fësafel dijo a Arathorn que llevara a
Arialdnir al bosque. Se despidió con un gran abrazo de su hija y le besó la
frente. Ella se dirigió unas cascadas, y allí comenzó a escribir en unos
pergaminos. Hecho esto, colocó las hojas encima de una gran roca.
-
Oh, Elbereth!! Oh Gilthoniel!!! dejénme entregar mi vida y mis poderes para
poder enmendar este daño!! déjenme renunciar a esta vida inmortal y a este
legado que no merezco pues he sido egoísta!! Dejen que muera por amor!! - antes
de lanzarse dio un último suspiro - querida Arialdnir, discúlpame -
Dicho
esto se lanzó a las cascadas y pereció y con ella pereció el poder para
derrotar al poder oscuro.
Arathorn
caminó a la cascada arrastrado por su hija que lloraba sintiendo que algo
pasaba. Tomó el pergamino y leyó:
"
Melamin **amado mío** no puedo con esta carga. Tu identidad no es mas secreta
para mí. Eres el rey Arathorn descendiente de Elendil, y tu vida se encuentra
en el mundo de los hombres. Caíste en batalla y te dieron por muerto, de esto
no hace ya mucho. Tu hijo Aragorn fue enviado a Rivendel con Elrond donde vive
su madre, Gilraen. Por favor, regresa con ellos y lleva a Arialdnir contigo. Que
mi pequeña no pague los errores de su madre. Me voy porque no puedo soportar el
dolor de haberte ocasionado daño aún sin quererlo y no podría verte partir
lejos. Regresa a tu hijo rey de Gondor, y olvídate de mí..."
Arathorn
de pronto recordó todo. En seguida organizó una búsqueda y localizaron el
cuerpo de Fësafel. Galadriel llegó en seguida, había sentido la muerte de su
hermana. Dieron sepultura a Fësafel y se arregló todo para la partida de
Arathorn, pero, en ese instante, un ataque de los orcos los tomó por sorpresa.
Arialdnir había corrido hacia el bosque cuando un orco se acercó a ella y
disparó una flecha, la pequeña cerró los ojos esperando el impacto de la
zaeta, el cual nunca llegó. Su padre se había puesto delante de ella, y con su espada mató al orco, más no pudo evitar la mortal
herida.
-
Oh, Galadriel!! encargate de mi pequeña y vela por ella, llévala donde Gilroen
y explica lo sucedido....pero cuidala!! el enemigo no debe saber su existencia
ya que ella es la heredera de los poderes de Fësafel, la única con el poder
suficiente... pero es aún una niña y no podrá con la terrible carga...-
Dicho
esto le dio un beso en la frente a su pequeña y falleció. El rey fue enterrado
en las tierras Eriador, hogar de su esposa Gilraen, donde muchos años después
ella también fue enterrada.
Galadriel
llevó a Arialdnir a Rivendel con su hijo Elrond y la reina Gilraen. Juntos
decidieron que sería mejor que permanezca un tiempo con ellos y después,
terminada la guerra, fuera a Lórien donde se preparía a cargo de Galadriel.
También decidieron que era lo mejor que el pequeño Aragorn no supiera nada de
su hermana, sería peligroso para ambos.
-
La pequeña no tiene culpa de nada.... jugarretas que nos depara el destino! -
Así
fue como Arialdnir, desconocida por el mundo, compartió un tiempo con su
hermano sin ninguno de los pequeños saber nada, a cargo de Elrond quien se
comportó como un padre para los dos pequeños, hasta que ella fue llevada a Lórien.
Legolas
estaba en verdad sorprendido. Después de escuchar el relato Aragorn, con
profunda melancolía en los ojos, dijo lo siguiente.
-
Sé que mi madre nunca tuvo ningún resentimiento a Arialdnir, es más, la llegó
a querer inmensamente, aunque
siempre sintió en su alma el dolor por lo ocurrido con mi padre, lo cual me dejó
ver cuando antes de morir me dijo:
"
Onen i-Estel Edain, ú-chebin estel anim"
**"Di
Esperanza a los Dúnedain, y no he conservado ninguna para mí" **
- Cuando me enteré de la verdad no fue gran sorpresa
para mí...-continuo- conocí a
Arialdnir tiempo después de
acabada la guerra de Sauron, y siempre sentí que algo increíblemente fuerte me
unía a ella. "La sangre llama a la sangre" dicen -
Legolas
estaba visiblemente sorprendido. Esto explicaba absolutamente todo. Ahora
comprendía lo estúpido que había sido al tener celos de su amigo, aunque no
se equivocó en pensar que aquellos dos tenían una conexión, eran hermanos.
-
Pues esto aclara muchas de mis dudas, debo confesar - dijo Legolas - más, si es
cierto esto, quiere decir que el ataque de Saruman se concentra en.... -
-
Si, busca a Arialdnir - dijo Aragorn - Mi decisión es combatir a Saruman,
quiero partir con un ejército a buscarlo y combatirlo, verás, hay un pueblo a
pocas leguas de aquí donde un ejército mío espera. Mandé reunirse allí a
los grandes guerreros humanos y élficos y estaran allí en una semana, el
pueblo está en el valle cerca del mar de Rhun, después de la guerra muchos
pueblos sin jefes se establecieron allí formando un hermoso reino...debo llegar
ahí y después partiremos en busca de Saruman...esperaba contar con tu
presencia Legolas... -
-
Claro! no podría hacer menos que acompañaros.... pero, entonces es cierto, la
Dama está en gran peligro! - exclamó alarmado Legolas.
-
Sí, ella deseaba acompañarme al reino de Rhun pero yo me rehusé... aunque
debo admitir que ella tiene razón. Si las fuerzas de Saruman la buscaran no
dudaran en venir aquí y el ejército no podrá aguantar un ataque tan fuerte. -
contestó Aragorn.
-
Pero debe haber otra solución... además sería peligroso para ella estar
rodeada de batallas con orcos... -
-
Oh , los orcos no me preocupan! - dijo Aragorn- Arialdnir es muy fuerte y maneja
el arco y la espada espléndidamente, no estaría menos segura en una batalla
que tú o yo... lo que me preocupa -
-
Cuando algo es puro no imaginas el daño que puede causar la oscuridad... - dijo
Elrond rompiendo su silencio.
Legolas
se extrañó un poco por estas palabras.
-
En fin, ella deberá venir con nosotros - dijo Aragorn dirigiendose a Elrond- no
estará más segura aquí que en cualquier otra parte, además tarde o temprano
ellos vendrán... no podremos arriesgar las vidas de los que aquí se encuentran
-
-
Lo sé... - la tristeza inundaba los ojos de Elrond - entonces ella irá!! mi
pequeña Arial irá!! estará
segura contigo y si la decisión está ya tomada, en vano permanecemos aquí..-
-
Tienes razón, será mejor que regresemos la fiesta en el salón está pronta a
comenzar y debemos alegrarnos por última vez antes de partir de nuevo a donde
nos conduce esta vez el destino... - esta vez se dirigió a Legolas - será
mejor que vayas y te refresques un poco pobre Legolas!! las impresiones han sido
muchas puedo ver!! - dijo con una gran sonrisa mirando a su amigo.
-
Creo que tienes razón -dijo Legolas - partiré a mi cuarto, con su permiso señor
Elrond, me refrescaré y cambiaré de ropas y los encontraré en el salón.
-
Puede partir, joven Legolas - dijo Elrond - más no demore, lo esperaremos.
-
Nos encontraremos allí entonces amigo - dijo Aragorn.
Arialdnir
estaba enfandada. Su hermana Arwen le había dicho que se tranquilice, qiue la
decisión de Aragorn no era definitiva aún pero no había logrado clamar a su
hermana. Finalmente la dejó, le dijo que debía arreglarse para baile.
Arialdnir
no tenía en realidad muchas ganas de ir. Se recostó en su cama y se puso a
pensar. Se paró para buscar un vestido y sintió que algo se le cayó. era su
pañuelo, el que Legolas le había devuelto en la mañana. Lo recogió, el pañuelo
estaba impecable y tenía un olor exquisito, olía a él, a Legolas. Recordó
que Legolas iría al baile así que rápidamente se cambio y se dirigió al salón.
Legolas
se sentía extraño. Se dirigió a su cuarto y se dirigió directamente al
cuarto de baño. Tomó un baño de agua fría y asimiló todo lo que había
escuchado.
Secó
su cuerpo y sus cabellos y se puso una túnica muy elegante color verde claro.
Se veía realmente muy bien. Se perfumó y se dirigió a la puerta. El baño
realmente lo había relajado mucho y le había despejado la mente.
Salió
del cuarto y se dirigió al salón.
La
idea de que Arialdnir iba a ir con ellos al reino de Rhun lo emocionaba y lo
asustaba. Por un lado viajaría con ella, lo cual no lo podía hacer más feliz,
pero temía por ella. Temía que algo le sucediera. Sabía que ella era
efectivamente muy buena con el arco (se lo había comprobado en el jardín ayer,
cualquier otro no hubiera podido realizar tan certero tiro) y aunque no la había
manejando una espada no dudaba que era muy buena en ello, miles de veces
mientras caminaban ella realizaba ágiles movimientos lo que le hacía pensar
que era tan sólo una reina, si no también, una guerrera.
Legolas
se dió cuenta que ya iba llegar al salón. El sol se había ocultado hace mucho
ya, y los invitados aún llegaban al salón. Legolas se encontró con las elfas
que se le acercaron el día anterior, y las saludó gentilmente, arracando
suspiros entre las damas.
Legolas
entró al salón. Estaba adornado bellamente y múltiples parejas bailaban en el
centro. Buscó por todos lados hasta que la encontró. Arialdnir llevaba un
vestido de tul color azul. Estaba radiante. Cada vez que el creía que ella no
podría verse más hermosa, ella siempre lo sorprendía. Sus cabellos iban
recogidos en un ligero moño que dejaba caer mechones en sus hombros. Elrond y
sus hijos conversaban y disfrutaban. Arwen y Aragorn también se encontraban allí.
Se dió cuenta que un remolino de elfos se formaba alrededor de Arialdnir y se
dio cuenta qué sucedía, querían bailar con ella. Un elfo muy elegante se
acercó, adelantandose a todos, y se presentó ante Elrond piddiendo permiso
para bailar con su hija. Elrond le concedió el gesto, y Arialdnir (algo incómoda,
por cierto) aceptó bailar con el elfo. Sus movimientos eran delicados y
hermosos. Todos la contemplaban. Muchos siguieron después de aquel baile. Los
celos (ahora estaba seguro) carcomían a Legolas y vió que no era el único.
Aragorn miraba fijamente a cada elfo que se acercaba a su hermana y parecía que
en cualquier momento saltaría sobre alguno que miraba a Arialdnir en forma
"no apropiada".
Legolas
no soportaba más. Sabía que esa vez tampoco podría acercarse a Arialdnir y ya
no podía seguir mirándola bailar con otros. Volteó y se dirigió al jardín,
se sentó en una banca y alejada contemplando la hermosa luna.
Aragorn
estaba comenzando a impacientarse. Elrond se había retirado hace poco a
descansar dejándole con el trabajo de velar por Arialdnir. Aragorn sabía que
mañana partiría y deseaba pasar algún tiempo con Arwen pero no podría dejar
a su hermana con esos elfos. De pronto un elfo se acercó a Arialdnir y la tomó
por la cintura, Aragorn dió un paso adelante e inmediatamente frenó. Arwen
puso una mano en su hombro y lo miró sonriente. Aragorn tuvo que retroceder y
resignarse a mirar de un extremo. Finalmente le dijo a Arwen que vilgilara a
Arial que él saldría un momento a tomar un poco de aire.
Aragorn
salió y suspiró mirando la luna. Deseaba tener a su bella Undómiel (Arwen
también era llamada así, lo que significa "estrella de la tarde")
en sus brazos pero no dejaría a su hermana sin protección. Con Ellendan
y Elrohir (hermanos de Arwen) no podría contar pues ellos estaban bailando con
unas hermosas elfas y no quería interrumpir. Pero quien podría.... de pronto
Aragorn vio la solución de sus problemas ahí, en frente de él, sentado en una
banca.
-
¿Cómo lo pensé antes? - se dijo y corrió hacia su salvación.
Legolas
pensaba en la luna y en Arialdnir. Sentía que guardaba un gran sentimiento por
la dama pero ¿sería algo más que eso? ¿sería..... el amor?
-
Legolas! legolas! Al fin te encuentro! - dijo Aragorn, corriendo en dirección
al elfo.
-
¿Es que acaso sucedió algo? - contestó Legolas, alertado.
-
Oh no, nada grave... pero necesito tu ayuda! ven conmigo! -
Aragorn
practicamente arrastró a Legolas al salón. Lo llevó hacia donde estaba antes
provocando una gran risa a Arwen.
-
Verás ... estoy un poco cansado y Arwen y yo querríamos retirarnos pero no
puedo dejar a Arial aquí sola!!! - dijo Aragorn mientras señalaba a su hermana
quien conversaba con un elfo - Ah! hay veces en que simplemente siento que si
tuviera mi espada... bueno, en fin, cuida de ella por mí -
-
Ah bueno yo... - Legolas comprendía q Aragorn se sintiera y nada lo haría más
feliz que estar con Arialdnir pero..